Foto cabecera

Sant Quentin S-S - copia "SAN QUINTIN sur Sioule" Auvernia, Francia. Lugar de los antepasados de Antonio Gaudí.



SUBIRACHS, SAN BARTOLOMÉ Y EL REGALITO "A QUIEN CORRESPONDA"


  (Con un afectuoso saludo a los amigos seguidores

de este cuadernillo en tiempos difíciles. Gracias.

Nunca olvidaré vuestra calurosa ayuda.) 


                                  

         En una determinada etapa de su trabajo en la Sagrada Familia, el escultor Josep Mª Subirachs harto ya de los muchos disgustos que sufría por parte de la Dirección de las Obras, cada vez que yo lo visitaba en su estudio me repetía la extensa serie de agravios que lo tenían alterado. En una de esas ocasiones, él, que siempre hablaba conmigo en catalán o castellano con una corrección exquisita, me sorprendió al decirme en un airado catalán:

                              -Què volen? Fotre'm viu? Doncs ja s'assabentaran del que m'importa el que facin. Un dia aixecaran la mirada cap a les torres de les Passió i tothom veurà per on em passo les seves decisions  - terminando con un párrafo que por tono y dicción tenía mucho de Dalí-: Jo sóc l'artista. I amb la meva obra, jo tinc el poder de fer amb ella el que vulgui. Jo sóc la llei. (1)

   Sus retos para la fachada, las ideas revolucionarias que se propuso plasmar cuando aceptó el encargo, llevaban camino de no poder completarlas como quería. Y a pesar de sus mermadas condiciones físicas, él vivió lo suficiente como para comprobarlo. Aún así, aquel espíritu libre que no consiguió imponer su criterio, en sus últimos años de vida me contó cómo se las apañó para dejar a sus censores algunos regalitos en la línea de su colega Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. (2)

   En estos días tan celebrados para el creador del templo como convulsos para el principal escultor, he decidido enaltecer su memoria con la historia de alguno de los añadidos invisibles que dejó en el templo, como hizo en la escultura de San Bartolomé. Anécdota desconocida y jugosa que festejamos desde esta página en el año que Subirachs hubiera celebrado su 99 cumpleaños.





Subirachs en la S.F. junto a Sto.Tomás, escultura
para la 1ª torre de la Pasión. 1999. (A.Mª.F.)




Años más tarde, época de la anécdota que relata,
 la autora volvió a 
fotografiar al escultor 
mientras pintaba una escalera de La Pasión. (A.Mª.F.)


JUSTO A LAS TRES DE UNA TARDE DE VERANO…

Publicado en Gaudí y Más. 25 de abril de 2026
                                                    

                                        Según él, su libertad creativa se restringía sin ninguna razón ni explicación. Y desde luego por financiación no sería, porque en la Sagrada Familia el dinero entraba a dojo (2). Si un día era una figura a la que le rebajaban la altura que él había proyectado, al siguiente retrasaban la firma definitiva del contrato de un nuevo grupo escultórico al que llevaba tiempo dedicado, despiezándolo y pasándole el encargo de pieza en pieza, lo que le transmitía una inseguridad en el conjunto de su obra que le quitaba el sosiego. Llegando el enfado a su clímax al ver anulado su criterio para las medidas y el acabado de La Resurrección-  




        
 

                                                  En la fotografía superior del proyecto de Subirachs para la fachada de La Pasión, vemos su escultura de La Resurrección en el puente entre las dos torres centrales según el poster de Ramón Berenguer. En el centro, una imagen del artista en su estudio teniendo  a su espalda el proyecto original. Sobre estas líneas puede apreciarse la diferencia de escala que la Dirección acabó imponiéndole.
                         
  Para esta imagen concreta que por ir sujeta en el vacío a gran altura precisaba de una extrema ligereza, Subirachs había contemplado diversos materiales. Su primera opción había sido experimentar con el titanio, material revolucionario en destinos escultóricos que hace una década aún presentaba dificultades de manipulación en superficies curvas. En este proyecto ilusionante trabajó a fondo nuestro escultor, confiando en poder lograr homogeneizar las diversas texturas de sus gamas de color para generar reflejos, efectos lumínicos únicos con el sol mediterráneo como fuente que el artista barcelonés soñaba que se verían desde cualquier punto de su ciudad.

    
  
                                            Con respecto al pie de foto anterior deseo compartir el recuerdo personal de la conversación mantenida con el artista en 1999, citada en mi libro El Tacto y la Caricia. Subirachsde 2011. (4)
  
           

Nota nº 88. Pag. 587/8 
            
                       ... En 1999 cambié mis gafas de lectura por un nuevo modelo sueco, orgánico y sin montura aparente, con la unión central de los cristales y las patillas realizadas en un finísimo hilo de titanio rígido de color lila. Su levedad era un hallazgo, su peso total de unos 6 gramos. Al verlas, Subirachs se mostró muy interesado, me las pidió, cogió y estuvo sosteniéndolas largo rato en una y otra mano, sopesándolas, hasta decirme: –Tengo que ver si sería posible realizar la Resurrección en titanio. Así podría hacerse a la medida que quiero, sobre unos 10 metrosAños después me comentó que la Dirección había desechado la idea de emplear titanio por lo elevado del precio, provocando en él la reflexión siguiente: –No sé de qué vale que entre tanto dinero en las arcas, si no se invierte en algo tan importante para el templo. Añadió que la Dirección quería que la imagen se construyera en 4 metros, una medida que él veía con una falta de mesura monstruosa, claramente insuficiente para su ubicación. Cuando ya se había colocado, me contó que después de un tira y afloja la altura fue aumentada a 5 metros, añadiendo, que tras la participación de una mano inocente  que estaba de "su lado", la figura acabó por llegar a la fundición con algo más... 



Grupo de El Enterramiento. A la derecha, Nicodemo
tallado por Subirachs como su autorretrato. (A.Mª.F.)



Una de las transformaciones que ha experimentado
La Resurrección en estos años.



La Resurrección 
en 2007



La Imagen, achatada  como la publicaron  varios
medios, provocando gran enfado en el escultor

                       
                                               Retrocediendo en mis notas compruebo que en el 2000, al interesarme por cuál sería el grupo que repetiría si pudiera, Subirachs me había contestado: El Enterramiento. Al repetir la pregunta cinco años más tarde, en su baremo de desencantos aquel grupo de cuatro personajes había sido desplazado del primer puesto por la imagen unitaria de La Resurrección. Opinaba amargamente que esta obra debiera haber culminado el proyecto de su vida y, sin embargo, por razones ajenas a él, quien se detuviera ante la fachada recorriéndola de abajo hacia arriba retendría en su retina la última visión de este Via Crucis al aire libre, rechinando por la escala malograda. Según él, la verían como la última obra de un artista ya gagá, que no logró realizar el cálculo correcto de una obra universal. 

 Para colmo, la aleación con que la cubrieron, espesa y oscura, hizo invisibles los detalles, con lo que cualquier pretensión de que destacara en el paisaje de Barcelona, desapareció. Su salud por esa época no atravesaba un buen momento y pocos meses después sufrió un serio empeoramiento.

 Ya enfermo, diluido entre una vorágine de intereses, tuvo que sufrir viendo cómo, en efecto y tal cómo él había vaticinado, las medidas dictadas por la Dirección se rebajaban a la mitad, desbaratando completamente la mesura soñada por él para hacer destacar la que iba a ser su última y caudal obra: El Cristo elevándose a los cielos entre las dos torres de la Fachada de La Pasión. 

  Más que una imagen majestuosa en plena Ascensión, el resultado le parecía al artista un monigote inspirado en el por él odiado estilo Disney, que él adjudicaba a ciertos responsables de voz definitiva, en la línea de los medallones plásticos reflectantes de los capiteles interiores y otros elementos añadidos en los últimos tiempos, de los que nos ocuparemos más adelante. Puntos sobre los que valdrá detenerse para calibrar sobre el acierto, o errores, que Subirachs les adjudicaba. 



Plafones en los capiteles de los santos Juan, Lucas, Marcos y Mateu



Inenarrables plafones de poliéster en los capiteles de la Sagrada Familia
  
                
             Y llegamos a San Bartolomé, motivo del presente trabajo.

   

        2º campanario de La Pasión por la iz, señalado en rojo, San Bartolomé.


                                      A este apóstol de Jesús, San Bartolomé, mártir y santo que fue despellejado por su fe cristiana, se le venera como Patrón del Gremio de Curtidores y suele representársele portando un cuchillo y/o unos escritos en la fachada de La Pasión vista de frente, figurando aquí en una hornacina instalada en la segunda torre desde la izquierda. Mi primer conocimiento de esta obra de Subirachs parte de 1999, recién acabada la maqueta de yeso y lejos estaba yo de imaginar su confidencia posterior sobre lo que pensaba añadirle. 

   No sería hasta bastantes años después de colocada, cuando el artista ya residente en la que sería su penúltima morada, me contactó por medio de una amistad común con entrada libre a su restringida residencia para desvelarme a solas su secreto, explicándome en qué consistía la curiosidad de su maniobra. Viéndole allí, sentado en su silla de ruedas, tan frágil e indefenso pero con una decisiva mala idea en sus ojillos azules, cuando su ocurrencia me pareció tan genial que estuvimos riéndonos juntos. 

   Como siempre había hecho durante los veinte años que duraron nuestras conversaciones, cuando alguna confidencia me parecía excesiva me aseguré de si deseaba hacerla pública. -Si me has llamado para contármelo, será porque quieres que se sepa. ¿Es así?- le dije.  Sí –me contestó-. En cuanto yo ya no esté.

   No sé si alguien más conoció esta peculiaridad del santo, incluso ni si él mismo fue el artífice manual, lo que sí considero posible ya que por la época en que se talló, el artista aún era un hombre autosuficiente. Recuerdo haberle contestado, que si nadie había escrito sobre lo que me contaba quizá era porque desde abajo no se podía ver ni fotografiar y yo tampoco podría hacerlo. Hay que tener en cuenta que desde su colocación encajonada en una hornacina a 30 metros de altura, casi siempre ha estado medio velada por mallas y lonas, andamios, etc. Y más tarde sobre un tímpano rebozado de letras y otros elementos varios, a menudo cubierto todo ello por rejillas protectoras.

   Abajo, ante el templo, para distinguirlo al completo deben salvarse vallas, casetas de venta de entradas, larguísimas colas de visitantes, parterres, diversos escalones. En fin, que con sólo imaginarlo yo ya veía difícil obtener el documento, tendría que verlo y comprobar si era posible. Al comentárselo, me dijo: 

   -Por eso no te preocupes. Si haces lo que te digo lo verás perfectamente, yo he podido verlo alguna vez cuando no tenía impedimentos, lo que pasa es que hay que saber cómo hacerlo. ¿Te acuerdas cuando iba de visita y después de comer me sentaba en un banco de la plaza frente a la fachada, para ver la reacción de los visitantes? Justo entre las 3 y las 4 de la tarde, en verano le da el sol de pleno. Entonces, si te pones en la acera, bajo la fachada, te vas moviendo y enfocas la figura, lo captarás muy bien.

   La confidencia era espectacular, de un gran atractivo. Sin embargo, mi naturaleza cartesiana alertaba de que no me ilusionara, intuyendo en el asunto un aire de dificultad sobre el que mi interlocutor no acababa de sincerarse. Seguramente se trataba de una misión imposible. Y en efecto, cuando poco después me acerqué a verlo, lo era. En esa temporada la dificultad residía en una nueva red verde que cubría el tímpano, tela cuyas dobleces imposibilitaban desde abajo visionar al completo la imagen de San Bartolomé.


El artista junto a la maqueta en yeso del santo.
Sin añadidos. (A.Mª.F.)



Durante años fue imposible tomar una imagen clara del "regalito" de San Bartolomé. Siempre había impedimentos.


                          
                                   Pasó el tiempo y seguían los problemas, siempre algo me impedía la foto. Mallas blancas o verdes, lonas, algún andamio ocasional. Ciertos asuntos me llevaron un par de años con bastantes meses fuera de Barcelona sin posibilidad de intentarlo más, aunque las palabras del escultor nunca dejaban de rondarme. De haber sido otro tema lo habría delegado en alguien de confianza para que hiciera la visita por mí, pero no era el caso. Me parecía una confidencia tan valiosa, que la sentía como un auténtico regalo al que quería desenvolver y descubrir por mí misma. Y llegó el día. O mejor dos.

   Fueron más de seis horas las que dediqué a tomar fotos durante aquellas dos jornadas de sol, encastrada en unos pocos metros de acera, subiendo y bajándolos hasta plantarme en plena vía pública de la calle Cerdeña. Horas con mi Nikon al frente y el sol a mi espalda, jugando con las nubes que ahora sí, ahora no, me permitían pillar un rincón de San Bartolomé, un retazo bajo el imaginario mandil de cuero que usaban los curtidores.

   Desnudo por completo, sentado y con sólo el corto delantal atado al cuerpo, así representó Subirachs al santo. Si en cada imagen su minuciosa labor de investigación había sido exhaustiva, aquí ya fue de entomólogo. Su estudio de perspectiva, el cómo recibir la máxima luz natural desde lo alto, le informó de que la visión podría ser óptima en verano, cuando el astro rey llegara perpendicular a la cintura del santo, entrando directo a iluminar sus ingles por el hueco que el escultor había dejado en el talle suelto del delantal. A la vez, al tener cubiertos los muslos por el metro de falda tallada en una placa de mármol, la luz cenital tenía que coincidir con un sol poderoso que iluminara de frente, hasta el fondo, la cámara oscura existente entre sus piernas.  


   Agachada o encaramada, entreveía yo un recodo de la pierna izquierda y parte de la entrepierna del evangelista a través de la lente, su mano izquierda apoyada en la rodilla con el largo dedo índice señalando hacia algo que estaba, sí..... pero oculto, ya que la luz se negaba a resaltarlo. El sol salía, yo enfocaba, oprimía el disparador….. y lo que había visto en el visor, no aparecía en la captura. Accionaba el zoom, ajustaba el teleobjetivo….. pero nada. Un punto negro, una sombra..… y de nuevo todo al garete y vuelta a empezar. Retrocedía hasta la acera de enfrente desplazándome centímetro a centímetro….. y las ramas de los árboles me impedían llegar a la meta. Descorazonador.

   Hasta que no estuve de vuelta en mi casa y pasé las fotos al ordenador no tuve la certeza de que, por fin, había descubierto el documento con que tanto había jugado el artista vengador. 

   No podía creerlo. 

  Allí estaba el lugar por donde Subirachs quiso pasarse los agravios aquel día en que desesperado, me soltó la noticia, teniendo consciencia de su edad y de su salud deteriorada, comprendiendo que estaba sin apoyos oficiales ni influencias de peso con arrestos para defender sus ideas y que ya no tenía fuerzas para luchar contra los elementos. 

   Aún así, a pesar de su debilidad conservó hasta el final su rebeldía y sentido de superioridad creadora, de las que fueron testigo los tres enunciados rotundos que transcribí al inicio del presente texto.

  Cuando en una de aquellas piruetas malévolas que acostumbraba, inspirado por los duendes que protegen al arte, Subirachs debió volver la vista hacia la frase menestral y deslenguada del barrio fabril de su niñez, el Poble Nou, dicha por los chavales cuando querían menospreciar al contrario: “Lo que digas, yo me lo paso por aquí”.

   Yo soy el artista.
   Yo tengo el poder sobre mi obra.
   Yo soy la ley.

  





Diversas tomas de San Bartolomé. Con el regalo final
de J.Mª Subirachs, 
"A quien corresponda" (A.Mª.F.)
                                  

  


                                         Como inspiración de Subirachs Veamos la venganza de Miguel Angel contra su enemigo Biagio da Cesena en la que Subirachs pudo basarse, adaptándola a sus circunstancias y situándola en una de las torres centrales de la Fachada de La Pasión. 






                       




Ana Mª Ferrin

(1 En castellano:

    
    "-¿Qué quieren? ¿Joderme vivo? Pues ya se enterarán de lo que me importa lo que hagan. Un día levantarán la mirada hacia las torres de las Pasión y todo el mundo verá por donde me paso sus decisiones. Yo soy el artista y tengo todo el poder de hacer con mi obra lo que quiera. Yo soy la ley."


(2)   
(3) 

(4) 


(5) 

No hay comentarios:

Publicar un comentario