En la calle de tierra donde vivía en su ciudad de San Marcos, Texas, un día el diseñador gráfico Scott Wade miró su coche que como los de sus vecinos siempre estaba sucio de polvo. Pero no con un sombreado, no, sino con esa capa parecida al cemento a la que llegan por allí los coches a la semana de lavarlos. Al contrario de lo que había hecho otras muchas otras veces se le ocurrió pasar, de esbozar un par de trazos, a pintar con la yema del dedo una cara graciosa en la luna trasera. Siempre le había gustado el dibujo. En el instituto era bueno en esa asignatura, incluso el director tenía colgados en su despacho varios trabajos de Scott.
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| No está mal la copia que hizo Scott Wade de El Nacimiento de Venus |
EL ARTE Y SU CUOTA DE FELICIDAD

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