Dos siglos después de que Miguel Ángel dejara en la bóveda vaticana su interpretación de La Creación de Adán, en 1705 el cura Don Juan de Lucio y el administrador Pedro Gómez, ambos al cargo de la ermita de San Bernabé y San Tirso, mandaron a unos artistas hoy desconocidos que pintaran los Diez Martirios de San Tirso en las bóvedas excavadas en la cueva de Ojo Guareña.
En maneras que transitan desde la intención medieval al estilo barroco, los pintores desarrollaron una obra aun hoy fascinante, llena de encanto y singularidad:
...A honra y gloria de Dios y de sus santos y a la devoción de muchos devotos…
DEL MARTIRIO A LOS ALTARES




