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ROJO Manipulando el pigmento rojo





NOMADLAND Y LOS ESCITAS, PIONEROS DEL CAMPING CARAVANING


 

                                                                                   

A MIS HIJOS

Y a Clint Eastwood,

Demi Moore,

Jim Carrey.


A todos los que, como ellos, 

pasaron parte de su infancia

rodando en una caravana.


Y especialmente hoy, felicitando

al equipo que ha hecho posible los 3 Premios Oscar 

para NOMADLAND, con una soberbia Frances McDormand 



                            
                                    Hace más de tres mil años, unas tribus iraníes cruzaban las estepas adentrándose por Oriente desde el sur de Rusia y el norte de Mongolia llegando hasta el este de Kazajistán y el norte de China, para después de perfilar por Occidente una media luna que comprendía Rumanía, Turquía y Egipto, desembocar en el Mediterráneo.

     Eran un pueblo itinerante, de situación y extensión variable como tantos otros en ese periodo de la historia, que en los cinco continentes hacían de la trashumancia una forma de vida. No obstante, al acercar una lupa a los yacimientos arqueológicos del Dniéper, las características diferenciadoras de su civilización impactan al observador, le ponen alerta de que aquellas gentes de las que hoy se conoce bastante de su rica cultura, sabían lo que era el esfuerzo y la lucha pero también apreciaban la buena vida, la comodidad.

   Estos antepasados eran los escitas (*), a los que podemos considerar como pioneros del nomadismo moderno y con calidad de vida que hoy llamamos camping o caravaning...


Con sus tiendas sobre las plataformas de madera de los carros y tiradas
 por buen número de bueyes... 
Estampa cumana heredera de los escitas.


En la ópera El Príncipe Igor, de Alexander Borodin, los escenógrafos Yanov, Andreyev y Bocharov recrearon un asentamiento de tiendas escitas/cumanas


Representación de diversos escitas reales. El nº 3 es una mujer.


EL NOMADISMO ACOMODADO, UNA HERENCIA 


Publicado en Gaudí y Más. 1 de mayo de 2021


                               
                           ... En especial los escitas reales, que nos han dejado túmulos funerarios con gran profusión de joyas y armas, viajaban con sus familias a bordo de carromatos tejidos con ramas finas para hacerlos ligeros, exquisitamente decorados, con cuatro y seis ruedas (nuestro equivalente a uno y dos ejes) tirados por hasta dos docenas de bueyes. Para conseguir una calidez hogareña frente a las inclemencias del duro clima, revestían de barro el exterior del hábitat que luego cubrían de pieles decoradas, acolchando el interior con una especie de paño no tejido conseguido a base de aglomerar lana y pelo, prensándolo hasta lograr un tipo primitivo de fieltro. Fieros guerreros que luchaban acompañados de sus mujeres, lo que les convierte en uno de los primeros ejemplos de igualdad militar de la historia del hombre, tan diestros ellos como ellas en conseguir las cabelleras del enemigo para colgarlas de sus monturas como trofeos.

  Sus leyes eran simples y efectivas, centradas en una profunda protección a la propiedad privada aplicando duros castigos a quienes las vulnerasen. Otro dato a valorar en estos campistas primitivos fue su amor por los animales cuando la palabra ecología aún necesitaba más de treinta siglos para que unos labios la pronunciasen. Al primero de ellos que veían al levantarse, iban dedicados sus rezos.






Yurta (tienda) mongola, heredera de las antiguas escitas. Misma estructura
 y montaje, terminadas con su revestimiento actual exterior e interior, 
con la familia propietaria, nómadas de Mongolia.


                                        Bien alimentados a base de carne de caballo, carnero y buey, leche de yegua y cereales, conduciendo sus grandes manadas supieron hermanar al hombre con la naturaleza y el arte, pues casi la totalidad de objetos que han llegado hasta nosotros creados por ellos llevaban forma de cérvidos o caballos. También jabalíes, vegetales y aves, uno de los pilares que sostenían su armonía con la naturaleza, lo mismo que buscamos en el siglo XXI quienes amamos este nuestro planeta azul.

  Un punto negro podríamos encontrar en tan interesante y antigua civilización. La parte de su cultura funeraria guardaba en el pasado el preciosismo asiático de enterrar al marido con todas sus posesiones; caballerías, sirvientes y por supuesto, esposas. Todo ello bajo la advocación de su Dios, Ares, encarnado en acero, al que adoraban en forma de espada y al que dada la vida continuamente al aire libre de este pueblo, oraban como Señor del rayo y las tormentas para implorar su protección.




Mapa superior, antiguo reino de Escytia. Inferior, distribución política actual


       El porta Ovidio vivió entre los escitas, aprendió su lengua y escribió sobre ellos. Cuadro de Delacroix, Ovidio entre los Escitas


Carcaj de oro escita. Museo del Hermitage (Nathional Geographic)


Pendientes escitas encontrados en un yacimiento funerario


Vaso escita de plata y oro. S. IV aC. Museo Hª Kiev. (Ntnal Geographic)
               

Silla de montar escita. De cuero, decorada con una escena mitológica
hecha de pelo y fieltro. (N.Geographic)


Pantalones de lana de 3000 a. hallados en la tumba de un
 guerrero al oeste de China, entonces feudo de los escitas.


                          
                                               Después de haber soportado insultos y malos modos en los inicios del campismo, por su afición a montar la tienda o la caravana en bosques y playas, en nuestros días los veteranos viajeros gozan de un respeto general. Ellos supieron ganárselo a pulso, poniendo en pie tras mucha incomprensión esta forma de vida apta tan sólo para gente que gusta de la gente, además de apreciar la esencia de lo auténtico. Sus seguidores la hemos convertido en modalidad de ocio, invocamos con ella la alegría de vivir y la usamos escapándonos del estrés, buscando los mejores paisajes donde poder respirar su aroma a cielo abierto. Pero eso sí, sin renunciar a las comodidades conseguidas en nuestro tiempo.

           Plinio y Herodoto, que llegaron a conocer a los pueblos escitas en los siglos I V d.C hablaron de los ellos como los amarillos o luminosos (¿Brillantes? ¿Rubios? ¿Por sus ropas y mantas amarillas?). Junto a Ovidio, la Biblia en su Antiguo Testamento y las crónicas de la campaña de Darío contra los escitas, los historiadores dejaron constancia de la extrema pasión por la vida y sus batallas, que fueron norte entre los escitas. Si leemos que de sus máximas diversiones en reposo, las preferidas eran los banquetes de hermandad, el buen vino y la cerveza mezclada con grasa y miel. Si ojeamos sus competiciones de jactancias, de pavonearse a ver quien contaba una fantasmada mayor sobre valor o virilidad ¿A qué campista no le suena esta afición? ¿Quién no conoce hoy a un moderno escita?


Continúa...


Ana Mª Ferrin

(*) De los libros de Ana Mª Ferrin, Ed. Huerga y Fierro
     
      Crónicas del Arco Iris. 1995.

      Los Ojos del Paraíso, 1998. 

13 comentarios:

  1. Qué artículo tan completo. Hay muchas cosas que aprendí, por ejemplo lo extenso del territorio que frecuentaban, lo del amor por sus animales y lo del uso de pantalones ¡Y yo que creía que era un invento bizantino! ¿qué tal? Y en cuanto a la película, no vi la ceremonia pero por tí me entero que ganó tres de las seis nominaciones. Estoy muy interesado en ver esa película.

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  2. Muy curioso. Mira por dónde aquellos grupos nómadas convirtieron esto de viajar de esa forma en algo "escitante". De joven, andábamos por ahí ya con el macuto y la canadiense de dos plazas. Nada ver con la comodidad de las modernas autocaravanas.
    Un saludo.

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  3. Con esta entrada me he enriquecido, desconocía gran parte de lo que mencionas, mil gracias por ello.
    Y sin pretenderlo, me has traído a la memoría las costumbres de mis nietos, a ellos les encanta dormir al aíre libre cuando estamos en el pueblo, cantidad de noches se las pasan amontonados en una tienda de campaña, hasta que se la instalamos, no dejan de dar la lata.
    Te deseo un buen domingo.
    Cariños.
    Kasioles

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  4. Otra interesante lección para el domingo.
    He oído hablar muy bien de Nomadland, espero poderla ver en alguna plataforma. Soy seguidor de Frances McDormand desde "Fargo" de los hermanos Cohen.
    Besos.

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  5. He sido campista durante unos años en mis vacaciones pero en vez de caravana teníamos un carro-tienda pero con todas las comodidades, la verdad es que resultaban unas vacaciones muy relajantes aunque a la vuelta había que limpiar y recoger bien todo algo que ya no es tan agradable.Interesante tu artículo de cómo vívian los escitas aunque eso de el difunto llevarse sus posesiones con él no resulta agradable.Besicos

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  6. De "joven", iba por los caminos verdes de Venezuela, en un todoterreno toyota... Entonces el cuerpo aguantaba todo. Comocí mucho del paía justamente por esa sensación de libertad que te da ser nómada...

    Besos

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  7. Muy interesante lo que cuentas de los escitas reales. Su manera de llevar la casa a cuestas, como se suele decir, su forma de vivir y alimentarse, sus ritos funerarios...
    Lo que ya no me gusta tanto es ese punto negro de enterrar al marido con todas sus posesiones.
    ¡Tremendo!
    Siempre me ha atraído la idea de viajar en caravana. Nunca lo he podido hacer realidad.
    Un abrazo inmenso. Espero que todos os encontréis bien.

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  8. -Excelentes arqueros y hábiles jinetes :ya en el s.VII-a. C se distinguían en el Arte de la orfebrería.-:Excelentes amazonas y guerreras del mundo antiguo ;como bien documentas en esta entrada.-Entre el mito y la Historia :ya que los griegos para crear mitos eran únicos: en el s.V-IV a.C.El historiador Heródoto ,ya los nombra como, una raza de los ojos claros y cabellos de fuego...

    Deseando saber más, de este pueblo nómada . La verdad que sin guerrear por mi parte : estupendo ir conociendo lugares, mientras el cuerpo ayuda, no como ahora que te anclas con una hipoteca de por vida...

    Si, se hiciera, más rastreo de la Historia Antigua :vemos que no hay nada nuevo bajo el sol.

    -Todos los veranos, cuando era una niña: íbamos al camping la "Ballena Alegre" y era una gozada: mi madre encantada de no tener que vestirnos en un mes: éramos cinco seguidos...

    Un abrazo y deseando volver a leerte:)

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  9. Excelente articulo!!! gracias por contarnos un poco la historia de los pueblos nomadas!!

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  10. Estraordinaria entrada Ana Mª, siempre he sentido una profunda admiración por estos pueblos nómadas, como bien dices hermanados con la naturaleza me quedo con esa bonita frase.
    Una forma de vida, dura difícil y errante, sencillamente admirables.
    Gracias por compartirla.
    Saludos.

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  11. Muy curiosa cultura de la que he aprendido muchísimo con toda esta maravillosa información que aportas.
    Una manera complicada de vivir.
    Un beso. Feliz semana.

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  12. Hola Ana. Otra maravillosa crónica muy bien documentada.
    Es apasionante adentrarse en las historias de estos y otros pueblos nómades.
    Las imágenes que acompañan tu texto, una maravilla.

    Ahora me pregunto, yo que he sido afecta a los campamentos, hoy por hoy para recorrer distancias y estar bajo las estrellas...¿Vale Motorhome?😊
    Estuve viendo hace poco unos diseños de "casas rodantes" magníficos.
    Pequeñas casas con todo lo indispensable montadas sobre tráiler...Para seguir soñando nomás.
    Beso

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  13. Y hablando de escitas, me venían a la mente, según te iba leyendo, aquellos migrantes que conquistaron el oeste americano hace ciento cincuenta años, también en carabanas, también a caballo, como esos escitas que poblaron un día las estepas hace dos mil años.
    Un beso

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