El
recipiente de cristal podrá guardar cualquier materia pero en esencia es un
contenedor de atmósferas, ventana abierta que aprehende el aire. Envueltos en
su transparencia, el agua, las especies, reposan aisladas del mundo. Las flores
permitirán su vista al completo dentro del jarrón, flotando al vaivén de delicadas
burbujas. Las espinas y demás filamentos vegetales que tapizan tallos y hojas, transmutados en paisaje móvil a través
del vidrio.
Representar
en el lienzo las diáfanas piezas de cristal que muestro a continuación no es algo muy común en la actualidad, por
la alta dificultad que su técnica exige del artista tratando los complejos brillos cóncavos y convexos de la óptica. Y ya no digamos si el estilo es superrealista. Ahí Claudio Bravo, chileno de Valparaíso, logra la alquimia de resaltar al límite su contenido.
Jugueteos al borde del abismo...
Empieza la magia...

















