Foto cabecera

sorolla "Niños corriendo por la playa". Joaquin Sorolla



ANTONIO GAUDÍ, LA SAGRADA FAMILIA Y GALICIA. UNA RELACIÓN A TRES BANDAS


 


                                     En mi último trabajo, la autonomía de Galicia guarda una importante relevancia en cuanto a su relación con Antonio Gaudí a través de varias anécdotas.  

   De basalto se construyeron las ocho columnas de diez lados que rodean la nave transversal del templo de la Sagrada Familia en Barcelona, y con pórfido rosa iraní las cuatro columnas de doce lados que soportarán el peso del gran campanario central de 170 metros. Estas columnas las trabajaron durante años diversos canteros. 

   Entre los más determinantes, la empresa de Manuel Mallo, su propietario ya desaparecido, tiene un lugar de honor en la historia básica del templo. Mallo llegó desde Rábade, en Lugo, a la Sagrada Familia de Barcelona hace sesenta años, buscando la pista de un preciado hilo de sierra para su taller y salió de allí con una serie de encargos que fueron ampliándose, transformando la geología en magia. Como es el caso de los capiteles, auténticos corazones que vivirán por siempre con latido gallego en este templo legendario.

 

   1999.Matilde y Odón Pérez, vecinos de Cádavo-Baleira, 

en Lugo, posan en la factoría junto al capitel adquirido

 por su localidad a la Sagrada Familia de Barcelona (AMªF)


Las columnas del ábside antes de colocarse las 

cubiertas del templo. 1999. (A.Mª.F.)





De iz a der, tres columnas: pórfido iraní con su
rosa característico, oscuro basalto y granito

DE CÁDAVO-BALEIRA A LA SAGRADA FAMILIA

LA INCREÍBLE FASCNACIÓN DEL CANTANTE PRINCE POR ANTONIO GAUDÍ


                                     

                                   

                                             Tras actuar por última vez en Barcelona en agosto de 1993, Prince pasó en la ciudad unas breves vacaciones que tuvieron el efecto de convertirlo en rendido admirador de Antonio Gaudí. Como resultado de aquellos días de ocio y turismo, en 1994 el famoso cantante y compositor autor de Purple Rain y Kiss, lanzaba su álbum Come, anunciado por los medios como el resultado de su inspiración al conocer la obra del arquitecto. Los diez temas se presentaron mostrando en su carátula diversos fragmentos sacros, en especial con la Sagrada Familia como tema.

   Acerca de su sesión fotográfica con el excéntrico y talentoso Prince, la fotógrafa Terry Gydesen, nacida como el músico, en Minneápolis, nos dejó una serie de recuerdos para no perdérselos:

 


Arriba, ante la Sagrada Familia. Debajo, ante la catedral
Barcelona. Fotos del disco COME. (Terry Gydesen)


Prince en Nueva York. 1994. (Al Pereira. Getty Images)



GAUDÍ - PRINCE. UN ENCUENTRO

EL NEOZELANDÉS MARK BURRY, ANTONIO GAUDÍ Y LA INFORMÁTICA



La última vez que vi a Mark Burry fue de 
lejos y desde lo alto. Iba con varios visitantes de la 
Sagrada Familia que escuchaban atentos sus 
explicaciones, que se adivinaban doctas. Mis recuerdos 
volvieroen tropel y se me ocurrió que los años han sido
generosos con él, reforzando la pátina de autoridad que 
este arquitecto amable y agudo ya tenía siendo el joven 
entusiasta que tanto colaboró a que las obras del templo, 
en especial los ventanales, dieran el salto a la
 informatización.


                                       


                                 Hoy les presento al arquitecto Mark Burry, al que entrevisté por primera vez hace veinte años cuando él ya llevaba otros tantos de conocedor gaudiniano. Nos encontrábamos en la Sagrada Familia, cuando se agachó para rebuscar en su maletín y creí distinguir algo de tierra entre sus cabellos, por lo que pensé que serían salpicaduras de las obras. Pero deseché la idea. Me pareció  mucho más lírico, más afín a Gaudí, el imaginar que siendo de Nueva Zelanda, nuestras Antípodas naturales, Burry habría llegado hasta aquí por algún atajo secreto escalando el corazón de la Tierra.  

   Empezó contándome cómo el detonante para su llegada a Barcelona lo disparó la simple referencia oída durante una clase:
   
  - Verá. En la Universidad escuché a un profesor que decía, señalando la imagen de una diapositiva: ...Y aquí, ésto de un tío que se llamaba Gaudí y que hizo unas cosas rarísimas, pero que no creó escuela... Punto. Y como no había formado escuela, pasamos de largo a  la siguiente lección. Pero a mi me quedó grabado aquello del tío rarísimo que yo veía como algo different...

   Lo que sucedió a continuación, fue que a pesar de las diferencias culturales y las de tiempo y lugar, la unión interestelar que se produjo entre ambos iba a dar notables resultados en los vitrales de la Sagrada Familia. 



Así vio en 2010 el dibujante bonaerense Daniel Paz, cómo habría
diseñado Gaudí su ordenador. Que tiemble Appel... (*) 




Mark Burry en las obras de la Sagra Familia. 1999 (A.Mª.F.)


Burry en 2011. (LizaFitzpatrick)

Su trabajo en el templo se ha centrado en los cálculos precisos para integrar las obras en las nuevas tecnologías. 



NUEVA ZELANDA: CÁLCULOS Y VENTANALES

ANDABA YO TENDIDA EN LAS NUBES...


    En un mundo erizado de prisiones,

                             sólo las nubes arden siempre libres…

Nubes. José Emilio Pacheco



                         

                            Lo confieso, pasé mi adolescencia oyendo decir a menudo que yo vivía con la cabeza en las nubes. Y era tan verdad como que muchos domingos me pasaba la mañana tumbada al sol en la azotea sobre una toalla, fabulando y viéndolas esquivar los campanarios barceloneses de Santa Mª del Mar mientras sus contornos se deshilachaban. La culpa no era mía, era del párroco de esa iglesia que un día nos acompañó a los niños de las caramellas a una excursión a las viñas de Alella. Y mientras comíamos, sentados en un bancal junto a unas cepas reventonas, se le ocurrió dirigir nuestra atención hacia los ovillos blancos que flotaban sobre nuestras cabezas (*).

                         -  ¿ Véis esas nubes que son más anchas que altas? Son cúmulos...

  
El caminante sobre el mar de nubes, de Casper Davis Friedrich. (museografo.com)



LAS NUBES, 
QUINTAESENCIA DEL ARTE EFÍMERO



( PARTE 2/2) JOSEP Mª JUJOL, JOHN MALKOVICH Y UN SANTUARIO ÉPICO


Continúa...

 

                                    ...  Mensajes luminosos lanzados al mundo para quien los sepa ver, como ha sido el caso del famoso actor John Malkovich, que hoy puede considerarse un embajador de la obra jujoliana por el mundo.

   A quien le extrañe este dato bastará explicarle que el futuro actor y director había crecido acostumbrado a tener los ojos bien abiertos ante los paisajes naturales y los edificios singulares, curiosidad quizá transmitida por la profesión de su padre, Conservador Ambiental del Estado de Illinois, EE. UU. y editor de una revista.  Desde sus tiempos de estudiante el joven fue desarrollando un interés por la diversa arquitectura que iba encontrando por el mundo a medida que su carrera progresaba, residiendo en distintos países.

    Por ello, el día en que se tropezó con la Casa Planells en el cruce de la avenida Diagonal de Barcelona con la calle Sicilia, su autor Josep Mª Jujol entró de lleno en el universo del artista, quien desde entonces ha visitado varias de las obras sitas en tantas pequeñas localidades de Tarragona donde el creador dejó su huella. Por supuesto, sin dejar pasar la ocasión de presentar una obra escénica en otra construcción del arquitecto, el Teatro Metropol de la ciudad de Tarragona, una experiencia de la que se declaró "-Inmensamente feliz y muy honrado".

 

                                Por lo que dando un vuelco a tanta imaginación, entraremos en el sorprendente catálogo de obras de Josep Mª Jujol, cada una de ellas única por sus características e historia, dando cuenta en primer término, de la homérica construcción por parte de los habitantes de Montferri de su propio Santuario dedicado a la Virgen de Montserrat en esas tierras. 




(Agencia EFE)



(govern.cat)



(https://infocamp.cat/)
Malkovich y el Teatre Metropol de Tarragona, obra de Jujol 




Casa Planells, de Josep Mª Jujol. (https://www.catalunyamagrada.cat/)

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Proyecto original de Josep Mª Jujol para el Santuario de Montferri 
(Cátedra Gaudí)



UN ESTALLIDO BRILLANTE 

ADIÓS A TERESA JUJOL GIBERT. HIJA DEL ARQUITECTO JOSEP Mª JUJOL


                                                   El pasado viernes día 8 partía hacía el infinito a los 93 años, Teresa Jujol Gibert, una de los tres hijos del arquitecto Josep Mª Jujol. Técnico y artista, conocido en un principio por los toques mágicos que redondearon buena parte de la obra civil de Antonio Gaudí. Y ya en la actualidad, valorado desde hace años por su propia obra constructiva, genial, como el revolucionario anticipador de estilos que fue en su tiempo.

   Mucho me hubiera gustado escribir un recuerdo de Teresa haciendo un perfil documentado de su personalidad y preparación. Contar anécdotas de su vida de profesora, "digamos más bien que sólo soy maestra"- me puntualizó un día. Casi nada de eso ha sido posible por el momento, tras fallecer en 2015 su hermana Tecla, Q.P.D. y no encontrándose el ser más cercano, su hermano Josep Mª, en situación de ser molestado tras las pérdidas. 

  Por todo ello empezaré este recordatorio desde el conocimiento particular a través de las varias ocasiones en que coincidimos, habiendo conversado con Teresa y sus hermanos en sus casas de Barcelona y Tarragona, así como en diversas exposiciones y presentaciones de libros.  



Teresa y Josep Mª Jujol hijo, acompañando a la figura de 
Antonio Gaudí, en Riudoms. (Xavier Fortuny Torres). 2019



Josep Mª Jujol a los 38 años. Retrato para su novia, Teresa Gibert



Josep Mª Jujol y su esposa Teresa Gibert .



La Casa Negre de Sant Joan Despí, Barcelona. Obra de Jujol. (4)



Torre Gibert. (O de la Creu, o Dels Ous). St. Joan Despí. Barcelona. Obra de Jujol



Casa Planells en Barcelona. Obra de Jujol



Santuario de Ntra. Sra. de Monserrat, en Montferri, Tarragona. Obra de Jujol



JOSEP Mª JUJOL. MODERNISMO SURREALISTA

(PARTE 3/3) EL DÍA EN QUE ME TRANSFORMÉ EN JOHN LE CARRÉ


 

Continúa...

                              

                                       Al abrirse con dificultad la puerta por donde debía pasar, pude ver el pequeño descansillo que daba inicio a la escalera, con una docena de empinados peldaños que terminaban en un pasillo de unos 15 metros de largo y menos de 1 de ancho, en cuyo techo dos puntos de luz mortecina destacaban los desconchones grises de la pintura, tan grises como las diversas puertas cerradas que mostraban las paredes.

 El corredor sin salida cerraba al fondo con otra puerta mayor,  entreabierta, por donde escapaban a la vez un chorro de luz y una sonora  conversación, múltiple e ininteligible, punteada de sonidos cristalinos que fui incapaz de identificar. Habíamos bajado la mitad del tramo, cuando el busca o mensáfono, aquel pequeño artilugio que antes de la aparición de la telefonía móvil se acostumbraba a llevar unido al cinturón para recibir avisos y mensajes, informó a mi acompañante de que subiera rápido porque tenían un imprevisto.   

  Moncada se despidió rápido con un apretón de manos, desandó lo andado en dos saltos y ya en el rellano antes de salir se giró para indicarme que siguiera hacia la luz, que allí encontraría a Lila. Añadiendo que  antes de irme pasara a verlo para que me devolvieran el documento de identidad. 

   Lo vi subir, clavada, sin moverme de aquel punto, dudando entre echar a correr arriba tras él o seguir sus indicaciones hacia la puerta final. No podría explicar el por qué me lancé a seguir bajando, cuando de haber podido decidir por sí mismos estoy segura de que tanto mi cerebro como mis piernas me habrían abandonado allí mismo, en el sexto peldaño. El tiempo que permanecí parada nunca sabré lo que duró. El miedo es un tic tac sin control, paralizante.

   Los interrogantes bailaban en mi cabeza. La puerta superior por la que habíamos pasado: ¿Habría cedido a mi empuje de haber intentado salir por mi cuenta? Y la entrada brillante que parecía esperarme al fondo: ¿Guardaría algo siniestro tras su prometedora claridad?  

   Como impulsada por un toque mágico ya que no fui consciente de haber andado hasta allí, me vi apretando con las dos manos el acceso indicado por el jefe, descubriendo una realidad tan insólita que acabó por descolocarme.



Janet Leigh en un fotograma de Psicosis (*)


EL FIN DE LA INOCENCIA

(2/3ª PARTE) EL DÍA QUE ME TRANSFORMÉ EN JOHN LE CARRÉ.


 Continuación... 


                                 Mi querida amiga Jeannineel ser más bondadoso que he conocido, nos abrió la puerta de su apartamento en la acera de enfrente y acogió a nuestras hijas, locas de alegría por lo bien que se lo pasaban con aquella antigua maestra ya en reposo, tan cariñosa y divertida.

 Como toda mujer que acostumbra a maquillarse a conciencia y diariamente, si tenías ocasión de verla antes de someterse a su cotidiana sesión artística te llevabas la sorpresa de que su rostro parecía carecer de rasgos. Hermosa cincuentañera rubia, muy blanca, al encontrarla desprovista del habitual dorado y rosa de sus mejillas, faltándole el complicado entramado de sombras y líneas enmarcando el azul de sus ojos, sin cejas pobladas ni largas pestañas añadidas que acompasaran los parpadeos que prodigaba con gracia. Y aún más, si su visión te pillaba distraída, impactaba. 

   Un día me dijo con guasa, que cuando se veía en el espejo por la mañana desmaquillada por completo, ella misma se recordaba a una geisha a la que hubieran olvidado pintar de rojo los labios...


  

... Con la atmósfera brillante de la Fiesta, Lila olvidó que mostraba lo inexistente... (*)


LA MUJER QUE IBA SABIENDO DEMASIADO

EL DÍA QUE ME TRANSFORMÉ EN JOHN LE CARRÉ (PARTE 1ª)


                                   

RELATO

 

Original de 

Ana Mª Ferrin

                                             

                           El cantante uruguayo Jorge Drexler nunca sabrá, que esta mañana del 3 de junio de 2022, mientras Alberto Herrera lo entrevistaba en la radio y el músico evocaba los avatares de su padre médico durante la dictadura, ha desempolvado en cierta oyente un recuerdo oculto largas décadas en su mente. Algo inconexo, chirriante, silenciado en esos días  sin buscar más explicaciones a su contenido. Sin generar preguntas que lo aclararan. O más bien, quizá, evitándolas. 


           ... Con unas cervezas y rodeada de colegas (*)...

UNA JORNADA PARTICULAR


ANTONIO GAUDÍ Y EL PASTOR DE CERET AL QUE CONSIDERABA, "UNA AUTÉNTICA FLOR DE MONTAÑA" (*)


                                                     

Saludos de nuevo tras esta interrupción

inesperada. Todo bien y gracias por interesaros.



                                       De nuevo aquel mes de octubre de principios del siglo XX, tras reanudar el trabajo después de la convalecencia que lo había vuelto a postrar (1), se avivaron para Gaudí las presiones constructivas en las difíciles obras de La Pedrera. Y el  sufrimiento por la lentitud de sólo un albañil trabajando en la Cripta de la Colonia Güell, más la penuria de medios en la Sagrada Familia y el fracaso comercial en el Parque Güell. Todo ello sin olvidar el triste desenlace de su ansiado proyecto para la capilla del Colegio Teresiano, que se esfumó tras una discusión con la madre superiora.

  En cuanto a sus estancias en Mallorca, basculaban entre la armonía con el obispo Campíns y los escritores que lo visitaban, en contraposición a sus frecuentes conflictos con los canónigos y contratistas, apartado en el que a menudo, las virulentas peleas amenazaban con pasar a mayores. En una ocasión, por no llegar a las manos con el encargado de la calefacción de la Seo mallorquina, Gaudí se quitó el sombrero en un ataque de ira y lo arrojó al suelo (2).            

  No había pasado un buen invierno. Todo apuntaba a que al ir avanzando la primavera, los nervios de Gaudí recaían más y más en su dolencia y como motivo o consecuencia de ese estado empezó a tener escalofríos y fiebre intermitente. Paulatinamente dejó de comer entrando en una postración alarmante. Avisado su amigo el doctor Pedro Santaló, al diagnosticarle un rebrote de las fiebres de Malta decidió alejarlo del ambiente insano de las obras y llevarlo al Pirineo con la idea de que el aire puro de los montes sería el mejor medicamento para aquel organismo, tan castigado en cuerpo y alma. 

   A pesar de ser el médico Santaló hombre de pocas palabras, el entendimiento entre ambos era total, sólo precisaban cruzar una mirada. Conocía bien a Gaudí y su soledad afectiva desde el fallecimiento de su padre en 1906, viviendo en su chalet del Parque Güell con la única compañía de la sobrina enferma cuidada por una religiosa.




       Pastor con flauta. 1508. Il Giorgone.


UNA LUZ EN SU SOLEDAD