(Con un afectuoso saludo a los amigos seguidores
de este cuadernillo en tiempos difíciles. Gracias.
Nunca olvidaré vuestra calurosa ayuda.)
En una determinada etapa de su trabajo en
-Què volen? Fotre'm viu? Doncs ja s'assabentaran del que m'importa el que facin. Un dia aixecaran la mirada cap a les torres de les Passió i tothom veurà per on em passo les seves decisions - terminando con un párrafo que por tono y dicción tenía mucho de Dalí-: Jo sóc l'artista. I amb la meva obra, jo tinc el poder de fer amb ella el que vulgui. Jo sóc la llei. (1)
Sus retos para la fachada, las ideas revolucionarias que se propuso plasmar cuando aceptó el encargo, llevaban camino de no poder completarlas como quería. Y a pesar de sus mermadas condiciones físicas, él vivió lo suficiente como para comprobarlo. Aún así, aquel espíritu libre que no consiguió imponer su criterio, en sus últimos años de vida me contó cómo se las apañó para dejar a sus censores algunos regalitos en la línea de su colega Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. (2)
En estos días tan celebrados para el creador del templo como convulsos para el principal escultor, he decidido enaltecer su memoria con la historia de alguno de los añadidos invisibles que dejó en el templo, como hizo en la escultura de San Bartolomé. Anécdota desconocida y jugosa que festejamos desde esta página en el año que Subirachs hubiera celebrado su 99 cumpleaños.
JUSTO A LAS TRES DE UNA TARDE DE VERANO…


