Continúa...
Mi vecino del vuelo Miami-Managua con el que habíamos intercambiado algunas palabras antes de embarcar, durmiéndose rápidamente a continuación, despertó cuando llevábamos una hora de trayecto. Levantó el ala del sombrero que le cubría la cara, soltó un escueto buenastardes y poco a poco fue volviendo a la vida con un particular sentido del humor.
- Debo haber dormido mucho... Igual ya es hora de volver a votar...-. Me señaló con un dedo: -Usted, ¿a quien votaría?
Sorprendida, sólo se me ocurrió responder:
-En Nicaragüa no sabría decirle... A quién sea el menos malo... Aunque le aviso de que estamos en agosto de 1997 y me parece que usted se ha pasado de largo las votaciones de enero. Por si no lo sabe, ahora gobierna Arnoldo Alemán, del Partido Liberal.
-¿Ese? No, no. Habría que votar a algún Somoza, sin dudarlo.
- ¿Quiere decir? No tengo muy buenas referencias del apellido. Además, pensaba que ya no quedaba ninguno.
- (Chascó la lengua). Qué mal informada está usted. Todos los países tienen una remesa de Somozas en espera de su momento. A los que no hay que votar es a los Nueve Comandantes Sandinistas.
-¿Por qué?
- Mire usted. La familia Somoza y sus amigos se pasaron más de 40 años en el poder, robando todo lo que pudieron. Así que a esos ya los teníamos cebados y ricos. Pero, ¿qué me dice de los Nueve Comandantes? Todos venían con hambre, cada uno con su ristra de hermanos, hijos, cuñados tontos, yernos listos, amantes, amantes de sus amantes, familia de sus amantes... Y tuvimos que volver a empezar. Imagínese. Destruir y volver a construir. ¡Y a nueve, nada menos! Sólo pensarlo, ya me agoto. Así nos tienen. Agotados...
Nunca me había parado a pensar en esa faceta de la política. Pero vista así, la teoría del individuo pedía un estudio a fondo, quizá hasta una tesis. Me giré hacia la ventanilla para contemplar las nubes, entrando en elucubraciones que veinte años después aún no me han abandonado.
- Debo haber dormido mucho... Igual ya es hora de volver a votar...-. Me señaló con un dedo: -Usted, ¿a quien votaría?
Sorprendida, sólo se me ocurrió responder:
-En Nicaragüa no sabría decirle... A quién sea el menos malo... Aunque le aviso de que estamos en agosto de 1997 y me parece que usted se ha pasado de largo las votaciones de enero. Por si no lo sabe, ahora gobierna Arnoldo Alemán, del Partido Liberal.
-¿Ese? No, no. Habría que votar a algún Somoza, sin dudarlo.
- ¿Quiere decir? No tengo muy buenas referencias del apellido. Además, pensaba que ya no quedaba ninguno.
- (Chascó la lengua). Qué mal informada está usted. Todos los países tienen una remesa de Somozas en espera de su momento. A los que no hay que votar es a los Nueve Comandantes Sandinistas.
-¿Por qué?
- Mire usted. La familia Somoza y sus amigos se pasaron más de 40 años en el poder, robando todo lo que pudieron. Así que a esos ya los teníamos cebados y ricos. Pero, ¿qué me dice de los Nueve Comandantes? Todos venían con hambre, cada uno con su ristra de hermanos, hijos, cuñados tontos, yernos listos, amantes, amantes de sus amantes, familia de sus amantes... Y tuvimos que volver a empezar. Imagínese. Destruir y volver a construir. ¡Y a nueve, nada menos! Sólo pensarlo, ya me agoto. Así nos tienen. Agotados...
Nunca me había parado a pensar en esa faceta de la política. Pero vista así, la teoría del individuo pedía un estudio a fondo, quizá hasta una tesis. Me giré hacia la ventanilla para contemplar las nubes, entrando en elucubraciones que veinte años después aún no me han abandonado.
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| Edén Pastora explica gráficamente su técnica negociadora, la del Güegüense, personaje de la picaresca local. (AMªF) |
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| Por San Sebastián, los Güegüenses de Nicaragua toman las calles. |
EDÉN PASTORA Y LA TEORÍA DEL GÜEGÜENSE















