Foto cabecera

futbol-beneficios Siempre hacia delante, la vida nunca se detiene (O.K.Diario)





LA INCREIBLE HISTORIA DE LOS SIETE MÚSICOS OVITZ


                                          
                                           Desde el pasado martes se está produciendo un homenaje en el Centro Mundial para la Conmemoración del Holocausto, Yad Vashem, en el Monte Herzl de Jerusalén. Se trata del 75 Aniversario de la liberación por los aliados, del campo de exterminio de Auschwitz.


Recibidos por el Presidente de Israel, Reuven Rivlin, el encuentro ha contado con la asistencia de 41 Jefes de Estado. También presente en la cita y en nombre de todos ellos por ostentar el título honorífico de Rey de Jerusalén, el rey Felipe VI fue designado para pronunciar unas palabras de recuerdo el día 27 de enero, en la gala de presentación del Foro Mundial del Holocausto.

Con todo respeto, traigo a estas páginas a unos artistas judíos, supervivientes gigantes de tan tamaña tragedia, que se quedaron en nuestros corazones desde que conocimos su historia.

                                        Nunca más, Leolám lo Od. (*)                                




                                 En el campo de concentración de Auswichtz, el 18 de mayo de 1944 el doctor Josef Mengele fue avisado por uno de sus asistentes de la llegada de un nuevo tren, y en concreto, de la existencia de siete hermanos especiales en uno de los vagones. Cuando los llevaron a su presencia, fascinado por tener delante a toda una familia liliputiense (*) para sus experimentos, ordenó que los instalaran en las barracas de prisioneros escogidos. Elisabeth, una de los siete hermanos Ovitz, nunca olvidaría que visto de cerca Mengele era un hombre apuesto al que se le iluminaron los ojos cuando tuvo delante el curioso conjunto. Y que muy excitado, declaró:

                                 -  Ahora tendré trabajo para los próximos veinte años, ahora la ciencia tendrá un tema interesante a considerar.

  Y que tras pronunciar estas palabras, empezó a reírse a carcajadas.


Los siete hermanos Ovitz 
En plena actuación, los siete músicos antes de ser internados en Auswichtz

Tras el reencuentro, con sus hermanos de talla normal y sus sobrinos.

Otro recuerdo de los Ovitz
The Liliputan Jazz Concert



"NOS SALVAMOS GRACIAS AL DIABLO"
Publicado en Gaudí y Más. 19 de noviembre de 2016
Publicado en Gaudí y Más. 3 de febrero de 2020



                                   Para contar la odisea de la familia Ovitz hay que remontarse a la figura del padre, Shimshon Eizik Ovitz, que había nacido aquejado de enanismo en una familia judía ortodoxa de talla normal. De haber seguido sus padres la tradición de su fe, Shimshon no hubiera sobrevivido, ya que las leyes talmúdicas consideran las malformaciones un castigo por los pecados de los padres. 

   Pero éstos se rebelaron contra la tradición y criaron a su hijo rodeado de cariño, proporcionándole instrucción y gracias a su carácter alegre y ser muy religioso empezó ganándose la vida como animador de las fiestas judías, y tras prepararse, ejercer como un respetado rabino. A pesar de sus 90 cms. de altura se casó dos veces con mujeres de altura corriente y tuvo diez hijos, de los que siete heredaron su anomalía. Estos siete, a los que enseñó música y canto, así como las técnicas oratorias de animación para espectáculos, formaron la Troupe The Liliputan con la que recorrieron buena parte del norte de Europa. Hablaban alemán, yidish, rumano y húngaro.

   Precisamente encontrándose los Ovitz actuando en la Hungría invadida por los soldados alemanes el 19 de marzo de 1944, fueron detectados en el teatro de un pueblo por 
Adolf Heichman, llegado hasta allí siguiendo las consignas del Fhürer. Dos meses más tarde, como al resto de judíos de la zona, e17 de mayo la familia de artistas fueron subidos a un camión que se dirigía a Auswichtz.               
                  
  Hay que reconocer que los Ovitz reunían todos los requisitos para haber sido exterminados durante la IIª Guerra Mundial. Eran judíos, eran enanos, estaban en el campo de exterminio de Auschwitz y para colmo, allí se encontraba como médico el doctor Josef Mengele famoso por sus experimentos con las que él llamaba razas inferiores. Aún así los siete salvaron la vida al contrario de la mayoría de sus familiares de estatura corriente. De estos, tanto los que se habían desperdigado por diversos lugares de Alemania como el resto que se quedó en Rumanía, su lugar de origen, todos desaparecieron.

 Lo que era un pasaporte al infierno por estar en manos de alguien con la mente del director médico del campo, se reveló como un salvaconducto a la vida. No fueron pocas las veces que aquel siniestro personaje fue su salvador. Empezando por el día de su llegada, que entre el desbarajuste de reunir y separar familias y tantos otros requisitos que se cumplían con los prisioneros, los Ovitz no se encontraban entre los diversos grupos que los guardianes iban formando, cuando Mengele se personó en el lugar donde debían estar reunidos para llevárselos a su pabellón.

  Las horas pasaban y los hermanos no aparecían. Claramente alterado, Mengele llamó al responsable de la recepción y le dio un ultimátum. Los quería en su presencia, ¡Ya!  En caso contrario, el militar al mando escuchó aterrorizado que su negligencia se consideraría un Acto de Alta Traición, falta que todos sabían el castigo máximo que llevaba anexo el Código Militar alemán en tiempos de guerra.

A la iz, Elizabeth y Perla 
En primer término, Perla y Elizabeth Ovitz con otras dos hermanas

En una imagen de juventud con sus padres

Elizabeth

Avram con su familia

  
                                      La indicación del doctor obró el milagro y los Ovitz aparecieron en las listas, aunque con un destino equivocado. Según el libro que cuenta su odisea, la reacción de Mengele, por lo común muy parco en sus expresiones emocionales, fue de gran histrionismo. Empezó a gritar:

        - Die Zwerge, die Zwerge! Wo sind die Zwerge?-.  ¡Los enanos, los enanos! ¿Dónde están los enanos?

    Encontraron a nuestros protagonistas cuando ya iban camino de las cámara de gas, perdidos entre los demás etiquetados como débiles, un grupo donde se apiñaban niños y ancianos junto a personas enfermas o con algún tipo de incapacidad. Entre la desorientación y el caos, gritos de los soldados, ladridos de perros, los aterrados músicos vieron aparecer al joven médico de 33 años que amonestó a los guardianes. Con impensable calidez los separó del grupo y los hizo conducir hacia su residencia en el pabellón clínico. Fue la primera de las varias veces que Mengele les salvó la vida en Auswichtz.

   Años más tarde durante unas declaraciones, Perla, otra de las hermanas, rompía en llanto al relatar aquel primer episodio de los varios que hubo en que el apuesto militar, según definición de su hermana Elisabeth, los salvó de una muerte cierta. Aunque lo que les esperaba y que sólo duró unos meses entre 1944 y 1945 gracias a la llegada de los aliados rescatándolos de Auswichtz, fue terrible.

   Según Elisabeth: -Los experimentos más temibles de todos eran los ginecológicos. Nos ataban a la mesa y comenzaba la tortura sistemática. Inyectaban cosas en nuestro útero, extraían sangre, hurgaban en nuestro interior, nos pinchaban y extraían muestras. Es imposible expresar con palabras el insoportable dolor que hemos sufrido, que continuaba durante muchos días después de acabar los experimentos.

   Y sigue: - Sacaban líquido de nuestra columna vertebral. La extracción de pelo comenzó de nuevo y cuando estábamos a punto de desplomarnos, comenzaban las dolorosas pruebas en el cerebro, la nariz, la boca, y las manos. Cada prueba fue plenamente documentada con ilustraciones. Cabe señalar que, irónicamente, fuimos un colectivo, único en el mundo, cuya tortura fue premeditada y científicamente documentada. Por el bien de las generaciones futuras...

  Pero en medio de tal locura colectiva, aquel grupo tan indefenso tuvo también sus momentos gratos, ya que por la causa que fuera, los hermanos le cayeron bien al seudocientífico. Y aunque insensible a las terribles condiciones del campo y sus masivos asesinatos, el personaje era muy capaz de alternar las dolorosas prácticas a que sometía a estos artistas que llamaba sus pacientes predilectos, con veladas musicales donde invitaba a sus propios amigos, para que escucharan cantar a los presos  y tocar los instrumentos que se hizo traer ex profeso para ellos. Ocasiones en las que Mengele acentuaba la diversión acompañándolos a coro en canciones alemanas tradicionales. 

  Otro capricho de Mengele fue ordenar que los Ovitz vivieran y comieran aparte de los demás presos, dejándolos exentos de trabajos forzados para que no se debilitaran. Nunca les hizo vestir el uniforme de prisioneros y a menudo les proporcionaba vestuario adecuado para sus actuaciones.

En los extremos, a la iz. Elizabeth y a la derecha Piroska (Perla)
Un joven Josef Mengele en Auswichtz. 



Dos imágenes del campo con varios de los hermanos Ovitz


Dos imágenes de Perla en su madurez

GIGANTES, la historia de los siete músicos Ovitz

                                    De nuevo su número de la suerte, el 7, apareció en la vida de los Ovitz. El 7 de enero de 19457 meses después de su detención, los aliados llegaron a Auswichtz y liberaron a sus reclusos. Lo que siguió resulta lógico dada la buena orientación que llevaban aprendida de sus padres. Si al llegar a su pueblo natal de Rozavlea en plena Transilvania se encontraron solos, comprobando que eran los únicos de su familia que habían sobrevivido al genocidio nazi y que su casa había sido saqueada, la intuición que antes de ser detenidos les hizo esconder las joyas de la familia en su jardín, se demostró providencial al desenterrarlas y así poder hacer frente a la penuria.

  Con ellas lograron arrancar profesionalmente organizando un nuevo grupo teatral. Pero la vida en Rumanía era muy difícil y sus actuaciones no contaban con mucho público, por lo que se desplazaron hasta Bélgica a ver si conseguían visados para circular por otros territorios europeos, comprobando que la vida en el resto del continente seguía siendo durísima. Llegado un momento, las gestiones iniciadas hacía tiempo para salir de Europa dieron sus frutos y les llegaron ofertas para viajar a Israel o los Estados Unidos, decidiéndose por el primero de los dos países. 

   Como su vida había sido tan peculiar se les ocurrió enriquecer su espectáculo con un cuadro relativo a su experiencia en Auswichtz, en el que Elisabeth y uno de los hermanos bailaban una danza a la que llamaron La danza de la muerte. Con ésta y otras variaciones, su reconstituida Compañía Teatral viajó durante años por Israel hasta que ya todos con una edad veterana, decidieron juntar sus ahorros, comprar un cine y retirarse en el país que los acogió y era también el suyo, donde vivieron sus últimos años.

   Posiblemente fuese Perla Ovitz una de las escasas personas en el mundo que lloraron la muerte de Josef Mengele en 1979, no en vano la parte de su familia que recaló en el campo de exterminio donde estuvieron a su cargo, fue la única que sobrevivió a la barbarie nazi. La ambivalencia de sentimientos experimentada por Perla fue dolorosa. Quizá por eso, tras su fallecimiento en 2001, en la lápida de su sepultura fue colocada la siguiente leyenda: -Aquí yace el último de la familia de enanos, la señorita Perla Ovitz, hija de Shimshon Eizik y Batia, que sufrió cada día de su vida.


   Los que nos consideramos "normales" por vivir una vida corriente aún con todas sus dificultades, al enterarnos de cómo pudieron resistir estas personas con tantas carencias una vida así, con tal cúmulo de sufrimientos y adversidades, podemos sentirnos identificados con las preguntas que le hicieron a Perla Ovitz durante un documental de la BBC:

                                 - ¿Cómo es posible que con una talla como la de ustedes, fueran capaces de resistir tanto dolor?


                         -Es que nosotros a pesar de todo, en nuestros corazones, ¿sabe usted? -le respondió la heroina que forma parte de esta historia-. En nuestros corazones, éramos gigantes. 

                                -  Permítame que le diga que está usted muy atractiva con ese color de carmín...

                                  -  La verdad es que gasto mucha barra de labios. Así sólo se ve la sonrisa y no las lágrimas.



Ana Mª Ferrin

(*) En la actualidad, de forma oficial se utiliza el término acondroplasia para nombrar la alteración ósea de origen cromosómico que afecta al crecimiento, conocida por enanismo. 

(**) Discurso completo, por S.M. Felipe VI, en el semanario hebreo JAI:
http://www.semanariohebreojai.com/articulo/2111/discurso+completo+espaol+felipe+espaa+jerusalem

9 comentarios:

  1. Qué ironía...De verdad que fueron salvados por el mismo diablo. Pero al fin y al cabo, el diablo también le toca hacer lo que Dios le indica que haga ¿cierto?
    En otro orden Ana María, sabes que soy escritor de cuentos y relatos, y precisamente tengo uno que tiene que ver con los fatídicos campos ¿puedes leerlo? te garantizo que es corto https://sweek.com/es/s/AAAFAwBsCAAFBQ4OBwYHDWYCCA==/Ali_Reyes/Atila

    ResponderEliminar
  2. El sistema métrico decimal a veces no es el método más adecuado para medir el tamaño de la valía de la gente.
    Un saludo, Ana.

    ResponderEliminar
  3. Los pobres hermanos Dios sabe lo que tuvieron que soportar por el malvado monstruo y esquizofrénico Mengele, no cabe duda que eran pequeños pero con el valor de un elefante. Dios quiera que ninguna generación de ningún país se vea en vuelta jamás en tan monstruosidad experiencia.
    Un abrazo amiga Ana María.

    ResponderEliminar
  4. Hola Ana:
    Una historia que ya conocía, pero que nunca deja de sorprenderme. Gente que me reconcilia con la especie humana

    Besote

    ResponderEliminar
  5. Que historia tan tremenda y a la vez afortunada por el hecho de sobrevivir los 7 hermanos a esos terribles padecimientos que sufrieron. La desconocía.Besicos

    ResponderEliminar
  6. Un milagro sobrevivir!!.
    Pequeños pero grandes luchadores.
    Una terrible historia. Menos mal que pudieron salvarse de aquel horror.
    Un beso.

    ResponderEliminar
  7. No conocía esta trágica historia Ana Mª, los de la pura raza aria no tenían nada de perfecta sobretodo el cerebro, desde Menguele hasta los guardianes del campo de exterminio de Auschwitz etc.....es terrorífico todo el sufrimiento y muertes que causaron, estos hermanos aunque sufrieran mucho salvaron la vida. Muy interesante entrada.

    Besos.

    ResponderEliminar
  8. Increíble que este personaje cuidara algo. Mucho tuvieron que gustarle salvarlos para.
    Cuanta maldad y daño puede causar el ser humano. Esperemos que nunca se olvide para que no vuelva a suceder.

    Se me solucionó solo lo de los comentarios.
    Buen fin de semana.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  9. Buenas noches, Ana María.
    En este caso y, en otros similares, me pregunto si no hubiera sido para esas personas mejor una muerte liberadora. Merece la pena vivir una vida tan terrible? Y los recuerdos que no podrían superar, supongo, el resto de sus días?
    No sé, me lo he planteado algunas veces.
    Un saludo cariñoso.

    ResponderEliminar