Continúa...
RELATO
Y la próxima no tardó en llegar. En el mercado de Santa Caterina, dos docenas
de huevos agujereados por Chus con un rotulador infantil que fue introduciendo por la
ranura de los cristales de un mostrador frigorífico, sólo valiéndose de la mano
izquierda porque la derecha la tenía agarrada a su madre que compraba y pagaba
un pollo. La explicación de sus cuatro años fue de un márketing a tener
en cuenta: Así están más guapos.
Sigamos. Parodiando al Profesor Frank Enstein, juntemos tres elementos en principio insolubles; el circo de Gabi
Fofó y Miliki, la mansión de Donald Trump en la Trump Tower, toda dorados y brocados, y la tia rica del
padre de Chus, la Tía
“Pe”. De ahí surgió el penúltimo avatar de nuestro
protagonista que daremos a conocer como fin de esta crónica.
Podríamos seguir desmenuzando accidentes y percances, como las perdidas vacaciones familiares que la familia vivió un verano, por culpa de la intensa fiebre botonosa que sufrió Chus y tardaron diez días en diagnosticarle. Y aún, porque por suerte lo examinó
un tercer médico que supo identificar como la picadura de una garrapata, la menuda mancha oscura bajo un tobillo.
Episodios cinematográficos. Así, el de la cojera.
Episodios cinematográficos. Así, el de la cojera.




















