En el campo de
concentración de Auswichtz, el 18 de mayo de 1944 el doctor Josef Mengele fue avisado
por uno de sus asistentes de la llegada de un nuevo tren, y en concreto, de la
existencia de siete hermanos especiales en uno de los vagones. Cuando los llevaron a su presencia, fascinado por tener delante a toda una
familia liliputiense (*) para sus experimentos, ordenó que los instalaran en las barracas
de prisioneros escogidos. Elisabeth, una de los siete hermanos Ovitz, nunca olvidaría que visto de
cerca Mengele era un hombre apuesto al que se le iluminaron los ojos cuando tuvo delante el curioso conjunto. Y que muy excitado, declaró:
-Ahora tendré trabajo para
los próximos veinte años, ahora la ciencia tendrá un tema interesante a
considerar.
Y que tras pronunciar estas palabras, empezó a reír a carcajadas.














