Foto cabecera

fashion-985556_960_720 Últimos días azules.





EL TÓTEM MEDITERRÁNEO


RELATO

Original de
Ana Mª Ferrin




                AQUELLA mañana había leído su primer libro electrónico y por esa circunstancia acababa de darse cuenta de que ella, al revés de lo que mucha gente ambiciona, no aspiraba a ser una intelectual, sino una castiza.

   ¿Interesante su lectura? Sí, una experiencia interesante nunca comparable a la de palpar un libro querido.


La niña del bello rostro/ sigue cogiendo aceitunas/ 
con el brazo gris del viento/ ceñido por la cintura.
                                              Federico García Lorca 



    LA OLIVERA 



NAPOLEÓN. VERDE QUE TE MATO, VERDE




Resisto un ocaso de verde veneno...

Poeta en Nueva York. Federico García Lorca



                             El color verde Scheele fabricado a partir del hidrogenoarseniato de cobre (CuHAsO3), fue un color muy utilizado en los papeles pintados y pinturas para decorar paredes a partir del siglo XIX. Debe su nombre al químico sueco Carl Wilhelm Scheele que lo descubrió a finales de 1775, a quien también se debe el hallazgo del oxígeno como elemento independiente.  

   El reconocido científico fue a la vez responsable de la muerte de multitud de personas cuyos vestidos y tapices, naipes y juguetes pintados o teñidos con esta composición, se contaminaron de los mohos producidos por la mezcla de humedad, arsénico y cobre que exhalaban sus correspondientes vahos letales.

   Ayudados por el clima brumoso del norte, la exudación de elementos decorativos, más peligrosos mientras más contenía una habitación, desataron una plaga de mortandad que las autoridades no conseguían atajar. Mientras, el verde manzana se iba convirtiendo en el color de moda que viajaba por toda la Europa elegante. América con los Estados Unidos a la cabeza, Asia, África, no tardarían en seguir la estela verde demandada por sus damas y caballeros.

 Incluida la Casa Longwood, antigua mansión rural perteneciente a la East India Company en la isla de Santa Elena en pleno océano Atlántico, a un tercio de Angola y dos de Brasil. Allí donde Napoleón Bonaparte vivió su destierro de cinco años y medio, 1815-1821, tras sufrir su última derrota en Waterloo. Residencia-prisión donde pidió que reinara su color favorito desde siempre, el verde. Cama verde, alfombras verdes, verdes paredes, tapicería verde.

   Y de vez en cuando, unos juegos. La partida de cartas sobre el verde tapete o echar una partida de billar, rodando las bolas marfil sobre el mullido paño de lana verde pegado a la superficie de la mesa. Actividad esta última muy adecuada al autoproclamado emperador, pues su coterráneo Luis XI ya la disfrutaba en la Edad Media. Envuelto en sus verdes efluvios, transcurría la existencia de Napoleón en la isla británica...

  ... mientras el elemento 33 de la tabla periódica, ¿cavaba su tumba? 


Detalle del cuadro Napoleón en  la Batalla de Austerlitz, de Françoise Gérard





En diversas imágenes, Napoleón y el color verde.

Carl Wilhelm Scheele


EL PELIGRO DEL GUSTO

ANTONIO GAUDÍ. RESPUESTAS/SOBERBIAS, SOBERBIAS/RESPUESTAS



                      
                                 Existe una constante dual entre los escritores que cuentan de Antonio Gaudí habiéndolo conocido, mostrándolo a través del encandilamiento sin paliativos o de una crítica despiadada. De ahí que la mayoría, después de tratarlo en varias ocasiones y convencidos de que aquel hombre hablaba con la luminosidad del vidente, tomaran la decisión de retener mentalmente sus comentarios hasta el momento en que, ya lejos de su presencia intimidante, pudiesen ponerlos por escrito a salvo del olvido.

   Y ha sido hoy, cuando revisando como estoy la complejidad del libro sobre la intimidad del arquitecto que espero por fin terminar este año, he pensado que no estaría mal adelantar algunas gotas de cuál era su comportamiento cuando no había presencias importantes que pudiesen hacer públicas sus salidas extemporáneas. Testimonios sacados de memorias casi desconocidas o de mis propios entrevistados. 

   Prepárense para la sorpresa del nombrado como gigante compasivo al que ya se venera antes de ser beatificado. Porque aparte de su innegable talento, Antonio Gaudí fue, lógicamente, un hombre con todos sus defectos y grandezas. Ahí van algunos arranques sorprendentes (*).


Antonio Gaudí, al fondo fumando un puro, con su padre, su sobrina Rosita y su amigo el doctor Santaló 


A PROPÓSITO DE LA IRA

PABLO NERUDA Y LA ESPUMA DE LOS SIETE MARES




                                              De poeta a poeta, contaba Nicolás Guillén que cuando visitó en Chile a Pablo Neruda en 1946, éste le enseñó con toda ceremonia una caja grande de cartón, donde al abrirla sólo se veía algodón.

                               - ¿Sabes qué son? Caracolas-, me dijo. Y emocionado, acariciándolas con los ojos, Pablo levantó la capa de algodón y me mostró protegidas por una cubierta de cristal una serie de conchas grises de caracolas cuyo nombre en latín era terriblemente complicado y que a mí me parecieron sin ninguna importancia...  


  
Neruda recogiendo caracolas en Playa Negra, Chile.


CUANDO SALÍ AL MAR, FUÍ INFINITO....

(2/2) LA PEDRERA, SU BUHARDILLA Y BARBA CORSINI


                    
                      Hagamos una concesión a la imaginación. Josep Mª Jujol oficiando de generación puente entre su maestro Antonio Gaudí y su alumno Francisco Juan Barba Corsini, fundiendo armoniosamente presente y pasado  para recrear un ambiente flotante, de gran bienestar, en las buhardillas de La Pedrera. Deshaciéndose de la ley del ángulo recto y con sólo un millón de pesetas, en un año, Barba Corsini cuajó una serie de apartamentos numerados del 1 al 14 dándoles trece soluciones distintas -saltándose el 13 por aquello de las supersticiones- e incorporando una serie de innovaciones en arquitectura interior. Entre otras el ladrillo refractario, la ventana pasaplatos como nexo entre cocina y comedor, el panel tapavistas giratorio, el puf moruno forrado de rizo al que añadirá un respaldo, más los parterres de plantas interiores. En blanco, negro y rojo quedaron listos los primeros apartamentos del país, espacios singulares volcados sobre la ciudad con sus terrazas sinuosas de las que un humorista escribió: - ¿Un perro? Que se olviden de tener un perro estos inquilinos. En todo caso, una serpiente.




Vistas desde arriba vemos a las estrechas y sinuosas terrazas de La Pedrera, aptas para serpientes. 2012 (A.Mª.F.)

Bajo las chimeneas y las ventanas de las buhardillas, el perfil ondulado cobija las terrazas de los apartamentos



  ESTROFAS DE PIEDRA Y AGUA

LA PEDRERA, SU BUHARDILLA Y BARBA CORSINI


                       
                         Subí el pasado día 26 de marzo a la azotea de La Pedrera con idea de tomar unos detalles que me faltaban para un trabajo sobre el arquitecto Francisco Juan Barba Corsini. No había vuelto a visitarla desde hacía diez años y al visionar las imágenes de mi cámara, me topé con una de las parejas en las que debía pensar el arquitecto cuando empezó a proyectar los trece apartamentos en que transformó el desván de la casa, en 1955.









El apartamento Nº 2. Como resultó. Tal y como lo encontró 
Barba Corsini. Como lo proyectó. Y en la actualidad. Fotos
de FJBC., Catalá Roca, y la última de AMªF. en 2012

Un proyecto destinado a ser hábitat de jóvenes parejas
como éstos visitantes japoneses de La Pedrera (A.Mª.F.)


Vista completa de La Pedrera. En lo alto bajo las chimeneas, vemos la franja de pequeñas ventanas y estrechas terrazas, donde Barba Corsini convirtió las buhardillas en apartamentos.



UNA HISTORIA EN CUATRO FASES