Contaba Josep Pla, que estando de visita en León sentado en el velador de un café de la plaza de San Marcelo, el camarero le dijo, señalando la Casa Botines: -Si, ahora está bien. Pero si la viera en invierno. Se le hielan a uno las entretelas....
Quizás la menos retratada de las obras de Antonio Gaudí, este edificio surge en el plano de la ciudad de León poblado de rectas y ángulos, grave y maciza, sin más concesión a la fantasía que esas torrecillas angulares de las que una, la del lado norte, se remata con una veleta empinada sobre el doble sombrerete.
Quizás la menos retratada de las obras de Antonio Gaudí, este edificio surge en el plano de la ciudad de León poblado de rectas y ángulos, grave y maciza, sin más concesión a la fantasía que esas torrecillas angulares de las que una, la del lado norte, se remata con una veleta empinada sobre el doble sombrerete.
Castillo burgués de apariencia nórdica o
victoriana, deja claro desde la primera ojeada que está destinado desde/para el
comercio y las residencias bien asentadas. La casa leonesa introduce sólidamente su
base en la tierra, y así continúa, rectangular, hasta el último saliente.
Más una característica
por la que se cuela, traviesa, la minuciosa observación del Gaudí mediterráneo cuando
acudió a su primer encuentro con el invierno de la ciudad. Comprendió que esa casa debería construirse como
bastión contra el frío, capaz de resistir un clima siberiano. Por eso, anticipándose, hizo que el cantero Antoni Cantó al picar los marcos y alféizares para cada una de las 365 ventanas, hiciera éstos en piedra blanca, un punto rosada, para que siempre, con nieve o sin ella, quedara patente la vocación del edificio.















