En estos días en que se
rinde homenaje a nuestras Fuerzas
de Seguridad del Estado y
personal médico, a los voluntarios y
vecinos que colaboraron en salvar
tantas vidas en las recientes inundaciones, vaya desde aquí
nuestro reconocimiento a todos
ellos en la figura de Ramón Pérez
Vázquez, el joven guardia
civil que auxilió a Antonio
Gaudí tras el accidente que tres días
después le costó la vida.
Los diversos informes del día en que fue atropellado Antonio Gaudí -médicos, hospitalarios, policiales, municipales, particulares, periodísticos y de la Compañía de Tranvías-, dan versiones del accidente no siempre coincidentes. Sólo será posible aproximarse a la realidad basándose en todos ellos y tomando como punto de partida unos datos incontestables, los contenidos en el informe meteorológico del 7 de Junio de 1926.
DOS RAMONES TRASLADARON A GAUDÍ
Publicado en Gaudí y Más. 6 de octubre de 2017
Publicado en Gaudí y Más. 4 de octubre de 2019
A las seis y cinco minutos de la tarde, Antonio Gaudí i Cornet se disponía a cruzar la hoy llamada Gran Via de les Corts Catalanes en un punto situado entre las calles de Bailén y Girona. Pocas nubes estorbaban al sol en un cielo limpio que alargaba el crepúsculo y proporcionaba a la ciudad una temperatura de 22 grados. Con su andar pausado y apoyándose en el bastón con taco de goma, el arquitecto bajó de la acera, salvó la calzada lateral y subió a la parte peatonal de la avenida donde una doble hilera de frondosos madroños sombreaban a los viandantes que paseaban o reposaban en los bancos. Bajó a la calzada central y cruzó los rieles de la línea que se dirigía hacia la plaza de Cataluña.
Pero al ir a cruzar la segunda vía que efectuaba el recorrido inverso, divisó que se acercaba un tranvía y reculó hacia la que acababa de pasar sin mirar hacia atrás, por ello no se percató de que otro tranvía de la línea 30, de los llamados cadeneros, llegaba tras rodear la plaza de Tetuán. En el último instante debió alertarle algún sonido que instintivamente le hizo girar el rostro hacia la derecha, recibiendo un tremendo impacto en las costillas y la sien de ese costado.
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| ´Frente al lugar aproximado del accidente, Gran Vía-Girona, uno de los tranvías de la línea 30 como el que atropelló a Gaudí. (Archivo A.Mª.F.) |
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| En la Ronda de San Pedro, nº 37, antiguas instalaciones del Dispensario que hoy siguen siendo municipales. (A.Mª.F.) |
Los viajeros acusaron la brusca detención del tranvía viendo seguidamente como el conductor, descompuesto, saltaba atribulado a la calle. El hombre nada había podido hacer para evitar el atropello. Cuando accionó la rueda que tensaba la cadena del frenado, el golpe ya se había producido y el anciano, menudo y con aspecto desvalido por el polvo que cubría su traje negro, yacía en el suelo inconsciente. Podía apreciarse como un hilillo de sangre brotaba de su oreja derecha y se desvahía entre la blanca barba. Sobre el cuerpo proyectaban su sombra los cables del tendido eléctrico que alimentaban los tranvías.
A los viandantes que habían presenciado el accidente se unieron los curiosos, acercándose para emitir sus juicios. La sociedad crea sus tabúes. Hubo quien paseó la vista por las gastadas ropas color ala de mosca, advirtió los imperdibles que suplían sus botones, las polvorientas zapatillas cubriendo unos pies envueltos en tiras de tela y dictaminó: Debe ser un pedigueño... Es un mendigo borracho, seguro. Alguien aventuró que se imponía trasladarlo a un centro de primeros auxilios. Ante esa sugerencia premonitora de posibles molestias, la mayoría de curiosos que observaban la escena deshizo el grupo, sólo algunos ciudadanos decidieron aplazar sus obligaciones y atender al herido. De entre ellos se han conservado los nombres de Antonio Roig, un administrativo del puerto, y Antonio Noria, que aseguró ser socio de la Sociedad Colombófila, aunque en los completos archivos de tal Federación no constaba su pertenencia en los años 80, cuando a través de la Cátedra Gaudí se hizo la consulta.
Esa insolidaridad fue motivo de que se perdiera casi media hora preciosa en el intento de conducir al herido a una Casa de Socorro y no se sabe cuánto tiempo más habría transcurrido, si un miembro de la Guardia Civil no hubiera transitado en aquellos momentos por el lugar del suceso. El agente se hizo rápidamente cargo de la situación, impuso su autoridad y obligó detenerse al siguiente taxi que apareció, ordenando al chófer, Ramón Cos, que trasladase al anciano hasta el cercano dispensario de la Ronda de San Pedro, nº 37. Para asegurarse de que se cumplían sus órdenes, el agente de la autoridad subió también al vehículo. Ramón Cos hizo lo que se le pedía sin conocer la identidad del herido y poco después de morir el arquitecto se identificó en la prensa como el conductor que lo había conducido hasta el Dispensario de la Ronda de San Pedro.
El libro de registro del centro dejaba constancia del somero examen: se aprecia un traumatismo a la altura de la oreja derecha y conmoción general del paciente, que dice llamarse Antonio Gaudí... Al parecer el accidentado debió recobrar la lucidez los instantes necesarios para dar el único dato de su nombre, tras lo cual volvió a perder el conocimiento y no se pudo ampliar su filiación por no llevar documentos. El contenido de sus bolsillos se limitaba al libro de los Evangelios, un rosario, un pañuelo, un puñado de avellanas y la llavecita de su escritorio. En atención al estado del paciente, el médico de guardia ordenó trasladarlo en ambulancia al Hospital Clínico después de administrarle un antiespasmódico.
Concluía la nota que había llegado acompañado por un miembro de la Guardia Civil llamado Ramón Pérez Vázquez. Posteriormente se conocería que el citado agente, natural de La Puebla de Caramiñal, La Coruña, tenía 25 años y acababa de incorporarse a la Comandancia de Barcelona, por cuya Gran Vía paseaba vestido de paisano (*).
Pero el destino es caprichoso. La existencia de Gaudí estaba forjada con el fuerte sentido antimilitarista propio de un país que aún no se había repuesto de la Guerra de Independencia contra la ocupación francesa y esa circunstancia lo llevó a ser un diletante los últimos años de su vida frente a cualquier autoridad armada, aunque en los años que cumplió su Servicio Militar en Barcelona, no consta la más mínima falta en su expediente. Sin embargo, tras sufrir el mortal atropello por un tranvía de la línea 30, de los muchos curiosos que pasaron ante el anciano herido el único que se paró y decidió recogerlo para llevarlo personalmente a un centro médico de urgencia, fue un guardia civil gallego, representante del primer cuerpo de seguridad de ámbito nacional creado en España en 1844, ocho años antes de nacer el arquitecto.
Al partir la ambulancia la trama prevista daría un vuelco. En algún punto del trayecto hasta el Hospìtal, los sanitarios decidieron variar por su cuenta el destino del maltrecho pasajero. No existe una explicación contrastada del cambio de rumbo. La orden del médico era llevarlo hacia el Hospital Clínico al otro lado de la ciudad, pero el vehículo nunca llegó a ese centro; por su cuenta y riesgo los camilleros se dirigieron al más próximo Hospital de la Santa Cruz, situado en la calle del Hospital junto a las Ramblas y cercano al puerto.
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| En grabado de Gustavo Doré, Dº Quijote y Sancho por la calle Espasería. Al fondo, la iglesia de Santa Mª del Mar. |
Se publicó que la decisión de los sanitarios fue debida a que -…era tarde, estaban cansados y no tenían ganas de trabajar. Pero esa afirmación cae por sí misma leyendo el informe nº 225 de la Guardia Urbana donde el agente nº 53, Silverio Silvestre, encabeza el texto con estas palabras: – A las 18 horas del día de hoy ha sido auxiliado en la Casa de Socorro de la Ronda de San Pedro una persona que dice llamarse Antonio Gaudí... El examen iniciado a esa hora y su posterior orden de traslado ya que se trataba de un accidentado de extrema gravedad, no debió demorarse más de 30 o 40 minutos, todo lo más una hora, lo que nos sitúa a las 19,30 de una clara tarde mediterránea a las puertas del verano.
Existe la posibilidad de que el personal de ambulancias, por su continuo servicio, conociera la existencia de camas libres en un hospital u otro y la conveniencia de variar el destino del herido, pero de haber sido así parece extraño que no lo indicaran al médico del dispensario y aceptaran sin objeciones la ruta prevista sin rectificar lo escrito. No hay que descartar el error humano, el despiste de que lo dejaran en un lugar en vez de otro, pero ¿acaso no circulaban con una orden escrita? En cuanto a la idea de un ángel custodio llevando en volandas la ambulancia de Gaudí sobre la ciudad, meciéndolo con la obertura de Tannhaüsen, aunque también se publicara y tenga su atractivo, sólo está al alcance de los muy creyentes. En cambio, dejando un resquicio al azar si es posible explicar el porqué Gaudí apareció ingresado precisamente allí.
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| Fragmento del Registro de Entradas del Hospital. (A.Mª.F.) |
Si, como sostenían algunos de sus amigos, Gaudí recobró la lucidez durante el trayecto y pudo conversar con los camilleros, no hay duda de que pudo convencerlos del cambio de rumbo. Son infinidad los testimonios asegurando que dejarlo hablar conducía a plegarse a sus deseos, y en este caso, dirigirlos hacia su querido Hospital de la Santa Creu.
Fundado en el siglo XV por el rey Martín el Humano, el mismo centro que Miguel de Cervantes había inmortalizado en la Segunda Parte de su Ingenioso Hidalgo Dº Quijote de la Mancha, uno de los escasos libros que Gaudí guardaba en su estudio y donde se lee en el capítulo LXXII:
Fundado en el siglo XV por el rey Martín el Humano, el mismo centro que Miguel de Cervantes había inmortalizado en la Segunda Parte de su Ingenioso Hidalgo Dº Quijote de la Mancha, uno de los escasos libros que Gaudí guardaba en su estudio y donde se lee en el capítulo LXXII:
...Yo -dijo Dº Quijote-, no sé si soy bueno, pero sé decir que no soy el malo, para prueba de lo cual quiero que sepa vuesa merced, mi señor don Alvaro Tarfe, que en todos los días de mi vida no he estado en Zaragoza; antes, por haberme dicho que ese don Quijote fantástico se había hallado en las justas de esa ciudad, no quise yo entrar en ella, por sacar a las barbas del mundo su mentira; y así, me pasé de claro a Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza, única. Y aunque los sucesos que en ella me han sucedido no son de mucho gusto, sino de mucha pesadumbre, los llevo sin ella, sólo por haberla visto...
Ana Mª Ferrin
(*) Del extenso capítulo donde se cuenta la crónica de lo sucedido en los tres días que transcurrieron entre el accidente y la muerte de Antonio Gaudí, en el libro GAUDÍ. DE PÌEDRA Y FUEGO, de Ana Mª Ferrin.
Otros detalles del suceso, en el libro REGRESO A GAUDÍ'S PLACE de Ana Mª Ferrin










A veces la ayuda llega de fuera, de quien menos te lo esperas, de quien no compartes casi nada. Siempre hay gente que antepone el cumplimiento del deber (moral o profesional) a otros intereses o ideas.
ResponderEliminarUn saludo.
Es así. Cuántas veces en un mal momento, alguien en quien no habías pensado se ofrece y te ayuda.
EliminarA ti.
Pues vaya prueba de humanismo el taxista en no querer manchar su precioso automóvil, menos mal que siempre hay algún buen samaritano.
ResponderEliminarUn abrazo
El taxista y otros particulares. El ser humano no siempre está a la altura de la situación. Abrazos a ti.
EliminarEs que lo de los taxistas, recuerdo que ya fue lo que más me indignó cuando lo leí, no tiene perdón.
ResponderEliminarSaludos.
Durante unos años cuando yo era muy joven, tuve un trabajo que muchos días me obligaba a utilizar tres o cuatro taxis. La aplastante mayoría resultaron gente cordial y colaboradora, pero también tuve algunos encuentros de lo más desagradable. Ni más ni menos que entre el resto de ciudadanos.
EliminarSaludos afectuosos, DLT.
Que triste final para un gran hombre y triste también que haya personas que no tengan sentimientos y no se preocupen de ayudar a quién lo necesita...tenía que ser ese Guardia Civil y buena persona el único que le brindó su apoyo.Bonita y triste historia.Besicos
ResponderEliminarPodemos verlo de otra manera. Porque si tuvo el accidente, al final lo cuidaron donde él había dicho que le gustaría que lo hicieran y murió rodeado de sus auténticos amigos.
EliminarPetonets, Charo.
Ese tipo de personas sin alma abundan, taxistas o no, pero por fortuna hay también corazones ejemplares, sean guardias civiles o no. Claroscuros propios de los humanos.
ResponderEliminarPienso que la compasión ha ido a peor, pero no tengo duda de que los buenos siguen siendo más.
EliminarSaludos.
De la misma manera que el mundo, afortunadamente, está lleno de "beneméritos", los hay también sin sentimientos.
ResponderEliminarBesos.
La mala gente parece que triunfa, pero si observas la trayectoria de alguien cercano de esa ralea verás que no siempre es así.
EliminarNunca se logra engañar a todos todo el tiempo...
Menos mal que hay personas de buen corazón que prestan auxilio a quien lo necesita.
ResponderEliminarUn final muy lamentable. Qué pena!!.
Un beso.
A todos nos gustaría que en un trance de ese tipo alguien nos cogiera la mano y nos auxiliara. Gaudí lo consiguió.
EliminarUn beso a ti.
He visto a gente como el taxista...incluso médicos...Y lo peor es que sin ningún problema siguen como si nada...
ResponderEliminarAunque creo que los buenos siempre somos más
Besos Ana
Pues esta historia en la que un guardia civil recién destinado a Barcelona hizo ese "Haz lo que debas" al que te refieres, aunque iba de paisano y aún ni había empezado a trabajar, se silenció por diversos intereses durante más de 60 años sin que nadie la investigara. Con satisfacción puedo decir que yo sí lo hice y en mi libro "Gaudí de Piedra y Fuego" de 2001 figura la foto del agente y toda la historia de los años que invertí y las personas del cuerpo y otros estamentos que me ayudaron a componerla.
EliminarFue un trabajo inolvidable que por mucho que lo plagien sin hacer figurar mi autoría, ahí está. Un beso, Manuel.
En esta vida del Señor abunda de todo amiga Ana. Pero soy de los que piensa que son muchísimas más gente dispuesta para echar una mano en cualquier situación por dura que pueda ser, que otros que pasan y no quieren saber nada. Lamentablemente, son muchas las preguntas sin respuesta sobre ese accidente y si se pudo o no hacer algo más por su vida. Por desgracia, uno más de los muchos capítulos que existen sin una respuesta adecuada.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo
La próxima entrada da varias respuestas de especialistas a la pregunta ¿Qué habría pasado si el accidente hubiera sucedido hoy?
EliminarA ver qué te parecen. Saludos, UJS.
Un acto de humanidad el de este guardia civil digno de elogio. Siempre hay personas dispuestas a ayudar desinteresadamente y que de alguna manera son héroes anónimos.
ResponderEliminarNos quedamos sin alguna respuesta respecto al accidente y si se hizo todo lo necesario en aquellas circunstancias.
Te envío un fuerte abrazo a las puertas de volver de nuevo a Navarra y dejar Palencia.
La historia de alguien tan joven e inexperto que supo cumplir con su deber imponiéndose a la dejadez general, es para aplaudirla.
EliminarBesszzs.
Pues sí que es extraño que ingresaran a Gaudí en el hospital de la Santa Creu si estaba más alejado. Que recobrara la lucidez y convenciera a los camilleros me parece casi imposible, habida cuenta de que tendría que tener mucha capacidad de convicción y tiempo para ello. ¿No sería que le tomaran por un indigente y le llevaran allí por su condición?
ResponderEliminarUn saludo
Como no hay manera de comprobarlo, porque tanto el volante donde consta su destino al Clínico, como la inscripción en el registro de ingreso de la Santa Creu, están confirmados, todas las hipótesis caben.
EliminarTambién se dijo que fue transportado por los aires por un coro de ángeles, pero esa posibilidad sólo está al alcance de los muy creyentes...
Besos.
Que maravilla!
ResponderEliminarToda la información que nos dejas..personas que han dejado de ser anónimas para quedar instaladas en la historia...esos ángeles de la guarda que abundan por el mundo.
Abrazos.
Dios quiera que si sufrimos algún percance de ese tipo encontremos en nuestro camino alguno de esos ángeles.
EliminarOtro para ti.
Como se suele decir "el hábito no hace al monje" la mayoría de transeúntes lo dieron por mendigo sin tener compasión ninguna y qué decir del taxista, todo muy triste.
ResponderEliminarUn abrazo.
En eso hemos mejorado bastante. Me refiero a que puedes llamar a urgencias y suele funcionar bien.
EliminarEn cuanto a que un particular se pare, coja al herido, se manche con su sangre y lo traslade por su cuenta...
Otro para ti, Conchi.