RELATO
Original de
Ana Mª Ferrin.
R.P.I.
Va subiendo el
termómetro en el recinto exterior de la Sagrada Familia y un calor tranquilo
ayuda a mantener los ecos surgidos tras el apilado de piedras, a la derecha del
templo. El día cruza su ecuador camino de convertirse en una radiante tarde de
verano.
Una joven lagartija a
punto de desovar en el hueco de un bloque, se sobresalta al ver invadida su
seguridad por los manejos del camión grúa y escapa de su reposo con la rapidez de
una centella. Confundida entre el suelo arenoso intenta pasar desapercibida
esquivando a los visitantes, buscando un nuevo refugio, deslizándose por el
borde inferior de la escalera curva que asciende hasta los Portales del
Nacimiento.
Antes de salir del peldaño
protector y aventurarse a cruzar el último tramo al descubierto se queda
inmóvil, agazapada bajo el reborde. Sólo unos tres metros separan al animal del
cobijo de los talleres picapedreros, donde confía depositar los huevos en una
grieta soleada. Pero la espera lleva camino de alargarse porque el claro a
cruzar se ha visto invadido por seis pies inquietos que no paran de saltar y
moverse.
La prudencia dicta sus
leyes y el pequeño reptil sabe que para ponerse a salvo es preciso que el
espacio se desaloje. Aguarda. (*)












