Foto cabecera

DSC_0036 En las Ramblas de Barcelona. La bella florista. (A. Mª. F.)





¡QUE VIVA EL VINO!



                    En su Tratado del vino agvado y agva envinadaGerónimo Pardo publicaba en 1661 un avanzado estudio sobre las bondades dietéticas del vino. Pero al pintor Diego de Velázquez fallecido el año anterior, esa cualidad del mosto no le hubiera interesado. Al representar El triunfo de Baco treinta años atrás, su intención iba hacia dejar constancia de la celebración festiva de la vendimia en cierta clave jocosa. Y jugar de paso con lo clásico y lo castizo mezclando tipos bregados, soldados y campesinos, oponiéndolos a un rosado dios Baco coronado de pámpanos.

   Sin olvidar la influencia que en ese cuadro tuvo Pedro Pablo Rubens recién llegado a Madrid, al que Velázquez acababa de conocer. Y lo más importante, cumplir con el encargo del rey Felipe IV por el que recibiría 100 ducados de oro en 1629.

   El cuadro, que en principio no tenía más exigencias que servir de divertimento a un rey aficionado a los placeres, al ser tocado por la gracia del que fuera llamado Pintor de la Verdad y Pintor del Aire, iba a convertirse en historia.



El Triunfo de Baco, 1628-1629. Diego de Velázquez. También conocido como Los Borrachos
 (ampliar)


BACO Y SUS SECUELAS

IVÁN AIVAZOVSKY, EMBRIAGADO DE MAR



                                      No hace mucho conocí unas marinas que considero de las mejores que he visto. Por poco desbancan a mis preferidos Sorolla y Turner. 

   Su autor fue un pintor armenio nacido en Crimea, Iván Aivazovsky.


   De ellas, la siguiente es la que está considerada su mejor obra, La Novena Ola


La novena ola.
El pintor a los 24 años según la moda romántica.




CIELO Y OCÉANOS, CALMA Y TEMPESTAD

(4/4) ¡SIN ALIENTO!




Continúa...


RELATO


                              Y la próxima no tardó en llegar. En el mercado de Santa Caterina, dos docenas de huevos agujereados por Chus con un rotulador infantil que fue introduciendo por la ranura de los cristales de un mostrador frigorífico, sólo valiéndose de la mano izquierda porque la derecha la tenía agarrada a su madre que compraba y pagaba un pollo. La explicación de sus cuatro años fue de un márketing a tener en cuenta: Así están más guapos.

   Sigamos. Parodiando al Profesor Frank Enstein, juntemos tres elementos en principio insolubles; el circo de Gabi Fofó y Miliki, la mansión de Donald Trump en la Trump Tower, toda dorados y brocados, y la tia rica del padre de Chus, la Tía “Pe”. De ahí surgió el penúltimo avatar de nuestro protagonista que daremos a conocer como fin de esta crónica.

   Podríamos seguir desmenuzando accidentes y percances, como las perdidas vacaciones familiares que la familia vivió un verano, por culpa de la intensa fiebre botonosa que sufrió Chus y tardaron diez días en diagnosticarle. Y aún, porque por suerte lo examinó un tercer médico que supo identificar como la picadura de una garrapata, la menuda mancha oscura bajo un tobillo. 

   Episodios cinematográficos. Así, el de la cojera.

   Eso, finalizaremos con aquel día en que al levantarse...



SEÑOR, SEÑOR, ¡DÁME VALOR!