Foto cabecera

sorolla "Niños corriendo por la playa". Joaquin Sorolla



ANTONIO GAUDÍ Y EL PASTOR DE CERET AL QUE CONSIDERABA, "UNA AUTÉNTICA FLOR DE MONTAÑA" (*)


                                                     

Saludos de nuevo tras esta interrupción

inesperada. Todo bien y gracias por interesaros.



                                       De nuevo aquel mes de octubre de principios del siglo XX, tras reanudar el trabajo después de la convalecencia que lo había vuelto a postrar (1), se avivaron para Gaudí las presiones constructivas en las difíciles obras de La Pedrera. Y el  sufrimiento por la lentitud de sólo un albañil trabajando en la Cripta de la Colonia Güell, más la penuria de medios en la Sagrada Familia y el fracaso comercial en el Parque Güell. Todo ello sin olvidar el triste desenlace de su ansiado proyecto para la capilla del Colegio Teresiano, que se esfumó tras una discusión con la madre superiora.

  En cuanto a sus estancias en Mallorca, basculaban entre la armonía con el obispo Campíns y los escritores que lo visitaban, en contraposición a sus frecuentes conflictos con los canónigos y contratistas, apartado en el que a menudo, las virulentas peleas amenazaban con pasar a mayores. En una ocasión, por no llegar a las manos con el encargado de la calefacción de la Seo mallorquina, Gaudí se quitó el sombrero en un ataque de ira y lo arrojó al suelo (2).            

  No había pasado un buen invierno. Todo apuntaba a que al ir avanzando la primavera, los nervios de Gaudí recaían más y más en su dolencia y como motivo o consecuencia de ese estado empezó a tener escalofríos y fiebre intermitente. Paulatinamente dejó de comer entrando en una postración alarmante. Avisado su amigo el doctor Pedro Santaló, al diagnosticarle un rebrote de las fiebres de Malta decidió alejarlo del ambiente insano de las obras y llevarlo al Pirineo con la idea de que el aire puro de los montes sería el mejor medicamento para aquel organismo, tan castigado en cuerpo y alma. 

   A pesar de ser el médico Santaló hombre de pocas palabras, el entendimiento entre ambos era total, sólo precisaban cruzar una mirada. Conocía bien a Gaudí y su soledad afectiva desde el fallecimiento de su padre en 1906, viviendo en su chalet del Parque Güell con la única compañía de la sobrina enferma cuidada por una religiosa.




       Pastor con flauta. 1508. Il Giorgone.


UNA LUZ EN SU SOLEDAD


DE LOS SIMPSONS A MIGUEL ANGEL. ¡¡¡ ARRIBA LAS IDEAS !!!


                    

                                   

                             
                                      Recuerdo una clase de Bachillerato en un centro de La Salle al que me invitaron hace años para participar en una charla-coloquio con los alumnos. Se trataba de hablarles sobre la vida y obra del arquitecto Antonio Gaudí y contestar a sus preguntas. Pero al verme sola en el aula con los chicos y observar sus expresiones de escepticismo, se me ocurrió abandonar la mesa donde me habían situado, coger la silla y llevarla frente a ellos, cara a cara. Por algo ya había lidiado en mi casa con tres elementos de esas edades y conocía sus mecanismos. 

  Dejé a un lado el orden previsto y empecé a preguntarles directamente, salteando las filas. Si me baso en cómo fueron aumentando a lo largo de la mañana las preguntas y el relato de sus propias experiencias, diría que algo sí logré interesarles por el arte público de la ciudad, edificios y monumentos. Diría. De lo que no tengo duda es de lo mucho que aquel día aprendí de ellos.

  Por ejemplo, descubrir a través de qué vericuetos actuales desconocidos por mí, bastantes de aquellos adolescentes habían llegado a interesarse por el Arte, la Historia y la Literatura.





De Van Goch y su cama, a la ira de Bart Simpsons






La Creación de Adán, de Miguel Ángel Buonarrotti, 1511.
Arriba, Homer Simpson como modelo.
   



ANDURRIALES ALTERNATIVOS DEL SABER

EN LA SAGRADA FAMILIA, "IZA"


 


Después de veinticinco años volví a reencontrar

a Joana, hermosa como si por ella no hubiera

 pasado el tiempo. Según me dijo, con el mismo marido

que la sacó del ático, hijos y una vida de novela. 

Sólo un buen observador habría adivinado en sus ojos 

 el peso de la pena. Un recuerdo, guapa. 

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RELATO  

                     
Original
de Ana Mª Ferrin

RPI



                     Mª del Tránsito, Joana, dio una calada al cigarrillo y se pasó la mano abierta por la frente echando alternativamente la cabeza hacia delante y hacia atrás, sacudiendo la melena y alborotando con los dedos su cabello rojo. Al hacerlo quedó unos segundos inmóvil, apoyada en la baranda de su ático recibiendo el sol en plena cara, sumergida en el estruendo alegre que formaban con su vuelo las gaviotas de la plaza Gaudí. "-¿Sería esto ser meteorotrópica -pensó-, sentirse bien o mal según el clima?"

  Abrió las solapas de su bata de seda naranja para recibir también el sol en el pálido escote. Su mirada, como tantas veces, acortó la distancia que la separaba de los obreros encaramados al templo enfrente suyo, parándose muy especialmente en el oriental de los tirantes cuya amplia espalda, a veces desnuda, le sugería un océano sin fondo en el que hubiera deseado zambullirse.

  Su jornada laboral se prometía movida. Eran las nueve y ya había recibido a su primer cliente. Un trabajito rápido. En tres cuartos de hora el señor JotaBe había iniciado, desarrollado y culminado la faena, rematándola con un whisky. 



Soñaba vestir con el estilo que puede aportar el dinero..... 


UNA BOCA PARA TUMBARSE EN ELLA...