Las hemos visto de rafia o cristal,
ladrillo y hormigón, seda y madera, lona, plástico, hierro, aluminio, vegetales. De gruesas columnas
o perfil de esqueleto. Angulares, de espiral, oblicuas. Señoriales y de puro arte povera. Modernistas y románticas, abstractas,
helenas, faraónicas o intimistas. Unas te dañan la vista y las hay que te las
llevarías a casa para jivarizarlas y colocarlas en tu terraza.
Son las
sombrillas, marquesinas, o parasoles públicos, que atemperan el sol sureño
protegiéndonos y haciendo más grato –casi siempre- nuestro paseo.
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En ésta calle principal de la parte antigua de Águeda, en Portugal, poesía de color en lo alto
y octágonos de sombra en el pavimento |