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OCASO EN CONIL "OCASO EN CONIL", CÁDIZ, ESPAÑA. (Áfrika Martínez Ferrin)



EL TACTO EN LA PINTURA. EL QUINTO SENTIDO


                            


Hombre, toca.
Toca todo lo que te provoca;
seno, pluma, roca...
    
Dámaso Alonso




                                   Para representar el último de nuestros sentidos, Jan Brueghel el Viejo contó, además de con su amigo Pedro Pablo Rubens para dar forma a Venus y Cupido, con lo aprendido de su abuela, María Bessemers, famosa miniaturista. No sólo por su preferencia al vestir de terciopelo se le llamó a Brueguel, Jan Velours (terciopelo). También a su delicadeza colocando exquisitos detalles en sus cuadros se debió el sobrenombre.    

   Son infinidad las sensaciones producidas por el quinto sentido que asaltan al observador cuando contempla esta Alegoría del Tacto. De la picadura del escorpión al palo que golpea a un asno. La quemazón del hierro en la fragua, la frialdad del acero convertido en armadura. El golpe dado con uno de los manteletes que vemos en el montón donde reposan los restos de una batalla, o en algún cuadro. La suavidad del beso entre Cupido y la Diosa. Calor en el Infierno y el escozor que sugiere la Flagelación de Cristo en algunos de los cuadros presentes.

   La minuciosa perfección con que evoca cómo sería lo que rozara nuestra piel de pasearnos por el óleo de la tabla, desplisa nuestra mente. En una especie de gruta palaciega, armas y garfios, pesos transportados sobre el hombro, hierros de marcar al rojo y hasta una rapaz clavando pico y garras en su víctima, son algunos elementos de los muchos que Jan Brueghel imaginó para transmitirnos en qué consiste el tacto.

El Tacto, de 1618, última tabla de la serie Los Sentidos, de Brueghel el Viejo, con Rubens  

                             

LAS ARTES PLÁSTICAS, POESÍA TÁCTIL

Publicado en Gaudí y Más. 12 de febrero de 2021.


                                      
                                              El tocar, como el pintar, surge siempre del pensar. Decía Johann G. Herder, que cuando vemos algo que nos interesa, surge a continuación el pensamiento de tocarlo, de sentir su tacto. Sobre esa realidad, los pintores han ido construyendo universos que contienen todas las formas del tacto, desde la caricia hasta el dolor.  

   En el capítulo bíblico del Génesis, Miguel Ángel nos muestra a Dios en el trance de dar vida a Adán con el leve roce de su dedo índice. Es quizá la más alta expresión del quinto sentido que tantas páginas ha llenado con sus imágenes bíblicas.



La creación de Adán en la bóveda de la Capilla Sixtina. Miguel Angel sobre 1511
    
                          
                                      A partir de aquí van surgiendo temas que reafirman el tacto como motivo artístico. En la batalla o el armisticio, en el deporte. En la danza. 

    El hecho carnal, emocional o sexual, corta las amarras y se abandona al tacto por medio de dos pintores bielorrusos. Marc Chagall nos pasea en pleno rapto lírico por un cielo malviblanco que acentúa la pureza de la escena junto a su mujer, Bella, cuya expresión soñadora contrasta con la exultante de su marido. Doble tacto. Palma contra palma por parte de la pareja, suavidad en la mano derecha de Chagall al sujetar un pájaro. Años más tarde, utilizando la espátula con largas porciones de óleo, Leonid Afremov nos introduciría en su propuesta de clima pasional.

  La maternidad, la paternidad, nos hace cómplices de un mundo de caricias trasladadas a la pintura.


La Guerra del Pacífico, cuadro de época sobre esta contienda entre Chile, Perú y Bolivia. SigloXIX

La Rendición de Breda. 1634. Óleo de Diego de Velázquez. Museo del Prado

En este óleo del Estudio Delier, dos luchadores de sumo.

De Jorge Botero Luján, el pintor colombiano, esta imagen de su serie Tango

La Danza, de Juan Carlos Morén

Marc Chagall y  El Paseo. 1917

El contacto amoroso, según Leonid Afremov 

Alexis Alemany, de Valencia, y su dibujo Abrazo.

Mary Cassatt, artista de la maternidad, con su obra Primeras Caricias

                                                Todos los estilos son buenos para transmitirnos la potencia del lenguaje no verbal que nos proponga un determinado artista. Miguel Oscar Menassa se sirve de un revuelo de largas pinceladas para envolver con aire un abrazo titulado precisamente así, El abrazo del aire. La canaria Amelia Pisaca por medio del surrealismo. Rafa Chevira, cubista desde Madrid, y la chilena Paulette Paiyée, ambos con sus Abrazos, nos muestran su representación del tacto a través de variaciones personales. 

   Azul es el color propuesto por Krzystoff Kieslovski para ilustrar el tacto, en sus films de la trilogía Tres colores.  Un rosa que azulea en aguas, retratando la carne amasada por dedos nerviosos que más que poseerla, se diría que buscan su destrucción. Es el vehículo utilizado por los pintores norteamericanos Cara Thayer y Louie Van Patten en la trayectoria de su magnífica obra a cuatro manos. Y en un sentido más sensual por el habanero Nick Rodríguez

   
El abrazo del aire. Miguel Oscar Menassa

 Amelia Pisaca, simbolismo, surrealismo y fantasía con sus Bailarines Extáticos.1999

Paulette Paiyée y los volúmenes esféricos de su Abrazo 

Cubismo en  El Abrazo, de Rafa Chevira.




Cara Thayer & Louie Van Patten y la fuerza de su obra

El realismo en la explícita obra de Nick Rodríguez, 


                                         La boca como símbolo táctil. 

     Leí hace años que según John Singer Sargentun retrato es una pintura con algo raro en la boca.  Desde entonces sus palabras me llevan a fijarme en la representación de las bocas porque suelo encontrar en ellas el estado de ánimo del modelo. El gesto con el que congeló el retrato de Robert Louis Stevenson, ya muy deteriorado por el alcoholismo y la tuberculosis, ése tímido acariciarse el bigote con un dedo y su expresión desvalida buscando agradar, nos explica el por qué para un pintor el tacto es el sentido con mayor carga simbólica. 

      Perteneciente al grupo argentino Los del Caño, el artista Oscar Alejandro Casavalle  nos presenta sus lienzos intimistas que tomamos para ilustrar los rasgos cálidos del tacto. Aquí las protagonistas son bocas que se dirían iluminadas con velas, veladas tanto por el vaho de su respiración como por el contacto de las miradas. 


Así captó John Singer Sargent la imagen vulnerable de Robert Louis Stevenson



El tacto de los labios, el contacto de la mirada, por el argentino Oscar Alejandro Casavalle

                                    
                                               El tacto ha sido tratado a menudo en la pintura con referencia a la medicina, unas veces por nombres desconocidos y otras muchas por los genios del arte. Si Francisco de Goya nos dejó al ciego investigando la garganta del Lazarillo a ver si por ese conducto sus dedos descubrían restos de las longanizas robadas, de José de Ribera son dos los cuadros que conocemos con ese título, El Tacto, uno de cuando el pintor jativense tenía 35 años y el segundo ya cumplidos los 51. De Pablo Ruiz Picasso siempre nos queda el cuadro Ciencia y Caridad, que nos sobrecoge al pensar que lo pintó con sólo 16 años, posando su padre, el profesor de dibujo José Ruíz Blasco, como modelo para la figura del médico. Que sujeta con delicadeza el pulso de la enferma, a su vez una mujer que Picasso conoció en la calle cuando mendigada junto con su hijo, aquí en brazos de la monja.  
   

El Garrotillo, de Francisco de Goya, c.1812


Dos cuadros de José de Ribera, superior, El Tacto, y sobre estas líneas, El escultor ciego

Ciencia y Caridad, de Pablo Ruíz Picasso. 1897.

                                                 Anafia es el término con que se define a quien carece de capacidad para percibir los estímulos táctiles. Ignoro si René Magritte padeció tal dolencia, pero para el caso que nos ocupa dará igual. Tacto entre dos figuras, lo que se dice tacto, no existió en el elevado número de telas que componen su obra. A lo máximo que llegó en ese terreno fue a la escena de Los amantes, donde ambos encapuchados escenifican un acercamiento sin contacto, bien protegidos dentro de sus embozos. ¿Deseo de ocultar lo visible? ¿Antecedente del sexo virtual? O premonición de la pandemia que nos deshoja.

     Menos mal que ese tacto que nos encadenó para siempre al libro, preludio de encuentros inolvidables para cada uno de nosotros, parece que sigue vigente.                                                

René MagritteLos amantes. 1928


El abrazo de un libro, en esta instalación de quien no sabemos el autor.


                                         Cuántas veces nos habremos sentido envueltos por el cálido verbo de unas hojas...


Ana Mª Ferrin

30 comentarios:

  1. Olá, Ana, interessado em arte plásticas que sou, fiquei muito contente com essa matéria, de bastante fôlego, uma verdadeira aula.
    Gostei imensamente das obras expostas. Uma homenagem à arte pictórica.
    Parabéns!
    Um bom final de semana com saúde para toda a família.
    Um abraço.

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    1. Lo mismo te deseo.
      Celebro que disfrutes con los grandes maestros, que nos llevan a tantas preguntas como después acabamos haciéndonos nosotros.

      No sé como lleváis el problema del virus, mientras más noticias leo sobre el tema, más me desorientan.
      Feliz semana para vosotros.

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  2. Maravilloso reportaje sobre el tacto en el arte que me ha hecho mirar cuadros de mi hija que también representan al tacto pero que nunca me había dado cuenta.Besicos

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    1. Seguro que, como autora, ella también tiene una respuesta para las preguntas que nos envían los maestros con sus imágenes.
      Un abrazo, Charo.

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  3. Muy interesante el enfoque que le das al tema y muy oportuna la selección de imágenes que has elegido para tu entrada. Si el rapto de Proserpina, de Bernini, hubiera sido un cuadro en vez de una escultura estoy seguro que habría aparecido en esta antología tuya.
    Un saludo, Ana.

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    1. La daremos por aparecida. Mientras colocaba los cuadros de Thaller y Van Patten y el correspondiente comentario, Bernini y su retorcimiento con los dedos de Plutón en el muslo de Proserpina estaban fijos en mi mente. Una pieza inolvidable. Saludos.

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  4. Espectacular tu repaso hoy por tan variados y diferentes estilos de pintura. Y los textos con qué nos conduces enriquecen sin duda nuestra visión y el sentido de las obras.
    Quitando uno que, en mi opinión, tendrá valor artístico seguramente pero no estético, los demás en mayor o menor medida me han encantado.
    Y por distintas razones me han fascinado los cuadros de Cara Thayer y Louie Van Patteh (no los conocía), y el de Magritte.
    Por cierto, no sé si eres catalana; si lo fueras, tu generosidad con nosotros tus seguidores, redimiría el San Benito que tienen colgado tus paisanos.
    Te deseo un buen domingo de elecciones. Suerte.

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    1. Toda la razón, Ana. Como dice un refrán, "en todas casas cuecen habas; y en la mía, a calderadas".
      Pobres murcianos; yo que soy alcarreña de nacimiento, me casé con uno de ellos, vivo aquí encantada de la vida y he aportado cinco murcianos al censo. Casi nada.

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    2. Querida Conchi, yo soy una española ibérica de pata negra, nacida en Madrid y crecida en Barcelona, que a la vez se siente catalana por decisión propia y descendientes. Y con esa autoridad te digo que no hagas caso de los sambenitos que se les adjudican a los catalanes, que son tan generosos y mezquinos como cualquier otro tipo de cualquier lugar, español o mundial. Siempre me he movido en ambientes muy dispares, y así recuerdo de niña oír a ciertos catalanes adjudicar rasgos despreciativos en bloque a los demás españoles, de andaluces a gallegos y no te digo a madrileños y murcianos. Estos últimos se llevaban la palma, por ser los primeros que llegaron de golpe a Barcelona para a trabajar en ciertas obras municipales rompiendo los cercos sindicalistas de la zona. Pero la gran mayoría era gente sensata y solidaria que no entraba en estas descalificaciones. Claro que toda esa historia sucedía antes del envenenamiento actual, totalmente dirigido y planificado, que empezó a finales de los años ochenta. Pero esa es otra historia que algún día se publicará. Espero. Un beso.

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    3. (Ayer se borraron varios mensajes y al intentar recomponerlos todo quedó un poco descuadrado)
      Conchi, nombras a tus descendientes y como a los míos, a ellos me remito. Estos comentarios que hemos compartido sobre los ignorantes que tienen el descaro de ir juzgando a sus semejantes sin el más mínimo rigor, desearía que en el futuro sólo sean historia. Cuando ves a los niños en un parque o un colegio compartiendo sus juegos sin importarle lo más mínimo la procedencia de cada uno, la lección que dan es soberbia.
      En cuanto a mi contribución al censo estamos cercanas, aunque yo te gane. Un abrazo.

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  5. Otra nueva y preciosa entrada cargada de simbolismo y de arte. Me tienes atónito con tus explicaciones amiga Ana, disfruto con ello y leo muy minuciosamente para no dejar escapar detalle alguno. Francamente, de siempre he apreciado y observado la buena pintura, pero ha sido desde otra perspectiva y contigo, estoy descubriendo nuevos placeres.
    Gracias, por tu buen hacer y compartir.
    Un fuerte abrazo y te deseo un buen fin de semana.

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    1. Las cuatro líneas que durante años iba anotando después de alguna experiencia artística, han ido dando paso a estas entradas.
      Valga como consejo para los que, como me pasó a mí en tiempos acelerados, hoy guardan ideas para cuando puedan desarrollarlas.
      En nada estamos en primavera, Juan.

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  6. Vuelves a enseñarnos con minuciosidad, belleza y sapiencia una nueva manera de sentir el arte.
    Te diré que hay veces que ante una bella pintura o escultura, debo resistir la tentación de acariciarla.
    Besos.

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    1. En Madrid se encuentra el Museo Tiflológico de la Once, un museo para ver y tocar. Es un espacio accesible a todos los públicos, donde el tacto y el oído, junto al tradicional sentido de la vista, también se emplean como canales de información.
      Cuando lo supe tomé nota porque tu sensación es bastante común, aunque nunca habíamos podido experimentarla.

      Saludos.
      Hoy está al alcance de todo el mundo.

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  7. Qué maravilla de reportaje, Ana Mª, ilustrado con excelencia, la misma que siempre acompaña a tus relatos.

    He disfrutado muchísimo ya que adoro el Arte y además en cada post aprendo a mirar con más detenimiento. Es un placer visitarte.

    Gracias por estos momentos.

    Besos,

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    1. Creo que una herramienta que multiplica el placer del arte es el conocimiento de la Historia. Ver algo que te impacta y poder ir a la raíz, al saber cómo y cuando se inició su desarrollo, nos lleva mucho más allá. Besos a ti.

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  8. Hoy me has enseñado a ver el arte de otra manera. El tacto, como el resto de los sentidos, nos comunican con el resto del mundo. Muchas veces expresado de esta manera.

    Besos Ana

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    1. Es curioso ver como cada uno adaptamos a nuestros conocimientos cada cosa que descubrimos. Seguro que al leer estas líneas has extendido tu curiosidad por algún área que te pide saber más.
      Saludos, Manuel.

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  9. Magnífico reportaje!!!!.
    Un arte maravilloso y admirable.
    Cuántas cosas tan interesantes descubro gracias a ti!!.
    Un beso.

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    1. Amalia, qué bueno es el entusiasmo, la curiosidad. Nos va abriendo caminos que ni sospechábamos que existían.
      Besazos a ti.

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  10. ¡Que maravilla de imágenes nos traes Ana Mª! Conozco muchos de los cuadros pero nunca los haba relacionado desde la perspectiva del tacto. La documentación es excelente. Mil gracias.

    Besos.

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    1. A ver si podemos recuperar la libertad de movimientos y nos lanzamos a disfrutar de todo lo que nos hemos perdido este pasado 2021. Y lo compartimos.
      Mil besos, Conchi.

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  11. -Eres una enamorada del arte; por el énfasis con que documentas cada entrada, con mucha precisión-

    Un abrazo Ana María

    U

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    1. Bertha, tú sabes muy bien el disfrute de ir descubriendo pequeñas piezas y poder unirlas para conseguir algo más completo.
      Otro para ti.

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  12. Qué difícil es representar el sentido del tacto en la pintura (aunque no tanto como el olor, más etéreo e incorpóreo). El genio del autor se produce allí donde la imaginación visual reconstruye el sentido y le dota de magia.
    Bocas, bocas, bocas. En los retratos me atraen las manos más que otra cosa y quizá la viveza y la chispa de la mirada.
    Un beso

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    1. Es cierto que la imaginación da la vuelta de tuerca necesaria para adaptar la obra de arte a lo que presiente el observador.
      De ahí que nadie la vea de la misma manera y una única obra pueda multiplicarse tantas veces como pares de ojos la admiren.
      Abrazos.

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  13. Gracias a tu buen hacer, Ana, elaboras entradas que son todo un lujo para la red. Y me hacer ver el arte desde un punto de vista diferente al que jamás se me podría ocurrir.
    Un placer leerte.
    Un fuerte abrazo, amiga.

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    1. Seguro que tú también recreas lo que ves y te provoca nuevas sensaciones e interrogantes que a nadie más se le ocurrirían.
      Saludos, Manuel.

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  14. Ana qué gran idea la tuya de mostrarnos la representación de los sentidos a través de diferentes épocas, artistas, estilos.
    ¡De colección todas las crónicas!

    Muy elocuentes, me parecen, "Abrazo" y "Primeras caricias". El abrazo de un libro, lo he visto con frecuencia ya que circula libremente en el ciberespacio y la verdad es que, siempre que lo veo, puedo sentir en mi piel ese abrazo. Una pena no sepamos quien es su autor o autora.

    Ciertamente cada vez que vengo a visitarte aprendo algo, o al menos encuentro otra mirada a tal o cual obra de arte.
    No tenía idea, hasta ahora, de la palabra "anafia", ni se me había ocurrido pensar que hubiera personas que carecen de el sentido del tacto.

    Abrazo va amiga querida y que tengas un bello miércoles.

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    1. Mientras más libres nos mostramos al valorar una obra, más originales somos.
      Por eso es maravilloso ir a una muestra o un museo con un niño. Ellos ven lo que ven, sin importarles si su opinión es válida o no. Si está o no de moda. Si es políticamente correcto.
      ¿Te imaginas poder volver a la desinhibición de la niñez?
      Besazos.

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