Foto cabecera

IMGP4946 Músicos y bailarina del Institut del Teatre de Barcelona, actuando en un bus de la ciudad durante unas jornadas musicales. (A.Mª.F.)





A CARLOS SENTÍS. CRÓNICA DE SEIS ENCUENTROS




            En un escrito de homenaje hacia alguien que ya no está entre nosotros y más tratándose de una personalidad como Carlos Sentís, lo usual sería centrarse en el relato de sus logros y virtudes. O puestos a destacar, escribir sobre él con una daga entre los dientes, porque una vida de casi 100 años con 80 de ellos como periodista y político todoterreno casi siempre en los aledaños del Poder, da para mucho.

                  Con mi mejor recuerdo, aquí va una tercera vía...


Un joven periodista llamado Carlos Sentís

UN HOMBRE PARA TODAS LAS ESTACIONES



24 de julio de 2011 
Publicado en Gaudí y Más.


                 ... La de contar su trato hacia alguien desconocido –yo misma-, que se acercó a él un día de 1997 buscando que le relatara para un libro sus recuerdos de niñez sobre Antonio Gaudí, vecino y amigo de los Sentís en el pueblo tarraconense de Riudoms, y se encontró con un hombre de registros inabarcables.


En su despacho de Presidente de la Asociación Internacional de Prensa
en Barcelona. (A.Mª.F.) 

                  Hablando del entorno con restos prehistóricos y romanos, nido de avellanas, viñas, olivos arbequinos y destacando al fondo el majestuoso escenario de la Serra de la Mussara, Carlos Sentís reconocía en la conversación que mantuvimos, que la primera vez en que tuvo conciencia de ser feliz fue en aquel paisaje del pueblo de Riudoms. Aunque yo había ido a entrevistarlo para saber de Antonio Gaudí, el tema fue derivando hacia las propias vivencias de Sentís, entonces Presidente de la Asociación Internacional de Prensa. 

                   Empezó explicándome que aquella parte de Tarragona era un lugar donde uno se sentía querido, formando parte de un clan arraigado en la tierra en el que aún hoy se utilizan apodos familiares, “El carotas”, “El Minguet”, “El cuc”, “El xurrac”. La entonces bibliotecaria Carmen Nogués, de Cal Magí. La Regidora de Cultura, Conxa Torres, de Cal Moixó. Antonio Gaudí de Ca la Calderera y el mismo Sentís, de Cal Sentís (1). Una tierra con profundas raíces de esas que atrapan a sus hijos. Para corroborar esos sentimientos el abogado, senador, embajador y periodista Carlos Sentís, valoraba su propia experiencia siendo hijo y nieto de riudomenses.

                     - Que quede claro que yo no afirmo que Gaudí fuese nacido en Riudoms, pero si estoy seguro de que sus sentimientos eran de allí y lo entiendo perfectamente, porque yo mismo pasé largas temporadas en el pueblo con mi abuela Placida Vilanova y mi tío Placido Sentís, que luego llegaría a ser canónigo de la Diócesis de Tarragona. Fui a la escuela por primera vez en Riudoms –las monjas de la Asunción, creo que se llamaban–, y fui resistiéndome heroicamente, eso sí, porque yo era feliz en el pueblo con el gran secreto que no conocen los niños de ciudad, que viven en una libertad vigilada siempre de la mano de los mayores; la gran libertad, la increíble libertad que tienen los niños de los pueblos desde los 3 o 4 años, el corretear por las calles con los amigos yendo de casa en casa de un barrio a otro, siempre que estés en casa a las horas que te digan.




Con una cruz, Antonio Gaudí, somatén.


     Añadiendo esta conclusión personal:

                     - Gaudí posiblemente nació en Reus pero se sintió rechazado, sobre todo en los últimos años de su vida le oí comentar a mi tío que Gaudí siempre hablaba de Riudoms. Está esa foto fantástica de Gaudí con la escopeta al hombro formando parte del Somatén de Riudoms, un hombre tan pacífico, es un documento extraordinario. Como mi padre, que también vibraba con Riudoms. Pero mi padre se hizo del somatén de Barcelona, que tenía un componente de defensa, antes de que Primo de Rivera lo abaratase y le diese otra connotación. Salía a formar con los vecinos cuando oían tocar las campanas convocándolos, de ahí viene la palabra somatén: “Som atents”, “Estamos atentos”... (2)


Durante la presentación en la Sagrada Familia. 2001

        Hace diez años, en Julio de 2001, él, que ya lo había sido todo en casi todo, tuvo la atención de ofrecerse a ser uno de los presentadores de mis dos libros sobre Antonio Gaudí en la Sagrada Familia. Sus palabras fueron de esas que no se olvidan y luego supe que así se comportó con otros muchos autores que empezaban su camino.  


Tras la presentación en la Sagrada Familia. 2001. Las fotos son
de J.Mª Font Massó y Francesc Bedmar.

       Unos días después asistió en el restaurante L’Encís de la calle Provença de Barcelona a la comida donde los integrantes de la mesa celebramos la presentación. A Sentís le faltaban unos meses para cumplir 90 años y no consintió que fuéramos a buscarlo. Recuerdo que habíamos quedado en la puerta del restaurante y a la hora en punto se paró un taxi y de él descendió un caballero con bigote, cabellos perfectamente peinados, vestido con pantalón y zapatos blancos, una chaqueta blanca con rayas azules y un detalle en el ojal. Todo el charme y el optimismo que habría lucido Scott Fitzgerald en compañía de Zelda para una cena en el Maxim’s de los felices veinte, venían con él. Siempre vestía con elegancia sabiendo combinar tonos comprometidos sin que chirriaran, pero aquel día pensé que para atreverse con un conjunto así, un hombre debía estar muy seguro de sí mismo.  

    La conversación de Sentís en la mesa era atractiva. Mientras lo observaba, mis pensamientos no paraban de repasar su currículum: Como político, desde los años 30 ha estado en formaciones de lo más diversas. Estudió Derecho pero prefirió ser un reportero que llegó a dirigir o ser directivo de diarios, de una emisora de radio, incluso de una agencia de noticias. Nombrado para diversos negociados y un largo capítulo de cargos. Pisó la cárcel cuando trabajaba en el gobierno de Lluis Companys y dando un quiebro, se libró de ser uno de los periodistas asesinados a manos de pistoleros de las FAI huyendo a Italia. Ha corrido desde el Congo a Argelia con De Gaulle. Fue corresponsal en Nueva York y enviado especial a la IIª Guerra en sus frentes de África y Europa. Entró en el campo de concentración de Dachau y contó el horror, ha seguido in situ los procesos de Nuremberg con unas crónicas magistrales. Ha entrevistado a los más. Algún autor lo acusó de espía franquista y de ser uno de los expoliadores de la biblioteca de Juan Ramón Jiménez (sic), imputaciones que él siempre negó. Como hombre de Suárez fue uno de los artífices de la llegada del President Josep Tarradellas…


Con Josep Tarradellas. 
Durante la reunión en el restaurante me fijé en que había logrado esquivar muy bien el tic  doctomonologuista que a menudo acompaña  al  reportero triunfador. Él no disertaba, conversaba, preguntando a los diferentes interlocutores por su opinión con expresión de interesarse por ella. Con su voz leve y un cierto aire disciplente no destacaba por nada en especial, pero a pesar de que los demás compañeros eran todos de peso no habría sido necesario señalar una cabecera en la mesa: estaba allí donde él se sentaba.

Un día de 2002 me llamó desde una de sus casas, no recuerdo si desde Barcelona o la Costa Brava, para decirme que se había dejado en la otra mi libro Gaudí. De Piedra y Fuego, del que necesitaba que le fotocopiara y le enviara por fax unas páginas para confirmar una información que yo había publicado, porque estaba escribiendo un artículo para La Vanguardia y había recordado que los datos que buscaba los había leído allí. Lo hice y a los pocos días me envió el artículo, titulado “Línea Gaudí” donde citaba mi nombre y el libro (3). Algo que raramente sucede.

Hasta 2005 coincidí con Carlos Sentís varias veces en conferencias o presentando libros y en dos de ellas lo acompañé en mi coche hasta su casa, en la parte alta de Barcelona. En una de esas ocasiones, él ya con 93 años, me contó que padecía un serio problema ocular y acabamos bromeando sobre las diversas goteras que va dejándonos la vida. En otra hablamos de los estadistas que él había conocido tan bien y comentó que eso pertenecía al pasado, porque opinaba que -con ciertas excepciones- los actuales se encontraban a años luz de aquellos personajes tan lúcidos como generosos, cuyas mentes eran capaces de ver los problemas más allá de sus propios partidos con un auténtico sentido de Estado. Nombres que iban desde Churchill, Adenauer, Ghandi, Nasser, hasta Suárez y Tarradellas. Y muchos más. Lo encontré escéptico hacia los que nos gobernaban, entre ellos algunos a los que con mucho estilo definió de manera demoledora.   

 Sé que una vez, sin yo saberlo dio mi nombre para un trabajo  interesante que realicé como biógrafa de Gaudí, participando en las ponencias de unas mesas redondas que se formaron en el Año Gaudí 2002. Como todos los demás, mi texto se publicó en el libro resultante que colaboré a presentar en varios lugares. 

  En cuanto a lo que él recordaba de la muerte de Antonio Gaudí, Carlos Sentís me explicó cómo fue llevado por su padre al Hospital de la Santa Creu de Barcelona a darle el último adiós al arquitecto, buen amigo suyo de  Riudoms. Sentís era un adolescente de catorce años que ya apuntaba el excelente ojo para los detalles que demostraría en sus posteriores crónicas y reportajes, soberbios, por lo que resulta curiosa para la anécdota del último lecho del arquitecto, el aspecto del Antonio Gaudí yacente que el chaval guardó en la retina con tanta fuerza, que setenta y seis años más tarde fue capaz de recordarla así para mi reportaje El último aliento:       

      -Me quedó grabado para siempre el aspecto de Gaudí, aquel hombre conocido de mi familia a quien yo no había visto nunca anteriormente. Tenía una pose tranquila que no evocaba una muerte por atropellamiento, parecía en reposo. Su cabellera y su barba eran blanquísimas y su rostro no guardaba el color ceniciento de la muerte, al contrario; su piel estaba bronceada, morena. Como la de un gitano (4).

                 Teniendo en cuenta que esa cama en la que falleció Gaudí había estado ocupada hasta entonces largo tiempo por un paciente gitano de Mataró, no hubiera podido tener más olfato periodístico para describir una imagen.


                   Mis respetos a su familia. 




Ana Mª Ferrin



(1) Minguet: Diminutivo de Domingo o Mingo. Cuc: Cuco, gusano. También usado como expresión cariñosa. Xurrac: Sierra. Moixó: Pájaro. 


(2) Libro Gaudí. De Piedra y Fuego. 2001Pag. 65-66. Jaraquemada Editores: Distribuye: ediciones@edicionesexperiencia.com



(4) Revista Historia 16. Diciembre 2002. Nº 320.

No hay comentarios:

Publicar un comentario