Foto cabecera

Itsi Amairani. "PERFECCIÓN" (I. A.)



TERRY VENABLES. ENTRE EL BALÓN Y LA PLUMA


                                          

                                         En el kiosco donde solemos comprar la prensa han instalado unas mesitas con cajas de libros usados a disposición de los clientes. Los pequeños carteles sobresaliendo de cada grupo nos informan de qué tratan y raro será el niño, adolescente o adulto que llegue para otras compras, pase por delante y no se pare a investigar la improvisada librería, consultando al señor Juan sobre los títulos.

Me detengo, ojeo. Me sorprende un ejemplar con la sonriente imagen de Terry Venables y lo tomo. Son sus memorias, Born to Manage. Recuerdos que me transportan al periódico Sant Andreu Expréss, uno de los primeros medios en que publiqué entrevistas. Entre ellas, al entonces entrenador del F. C. Barcelona (1984-1987) con motivo de sus inicios como escritor de novela negra.

Estando estos días en plena celebración del Campeonato Mundial de Fútbol de Qatar, la curiosidad me lleva a buscar en mi archivo, el diario y la página de aquella experiencia con quien fuera en su momento seleccionador nacional de Inglaterra y Australia. 

A saber cómo debí desenvolverme... 



Terry Venables durante la entrevista con Ana Mª Ferrin. 1987





Su autobiografía. 2015



El equipo con la primera Liga de Venables. 



POLIFACÉTICO ENTRENADOR Y CONSUMADO LITERATO


CON GAUDÍ TODO ES POSIBLE. UNA TESIS HACIA LA FAMA


                                  Viendo como mi amigo Deng, chino de Shangái recriado en Sabadell, se apasionaba por momentos explicándole la biografía de Antonio Gaudí a un pequeño grupo de taiwaneses, se me ocurrió preguntarle a su novia qué episodio les estaba contando, porque sus compatriotas ya tenían los ojos redondos a fuerza de abrirlos entre expresiones de terror y admiración. Ante la fachada del Nacimiento en la Sagrada Familia, los ¡Ah! OOh! ¡Ay!, de aquellos turistas se sucedían, llevándose las manos a los ojos y la boca, al pecho. Una señora apretaba los puños mordiéndose los labios. Algo empezó a inquietarme.

    -Linda, por favor –le pedí a Linda, su novia-. Dime qué les está contando.

  Con flema oriental, Linda agarró el hilo del relato y empezó a traducirme:

   - …Y entonces Gaudí, furioso, agarró a la mujer que lo había rechazado y la empujó hasta el fondo del agua en la playa de Mataró. Estaba loco de celos. La ahogaría. Si no iba a ser para él, no iba a ser para nadie. Por suerte sus amigos arquitectos habían visto todo y se tiraron al agua para impedir el crimen. Gracias a Dios no la mató… Ese mismo día Gaudí se encerró a vivir en la Sagrada Familia y ya no salió de allí jamás, hasta su muerte… 

    
A esas alturas de la narración era yo la que tenía los ojos a punto de salírseme de las cuencas. Decidí hablar con mi amigo y frenarlo: 

    -  Pero Deng, ¿Qué le estás contando a éstas personas? –le dije en un aparte-. Tú has leído mis libros y sabes que nada de lo que dices es verdad, ¿de dónde has sacado esa historia?

   -  Es verdad, todo me lo estoy inventando. Mira a esta gente. ¿Sabes lo que significa este viaje para ellos? Todos tienen más de sesenta años, han trabajado desde niños como fieras y nunca habían salido de su aldea hasta ahora, seguramente será la única experiencia excitante de su vida y gracias a mí no la olvidarán nunca. Tú déjame, que yo sé lo que me hago.

      Guiñando un ojo, añadió:

    - No te vayas y prepárate. Porque ahora les contaré cuando Gaudí se subió en un globo que arrastraba por el aire una pancarta pidiendo limosnas para las obras y sobrevoló toda Barcelona, con la gente saliendo a las calles y tirando cohetes y tracas para saludarlo -medio tapándose la boca con una mano añadió divertido-. Eso de la pólvora los volverá locos.

    La situación era tan delirante que me dejó muda. Preferí no agotarme tratando de rebatir sus argumentos porque a un chino pasado por Sabadell no se le convence fácilmente. Y allí lo dejé, frente a la fachada del Nacimiento rodeado por sus paisanos, que seguían arrobados las evoluciones del dedo índice de Deng señalando al cielo, con la esperanza de ver aparecer a Gaudí entre las nubes, saludando como un nuevo hermano Montgolfier desde la cesta de un globo. 




2005. Restaurante Pitarra. Iz. J.Mª Subirachs, A.Mª.Ferrin, Bassegoda,
M.F.Ruiz de Villalobos, J.Luis Barcelona y el organista B. Bailbé (A.Mª.F.)





El derroche imaginativo de Gaudí al componer sus obras despierta la
creatividad de quienes las contemplan. Así, que, ¿por qué no, a su vez, reinventar?  

  

UN CONSEJO DE JOAN BASSEGODA NONELL


LLUIS GRANER, EL FABULOSO PINTOR DEL PETRÓLEO


                                                   

                                          Flota por el lienzo un denso perfume, violentos aromas con millones de años a cuestas. Fósiles de ámbar y flores traídos al arte y el hogar entre los siglos XVIII y XIX.

   A través de sus manos, los artistas del petróleo nos dejaron el halo mágico de sus obras flamígeras, ondeando las estancias en un juego chinesco de sombras que fijaban en los rostros de sus personajes las más delicadas expresiones del sentimiento. 

  Entre ellos, mi preferido, Lluís Graner, el pintor realista que logró introducirnos en un mundo que apareció de sopetón en los hogares como la gran novedad de la época en iluminación. Tan rápida como breve fue la presencia de su luz, fugaz espacio entre velas y bombillas.    

  Aunque de vez en cuando, se dan ciertas ocasiones en que se presenta el apagón eléctrico tanto en las ciudades como en el más recóndito pueblo. Vuelve entonces el momento glorioso del quinqué, ese en el que ciertas manos familiares desempolvan la antigua lámpara de la abuela para transformar la reunión en un cuadro de Lluís Graner.  

     



Luís Graner Arrufi en su juventud



                                      Françoise Pierre Aimé Argand

 


El farmacéutico francés, Antoine Quinquet


EL INGENIO DE MONSIEUR QUINQUET

ESCULTURA ZOOLÓGICA. ARTE MECÁNICO CON PIEZAS RECICLADAS.


 


                     El ingeniero de Robot, se dijo:

“Hagamos a Robot a nuestra imagen

y nuestra semejanza”.


Y compuso a Robot, cierta noche de hierro,

bajo el signo del hierro...

Más triste

que un parto mineral.


Sobre sus pies de alambre 

la Electrónica,

ciñendo los laureles robados a una musa,

lo amamantó en sus pechos

 agrios de logaritmos...

POEMA DE ROBOT. Fragmento. 

Leopoldo Marechal



CUANDO LOS RESIDUOS SE ANIMALIZAN

EL NEOZELANDÉS MARK BURRY, ANTONIO GAUDÍ Y LA INFORMÁTICA



La última vez que vi a Mark Burry fue de 
lejos y desde lo alto. Iba con varios visitantes de la 
Sagrada Familia que escuchaban atentos sus 
explicaciones, que se adivinaban doctas. Mis recuerdos 
volvieroen tropel y se me ocurrió que los años han sido
generosos con él, reforzando la pátina de autoridad que 
este arquitecto amable y agudo ya tenía siendo el joven 
entusiasta que tanto colaboró a que las obras del templo, 
en especial los ventanales, dieran el salto a la
 informatización.


                                       


                                 Hoy les presento al arquitecto Mark Burry, al que entrevisté por primera vez hace veinte años cuando él ya llevaba otros tantos de conocedor gaudiniano. Nos encontrábamos en la Sagrada Familia, cuando se agachó para rebuscar en su maletín y creí distinguir algo de tierra entre sus cabellos, por lo que pensé que serían salpicaduras de las obras. Pero deseché la idea. Me pareció  mucho más lírico, más afín a Gaudí, el imaginar que siendo de Nueva Zelanda, nuestras Antípodas naturales, Burry habría llegado hasta aquí por algún atajo secreto escalando el corazón de la Tierra.  

   Empezó contándome cómo el detonante para su llegada a Barcelona lo disparó la simple referencia oída durante una clase:
   
  - Verá. En la Universidad escuché a un profesor que decía, señalando la imagen de una diapositiva: ...Y aquí, ésto de un tío que se llamaba Gaudí y que hizo unas cosas rarísimas, pero que no creó escuela... Punto. Y como no había formado escuela, pasamos de largo a  la siguiente lección. Pero a mi me quedó grabado aquello del tío rarísimo que yo veía como algo different...

   Lo que sucedió a continuación, fue que a pesar de las diferencias culturales y las de tiempo y lugar, la unión interestelar que se produjo entre ambos iba a dar notables resultados en los vitrales de la Sagrada Familia. 



Así vio en 2010 el dibujante bonaerense Daniel Paz, cómo habría
diseñado Gaudí su ordenador. Que tiemble Appel... (*) 




Mark Burry en las obras de la Sagra Familia. 1999 (A.Mª.F.)


Burry en 2011. (LizaFitzpatrick)

Su trabajo en el templo se ha centrado en los cálculos precisos para integrar las obras en las nuevas tecnologías. 



NUEVA ZELANDA: CÁLCULOS Y VENTANALES

ANDABA YO TENDIDA EN LAS NUBES...


    En un mundo erizado de prisiones,

                             sólo las nubes arden siempre libres…

Nubes. José Emilio Pacheco



                         

                            Lo confieso, pasé mi adolescencia oyendo decir a menudo que yo vivía con la cabeza en las nubes. Y era tan verdad como que muchos domingos me pasaba la mañana tumbada al sol en la azotea sobre una toalla, fabulando y viéndolas esquivar los campanarios barceloneses de Santa Mª del Mar mientras sus contornos se deshilachaban. La culpa no era mía, era del párroco de esa iglesia que un día nos acompañó a los niños de las caramellas a una excursión a las viñas de Alella. Y mientras comíamos, sentados en un bancal junto a unas cepas reventonas, se le ocurrió dirigir nuestra atención hacia los ovillos blancos que flotaban sobre nuestras cabezas (*).

                         -  ¿ Véis esas nubes que son más anchas que altas? Son cúmulos...

  
El caminante sobre el mar de nubes, de Casper Davis Friedrich. (museografo.com)



LAS NUBES, 
QUINTAESENCIA DEL ARTE EFÍMERO



( PARTE 2/2) JOSEP Mª JUJOL, JOHN MALKOVICH Y UN SANTUARIO ÉPICO


Continúa...

 

                                    ...  Mensajes luminosos lanzados al mundo para quien los sepa ver, como ha sido el caso del famoso actor John Malkovich, que hoy puede considerarse un embajador de la obra jujoliana por el mundo.

   A quien le extrañe este dato bastará explicarle que el futuro actor y director había crecido acostumbrado a tener los ojos bien abiertos ante los paisajes naturales y los edificios singulares, curiosidad quizá transmitida por la profesión de su padre, Conservador Ambiental del Estado de Illinois, EE. UU. y editor de una revista.  Desde sus tiempos de estudiante el joven fue desarrollando un interés por la diversa arquitectura que iba encontrando por el mundo a medida que su carrera progresaba, residiendo en distintos países.

    Por ello, el día en que se tropezó con la Casa Planells en el cruce de la avenida Diagonal de Barcelona con la calle Sicilia, su autor Josep Mª Jujol entró de lleno en el universo del artista, quien desde entonces ha visitado varias de las obras sitas en tantas pequeñas localidades de Tarragona donde el creador dejó su huella. Por supuesto, sin dejar pasar la ocasión de presentar una obra escénica en otra construcción del arquitecto, el Teatro Metropol de la ciudad de Tarragona, una experiencia de la que se declaró "-Inmensamente feliz y muy honrado".

 

                                Por lo que dando un vuelco a tanta imaginación, entraremos en el sorprendente catálogo de obras de Josep Mª Jujol, cada una de ellas única por sus características e historia, dando cuenta en primer término, de la homérica construcción por parte de los habitantes de Montferri de su propio Santuario dedicado a la Virgen de Montserrat en esas tierras. 




(Agencia EFE)



(govern.cat)



(https://infocamp.cat/)
Malkovich y el Teatre Metropol de Tarragona, obra de Jujol 




Casa Planells, de Josep Mª Jujol. (https://www.catalunyamagrada.cat/)

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Proyecto original de Josep Mª Jujol para el Santuario de Montferri 
(Cátedra Gaudí)



UN ESTALLIDO BRILLANTE 

ADIÓS A TERESA JUJOL GIBERT. HIJA DEL ARQUITECTO JOSEP Mª JUJOL


                                                   El pasado viernes día 8 partía hacía el infinito a los 93 años, Teresa Jujol Gibert, una de los tres hijos del arquitecto Josep Mª Jujol. Técnico y artista, conocido en un principio por los toques mágicos que redondearon buena parte de la obra civil de Antonio Gaudí. Y ya en la actualidad, valorado desde hace años por su propia obra constructiva, genial, como el revolucionario anticipador de estilos que fue en su tiempo.

   Mucho me hubiera gustado escribir un recuerdo de Teresa haciendo un perfil documentado de su personalidad y preparación. Contar anécdotas de su vida de profesora, "digamos más bien que sólo soy maestra"- me puntualizó un día. Casi nada de eso ha sido posible por el momento, tras fallecer en 2015 su hermana Tecla, Q.P.D. y no encontrándose el ser más cercano, su hermano Josep Mª, en situación de ser molestado tras las pérdidas. 

  Por todo ello empezaré este recordatorio desde el conocimiento particular a través de las varias ocasiones en que coincidimos, habiendo conversado con Teresa y sus hermanos en sus casas de Barcelona y Tarragona, así como en diversas exposiciones y presentaciones de libros.  



Teresa y Josep Mª Jujol hijo, acompañando a la figura de 
Antonio Gaudí, en Riudoms. (Xavier Fortuny Torres). 2019



Josep Mª Jujol a los 38 años. Retrato para su novia, Teresa Gibert



Josep Mª Jujol y su esposa Teresa Gibert .



La Casa Negre de Sant Joan Despí, Barcelona. Obra de Jujol. (4)



Torre Gibert. (O de la Creu, o Dels Ous). St. Joan Despí. Barcelona. Obra de Jujol



Casa Planells en Barcelona. Obra de Jujol



Santuario de Ntra. Sra. de Monserrat, en Montferri, Tarragona. Obra de Jujol



JOSEP Mª JUJOL. MODERNISMO SURREALISTA

(PARTE 3/3) EL DÍA EN QUE ME TRANSFORMÉ EN JOHN LE CARRÉ


 

Continúa...

                              

                                       Al abrirse con dificultad la puerta por donde debía pasar, pude ver el pequeño descansillo que daba inicio a la escalera, con una docena de empinados peldaños que terminaban en un pasillo de unos 15 metros de largo y menos de 1 de ancho, en cuyo techo dos puntos de luz mortecina destacaban los desconchones grises de la pintura, tan grises como las diversas puertas cerradas que mostraban las paredes.

 El corredor sin salida cerraba al fondo con otra puerta mayor,  entreabierta, por donde escapaban a la vez un chorro de luz y una sonora  conversación, múltiple e ininteligible, punteada de sonidos cristalinos que fui incapaz de identificar. Habíamos bajado la mitad del tramo, cuando el busca o mensáfono, aquel pequeño artilugio que antes de la aparición de la telefonía móvil se acostumbraba a llevar unido al cinturón para recibir avisos y mensajes, informó a mi acompañante de que subiera rápido porque tenían un imprevisto.   

  Moncada se despidió rápido con un apretón de manos, desandó lo andado en dos saltos y ya en el rellano antes de salir se giró para indicarme que siguiera hacia la luz, que allí encontraría a Lila. Añadiendo que  antes de irme pasara a verlo para que me devolvieran el documento de identidad. 

   Lo vi subir, clavada, sin moverme de aquel punto, dudando entre echar a correr arriba tras él o seguir sus indicaciones hacia la puerta final. No podría explicar el por qué me lancé a seguir bajando, cuando de haber podido decidir por sí mismos estoy segura de que tanto mi cerebro como mis piernas me habrían abandonado allí mismo, en el sexto peldaño. El tiempo que permanecí parada nunca sabré lo que duró. El miedo es un tic tac sin control, paralizante.

   Los interrogantes bailaban en mi cabeza. La puerta superior por la que habíamos pasado: ¿Habría cedido a mi empuje de haber intentado salir por mi cuenta? Y la entrada brillante que parecía esperarme al fondo: ¿Guardaría algo siniestro tras su prometedora claridad?  

   Como impulsada por un toque mágico ya que no fui consciente de haber andado hasta allí, me vi apretando con las dos manos el acceso indicado por el jefe, descubriendo una realidad tan insólita que acabó por descolocarme.



Janet Leigh en un fotograma de Psicosis (*)


EL FIN DE LA INOCENCIA

(2/3ª PARTE) EL DÍA QUE ME TRANSFORMÉ EN JOHN LE CARRÉ.


 Continuación... 


                                 Mi querida amiga Jeannineel ser más bondadoso que he conocido, nos abrió la puerta de su apartamento en la acera de enfrente y acogió a nuestras hijas, locas de alegría por lo bien que se lo pasaban con aquella antigua maestra ya en reposo, tan cariñosa y divertida.

 Como toda mujer que acostumbra a maquillarse a conciencia y diariamente, si tenías ocasión de verla antes de someterse a su cotidiana sesión artística te llevabas la sorpresa de que su rostro parecía carecer de rasgos. Hermosa cincuentañera rubia, muy blanca, al encontrarla desprovista del habitual dorado y rosa de sus mejillas, faltándole el complicado entramado de sombras y líneas enmarcando el azul de sus ojos, sin cejas pobladas ni largas pestañas añadidas que acompasaran los parpadeos que prodigaba con gracia. Y aún más, si su visión te pillaba distraída, impactaba. 

   Un día me dijo con guasa, que cuando se veía en el espejo por la mañana desmaquillada por completo, ella misma se recordaba a una geisha a la que hubieran olvidado pintar de rojo los labios...


  

... Con la atmósfera brillante de la Fiesta, Lila olvidó que mostraba lo inexistente... (*)


LA MUJER QUE IBA SABIENDO DEMASIADO

EL DÍA QUE ME TRANSFORMÉ EN JOHN LE CARRÉ (PARTE 1ª)


                                   

RELATO

 

Original de 

Ana Mª Ferrin

                                             

                           El cantante uruguayo Jorge Drexler nunca sabrá, que esta mañana del 3 de junio de 2022, mientras Alberto Herrera lo entrevistaba en la radio y el músico evocaba los avatares de su padre médico durante la dictadura, ha desempolvado en cierta oyente un recuerdo oculto largas décadas en su mente. Algo inconexo, chirriante, silenciado en esos días  sin buscar más explicaciones a su contenido. Sin generar preguntas que lo aclararan. O más bien, quizá, evitándolas. 


           ... Con unas cervezas y rodeada de colegas (*)...

UNA JORNADA PARTICULAR


ANTONIO GAUDÍ Y EL PASTOR DE CERET AL QUE CONSIDERABA, "UNA AUTÉNTICA FLOR DE MONTAÑA" (*)


                                                     

Saludos de nuevo tras esta interrupción

inesperada. Todo bien y gracias por interesaros.



                                       De nuevo aquel mes de octubre de principios del siglo XX, tras reanudar el trabajo después de la convalecencia que lo había vuelto a postrar (1), se avivaron para Gaudí las presiones constructivas en las difíciles obras de La Pedrera. Y el  sufrimiento por la lentitud de sólo un albañil trabajando en la Cripta de la Colonia Güell, más la penuria de medios en la Sagrada Familia y el fracaso comercial en el Parque Güell. Todo ello sin olvidar el triste desenlace de su ansiado proyecto para la capilla del Colegio Teresiano, que se esfumó tras una discusión con la madre superiora.

  En cuanto a sus estancias en Mallorca, basculaban entre la armonía con el obispo Campíns y los escritores que lo visitaban, en contraposición a sus frecuentes conflictos con los canónigos y contratistas, apartado en el que a menudo, las virulentas peleas amenazaban con pasar a mayores. En una ocasión, por no llegar a las manos con el encargado de la calefacción de la Seo mallorquina, Gaudí se quitó el sombrero en un ataque de ira y lo arrojó al suelo (2).            

  No había pasado un buen invierno. Todo apuntaba a que al ir avanzando la primavera, los nervios de Gaudí recaían más y más en su dolencia y como motivo o consecuencia de ese estado empezó a tener escalofríos y fiebre intermitente. Paulatinamente dejó de comer entrando en una postración alarmante. Avisado su amigo el doctor Pedro Santaló, al diagnosticarle un rebrote de las fiebres de Malta decidió alejarlo del ambiente insano de las obras y llevarlo al Pirineo con la idea de que el aire puro de los montes sería el mejor medicamento para aquel organismo, tan castigado en cuerpo y alma. 

   A pesar de ser el médico Santaló hombre de pocas palabras, el entendimiento entre ambos era total, sólo precisaban cruzar una mirada. Conocía bien a Gaudí y su soledad afectiva desde el fallecimiento de su padre en 1906, viviendo en su chalet del Parque Güell con la única compañía de la sobrina enferma cuidada por una religiosa.




       Pastor con flauta. 1508. Il Giorgone.


UNA LUZ EN SU SOLEDAD


DE LOS SIMPSONS A MIGUEL ANGEL. ¡¡¡ ARRIBA LAS IDEAS !!!


                    

                                   

                             
                                      Recuerdo una clase de Bachillerato en un centro de La Salle al que me invitaron hace años para participar en una charla-coloquio con los alumnos. Se trataba de hablarles sobre la vida y obra del arquitecto Antonio Gaudí y contestar a sus preguntas. Pero al verme sola en el aula con los chicos y observar sus expresiones de escepticismo, se me ocurrió abandonar la mesa donde me habían situado, coger la silla y llevarla frente a ellos, cara a cara. Por algo ya había lidiado en mi casa con tres elementos de esas edades y conocía sus mecanismos. 

  Dejé a un lado el orden previsto y empecé a preguntarles directamente, salteando las filas. Si me baso en cómo fueron aumentando a lo largo de la mañana las preguntas y el relato de sus propias experiencias, diría que algo sí logré interesarles por el arte público de la ciudad, edificios y monumentos. Diría. De lo que no tengo duda es de lo mucho que aquel día aprendí de ellos.

  Por ejemplo, descubrir a través de qué vericuetos actuales desconocidos por mí, bastantes de aquellos adolescentes habían llegado a interesarse por el Arte, la Historia y la Literatura.





De Van Goch y su cama, a la ira de Bart Simpsons






La Creación de Adán, de Miguel Ángel Buonarrotti, 1511.
Arriba, Homer Simpson como modelo.
   



ANDURRIALES ALTERNATIVOS DEL SABER

EN LA SAGRADA FAMILIA, "IZA"


 


Después de veinticinco años volví a reencontrar

a Joana, hermosa como si por ella no hubiera

 pasado el tiempo. Según me dijo, con el mismo marido

que la sacó del ático, hijos y una vida de novela. 

Sólo un buen observador habría adivinado en sus ojos 

 el peso de la pena. Un recuerdo, guapa. 

.


RELATO  

                     
Original
de Ana Mª Ferrin

RPI



                     Mª del Tránsito, Joana, dio una calada al cigarrillo y se pasó la mano abierta por la frente echando alternativamente la cabeza hacia delante y hacia atrás, sacudiendo la melena y alborotando con los dedos su cabello rojo. Al hacerlo quedó unos segundos inmóvil, apoyada en la baranda de su ático recibiendo el sol en plena cara, sumergida en el estruendo alegre que formaban con su vuelo las gaviotas de la plaza Gaudí. "-¿Sería esto ser meteorotrópica -pensó-, sentirse bien o mal según el clima?"

  Abrió las solapas de su bata de seda naranja para recibir también el sol en el pálido escote. Su mirada, como tantas veces, acortó la distancia que la separaba de los obreros encaramados al templo enfrente suyo, parándose muy especialmente en el oriental de los tirantes cuya amplia espalda, a veces desnuda, le sugería un océano sin fondo en el que hubiera deseado zambullirse.

  Su jornada laboral se prometía movida. Eran las nueve y ya había recibido a su primer cliente. Un trabajito rápido. En tres cuartos de hora el señor JotaBe había iniciado, desarrollado y culminado la faena, rematándola con un whisky. 



Soñaba vestir con el estilo que puede aportar el dinero..... 


UNA BOCA PARA TUMBARSE EN ELLA...

SUBIRACHS y RAQUEL WELCH: "A MEXICO"



                                Cuando en la primera conversación que mantuvimos en 1986, le pregunté a Josep Mª Subirachs el por qué creía que le habían elegido precisamente a él para realizar toda la obra escultórica de la Fachada de La Pasión, en la Sagrada Familia, su respuesta fue concluyente: -Estaba predestinado. Por un lado, era lo bastante loco como para meterme a vivir dentro del templo como un artesano medieval. Y por otro, yo era el único escultor con garantía de que sus obras podrían durar una eternidad, ya que habían resistido incendios y terremotos.

   

Con look espacial de 1970, Raquel Welch baila ante la Estación
 nº 11 de Subirachs, A Méxicoen La Ruta de la Amistad 



Subirachs en el centro, junto a su obra. (J.Mª.S.)
 


EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE 1968