En el campo de
concentración de Auswichtz, el 18 de mayo de 1944 el doctor Josef Mengele fue avisado
por uno de sus asistentes de la llegada de un nuevo tren, y en concreto, de la
existencia de siete hermanos especiales en uno de los vagones. Cuando los llevaron a su presencia, fascinado por tener delante a toda una
familia liliputiense (*) para sus experimentos, ordenó que los instalaran en las barracas
de prisioneros escogidos. Elisabeth, una de los siete hermanos Ovitz, nunca olvidaría que visto de
cerca Mengele era un hombre apuesto al que se le iluminaron los ojos cuando tuvo delante el curioso conjunto. Y que muy excitado, declaró:
-Ahora tendré trabajo para
los próximos veinte años, ahora la ciencia tendrá un tema interesante a
considerar.
Y que tras pronunciar estas palabras, empezó a reír a carcajadas.
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| Otro recuerdo de los Ovitz |
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| The Liliputan Jazz Concert |
"NOS SALVAMOS GRACIAS AL DIABLO"
Publicado en Gaudí y Más. 19 de noviembre de 2016
Pero éstos se rebelaron contra la tradición y criaron a su hijo rodeado de cariño, proporcionándole instrucción y gracias a su carácter alegre y ser muy religioso empezó ganándose la vida como animador de las fiestas judías, y tras prepararse, ejercer como un respetado rabino. A pesar de sus 90 cms. de altura se casó dos veces con mujeres de altura corriente y tuvo diez hijos, de los que siete heredaron su anomalía. Estos siete, a los que enseñó música y canto, así como las técnicas oratorias de animación para espectáculos, formaron la Troupe The Liliputan con la que recorrieron buena parte del norte de Europa. Hablaban alemán, yidish, rumano y húngaro.
Precisamente encontrándose los Ovitz actuando en la Hungría invadida por los soldados alemanes el 19 de marzo de 1944, fueron detectados en el teatro de un pueblo por Adolf Heichman, llegado hasta allí siguiendo las consignas del Fhürer. Dos meses más tarde, como al resto de judíos de la zona, el 17 de mayo la familia de artistas fueron subidos a un camión que se dirigía a Auswichtz.
Para contar la odisea de la familia Ovitz hay que
remontarse a la figura del padre, Shimshon Eizik Ovitz, que había
nacido aquejado de enanismo en una familia judía ortodoxa de talla normal.
De haber seguido sus padres la tradición de su fe, Shimshon no hubiera
sobrevivido, ya que las leyes talmúdicas consideran las malformaciones un
castigo por los pecados de los padres.
Pero éstos se rebelaron contra la tradición y criaron a su hijo rodeado de cariño, proporcionándole instrucción y gracias a su carácter alegre y ser muy religioso empezó ganándose la vida como animador de las fiestas judías, y tras prepararse, ejercer como un respetado rabino. A pesar de sus 90 cms. de altura se casó dos veces con mujeres de altura corriente y tuvo diez hijos, de los que siete heredaron su anomalía. Estos siete, a los que enseñó música y canto, así como las técnicas oratorias de animación para espectáculos, formaron la Troupe The Liliputan con la que recorrieron buena parte del norte de Europa. Hablaban alemán, yidish, rumano y húngaro.
Precisamente encontrándose los Ovitz actuando en la Hungría invadida por los soldados alemanes el 19 de marzo de 1944, fueron detectados en el teatro de un pueblo por Adolf Heichman, llegado hasta allí siguiendo las consignas del Fhürer. Dos meses más tarde, como al resto de judíos de la zona, el 17 de mayo la familia de artistas fueron subidos a un camión que se dirigía a Auswichtz.
Hay que reconocer que los Ovitz reunían todos los requisitos para
haber sido exterminados durante la IIª Guerra Mundial. Eran
judíos, eran enanos, estaban en el campo de exterminio de Auschwitz y para
colmo, allí se encontraba como médico el doctor Josef Mengele famoso por sus experimentos con las que él llamaba razas inferiores.
Aún así los siete salvaron la vida al contrario de la mayoría de sus familiares de estatura corriente. De estos, tanto los que se habían desperdigado por diversos lugares de
Alemania como el resto que se quedó en Rumanía, su lugar de origen,
todos desaparecieron.
Lo que era un pasaporte al infierno por estar en manos de alguien con la mente del director médico del campo, se reveló como un salvaconducto a la vida. No fueron pocas las veces que aquel siniestro personaje fue su salvador. Empezando por el día de su llegada, que entre el desbarajuste de reunir y separar familias y tantos otros requisitos que se cumplían con los prisioneros, los Ovitz no se encontraban entre los diversos grupos que los guardianes iban formando, cuando Mengele se personó en el lugar donde debían estar reunidos para llevárselos a su pabellón.
Las horas pasaban y los hermanos no aparecían. Claramente alterado, Mengele llamó al responsable de la recepción y le dio un ultimátum. Los quería en su presencia, ¡Ya! En caso contrario, el militar al mando escuchó aterrorizado que su negligencia se consideraría un Acto de Alta Traición, falta que todos sabían el castigo máximo que llevaba anexo el Código Militar alemán en tiempos de guerra.
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| En primer término, Perla y Elizabeth Ovitz con otras dos hermanas |
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| En una imagen de juventud con sus padres |
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| Elizabeth |
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| En los extremos, a la iz. Elizabeth y a la derecha Piroska (Perla) |
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| Un joven Josef Mengele en Auswichtz. |
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| Dos imágenes del campo con varios de los hermanos Ovitz |
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| Dos imágenes de Perla en su madurez |
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| GIGANTES, la historia de los siete músicos Ovitz |
De nuevo su número de la suerte, el 7, apareció
en la vida de los Ovitz. El 7 de enero de 1945, 7 meses después de su
detención, los aliados llegaron a Auswichtz y liberaron a sus reclusos. Lo que
siguió resulta lógico dada la buena orientación que llevaban aprendida de sus
padres. Si al llegar a su pueblo natal de Rozavlea en plena Transilvania se
encontraron solos, comprobando que eran los únicos de su familia que habían
sobrevivido al genocidio nazi y que su casa había sido saqueada, la intuición que antes de ser detenidos les hizo esconder las joyas de la familia en su jardín, se demostró providencial al desenterrarlas y así poder hacer frente a la penuria.
Con ellas lograron arrancar profesionalmente organizando un nuevo grupo teatral. Pero la vida en Rumanía era muy difícil y sus
actuaciones no contaban con mucho público, por lo que se desplazaron hasta Bélgica a ver
si conseguían visados para circular por otros territorios europeos, comprobando que la vida en el resto del continente seguía siendo durísima. Llegado un momento, las gestiones iniciadas hacía tiempo para salir de Europa dieron sus frutos y les llegaron ofertas para viajar a Israel o los Estados Unidos, decidiéndose por el primero de los dos países.
Como su vida había sido tan peculiar se les ocurrió enriquecer su espectáculo con un cuadro relativo a su experiencia en Auswichtz, en el que Elisabeth y uno de los hermanos bailaban una danza a la que llamaron La danza de la muerte. Con ésta y otras variaciones, su reconstituida Compañía Teatral viajó durante años por Israel hasta que ya todos con una edad veterana, decidieron juntar sus ahorros, comprar un cine y retirarse en el país que los acogió y era también el suyo, donde vivieron sus últimos años.
Posiblemente fuese Perla Ovitz una de las escasas personas en el mundo que lloraron la muerte de Josef Mengele en 1979, no en vano la parte de su familia que recaló en el campo de exterminio donde estuvieron a su cargo, fue la única que sobrevivió a la barbarie nazi. La ambivalencia de sentimientos experimentada por Perla fue dolorosa. Quizá por eso, tras su fallecimiento en 2001, en la lápida de su sepultura fue colocada la siguiente leyenda: -Aquí yace el último de la familia de enanos, la señorita Perla Ovitz, hija de Shimshon Eizik y Batia, que sufrió cada día de su vida.
Los que nos consideramos
"normales" por vivir una vida corriente aún con todas sus
dificultades, al enterarnos de cómo pudieron resistir estas personas con
tantas carencias una vida así, con tal cúmulo de sufrimientos y adversidades, podemos sentirnos identificados con las preguntas que le hicieron a Perla
Ovitz durante un documental de la BBC:
- ¿Cómo es posible que con una talla como la de ustedes, fueran capaces de resistir tanto dolor?
-Es que nosotros a pesar de todo, en nuestros corazones, ¿sabe usted? -le respondió la heroina que forma parte de esta historia-. En nuestros corazones, éramos gigantes.
- Permítame que le diga que está usted muy atractiva con ese color de carmín...
- La verdad es que gasto mucha barra de labios. Así sólo se ve la sonrisa y no las lágrimas.
Ana Mª Ferrin
(*) En la actualidad, de forma oficial se utiliza el término acondroplasia para nombrar la alteración ósea de origen cromosómico que afecta al crecimiento, conocida por enanismo.


















Interesantísima esta entrada Ana, cuanta barbarie la que se practicó con esta gente, cuanta fuerza tuvieron para aguantar tanto. El estar unidos seguro que les ayudó mucho para soportar todo.
ResponderEliminarGracias por compartir esta información.
Besos .
Puri
EliminarHola, Dulcinea.
Precisamente esa era la recomendación que siempre les repetía su madre cuando salían de tournée, que se mantuvieran unidos, que esa sería su fuerza. Claro que en Auschwitz tuvo mucho que ver la “suerte” de que se toparan con Mengele y éste se encaprichara de ellos, porque allí la propia voluntad no tenía ningún valor.
Vivir para contarlo.
ResponderEliminarComo dicen algunas gentes de concepciones religiosas tradicionales, que Dios no nos mande todo el sufrimiento que seamos capaces de aguantar.
Resulta paradójico que los más "inferiores", según criterios nazis, fuesen los que se salvaran precisamente de aquella salvajada.
Un saludo, Ana María.
Qué verdad más grande. Nadie podía tener más papeletas para acabar en las siniestras duchas.
EliminarPero ellos sobrevivieron, cuando la mayoría de su familia desapareció. Eso sí es tener estrella, Cayetano
MARAVILLA!
ResponderEliminarPO.
Si, Po, como escribiste en tu mail, ¡¡VivA Liliput!!
EliminarEl ser anormal los salvó de la cámara de gas, pero no obstante del sufrimiento causado por las experiencias del Dr Mengele.
ResponderEliminarMuy interesante todo el reportaje.
Un abrazo.
Recibe otro abrazo.
EliminarNo he querido cargar las tintas en cuanto a las descripciones sobre los experimentos que sufrieron, pero la muestra ya es un ejemplo.
Tenían razón al asegurar que a pesar de su talla, en sus corazones ellos se sentían gigantes.
Simplemente emocionante, Ana María.Algunos miembros de la familia de mis antepasados no corrieron la misma " suerte".Y pensar que hay quienes niegan el holocausto.
ResponderEliminarCariños australes.
Hará unos diez años estuve haciendo un trabajo sobre el holocausto de Rodas y su diáspora para un libro del que hay dos fragmentos en el blog, no sé si los has leído. Los protagonistas casi habían desaparecido, pero los testimonios de los hijos con los que hablé se me quedaron muy dentro. Un abrazo.
EliminarHola Ana. Interesantisima entrada. Conocía algo sobre está familia, no todos los detalles que has comentado.
ResponderEliminarLa vida da oportunidades que hay que tomarlas y disfrutarla
Besos
Las sorpresas de la vida, Manuel
EliminarQuién iba a pensar que precisamente el monstruo del que sólo oír su nombre ya da ganas de meterse en un agujero, iba a ser el salvador de los siete hermanos.
Gracias a que llegaron los aliados, claro.
A História sempre me atraiu, principalmente a que trata de Primeira e da Segunda Guerra Mundial. Tenho a impressão que li quase tudo o que se escreveu sobre essas guerras (mais a Segunda que a Primeira). Todos os filmes que pude ver os vi, desde os mais antigos aos recentes). Nos dias atuais temos o YouTube com muitos filmes e documentários, muitos destes filmados pelos próprios nazistas.
ResponderEliminarAgora tomei conhecimento, pelo teu texto, dessa família de anões, que estiveram nas garras de Mengele, um dos tantos psicopatas do Nazismo. Como podemos ver, por este teu trabalho, sempre haverá alguma coisa para sabermos sobre Hitler e sobre os Nazistas.
Uma ótima semana, Ana.
Abraços.
Pedro.
Usted lo ha dicho, un psicópata, con ausencia total de sentimientos. Igual te sacaba un ojo, que cinco minutos más tarde te echaba el brazo por el hombro y te ordenaba que cantaras y bailaras con él una canción tirolesa. Si no fuera por el inmenso dolor que dejó detrás, por tanta muerte y sufrimiento, estos episodios sonarían como una ópera bufa.
EliminarAcho que tu sabes, Ana, que Menguele passou os últimos anos de sua vida no Brasil, sem que nossas autoridades soubessem que se encontrava refugiado aqui (deve ter recebido ajuda de alguns emigrantes alemães, que moravam no interior do Estado de São Paulo ou de outros Estados). Abraços.
EliminarQué calvario de vidas. La mayoría de las veces no se sabía si salvarse era una suerte o una desgracia que perpetuaba el tormento.
ResponderEliminarFeliz tarde
Bisous
Teniendo en cuenta que algunos de ellos tuvieron hijos, sí fue una suerte. Pero en lo individual, allí y en aquel tiempo, su comentario tiene mucho fundamento.
EliminarUn beso, Dame.
En cuanto comencé a leer la peripecia vital de esta familia pensé que era carne de biografía y de novela, aunque veo que ya alguien se ha puesto manos a la obra. Y no es para menos: una compañía de siete hermanos de esas características, deportados a un campo de concentración y salvados por el mismísimo Mengele parece una historia inventada. La realidad supera la ficción, ciertamente.
ResponderEliminarUn beso
Como apunte, la manera distante con que Mengele realizaba sus experimentos, carente de toda compasión, no quitaba que acto seguido viviera veladas románticas en su pequeño hábitat del barracón médico. Allí ejercía sus dotes amatorias, enamorando y seduciendo. El catálogo psicótico de su mente era completito.
EliminarÉl, si que estaba para hacerle un examen profundo:como puede un ser humano ser tan perverso...(para conseguir la pureza de raza)
ResponderEliminarUna historia tremenda , como bien dijo en esa entrevista que ellos eran pequeños de estatura pero grandes en resistencia.
-Después de pasar por el blog de Carmelo y leer esta historia: se hace cada vez más difícil comprender la especie humana.Malditos perjuicios que son la sal y la pimienta de los odios.
Un beso feliz finde Ana Mª
...la que le hicieron en la BBC a Perla (perdón).Es que parece que la entrevista se la hicieron a este malnacido...
ResponderEliminarTienes razón en todo. Ahora mismo en Europa y USA están pasando cosas pequeñas, y otras mayores en África y Asia, que son para no perderlas de vista. Después de todo lo que pasó en los 40, sería imperdonable que de nuevo nadie supiera ver las señales.
EliminarMe alegro de leerte, Bertha.