Foto cabecera

PastorOvejas Atardecer en Tierra de Campos, Palencia, España. (A.Mª.F.)





ARTE EFÍMERO: ATRAPANDO EL INSTANTE


                    
                    Por sus características y los materiales con que se construye, sólo tenemos constancia del Arte Efímero a través de la fotografía o el vídeo, única evidencia capaz de registrar que una vez alguien creó esa obra que pasó ante nuestros ojos como un meteorito. Por ello únicamente  podremos hablar con rigor de esta especialidad desde finales del siglo XIX, considerándola la disciplina más joven, cuya singularidad evanescente la hace portadora del aura de lo artístico, lucero fugaz que interacciona al ser humano con la Naturaleza.


La Naturaleza crea su propio arte helando estas flores 

DESCUBRIENDO EL ICE ART


Publicado en Gaudí y Más. Noviembre de 2011                   


                       Para entrar en ese mundo será preciso en esta ocasión dejarse deslizar por la senda de Oz hasta llegar al apartado del Ice Art, retornando a la infancia, con su carga de sorpresa e ingenuidad cuando abríamos los ojos al descubrir una tela de araña convertida en joya por la escarcha, antes de que nuestro índice la transformara en un rebujo de seda húmeda.

                  Obras breves, frágiles, perecederas, como las creadas por la poesía helada de Andy Goldsworthy, el hombre que tras la escarcha del amanecer levanta con sus dedos la débil corteza de un riachuelo para formar con sus láminas una esfera, aprovechando las placas más gruesas para crear un arco perfecto en medio del camino. El que al anochecer emprende la tarea de enroscar en un árbol la tira de papel mojada que la aurora nos devolverá, glaseada, reptando por su tronco. El mismo iluminado que después de ondular unos vellones de lana empapados y duros por el rocío, pegará su forma en una roca simulando el serpentino arroyo que asciende entre peñas creyéndose un mantra, y pillará de un canalón una a una las puntas más finas de los carámbanos para formar con ellos la estrella del camino. A continuación, armado de su cámara antes de que el día dispare su termómetro, inmortalizará las piezas. 







  


                  


Instalaciones de Ice Arte creadas por Goldsworthy
  
                          Igual que él, rápidamente la brasileña Nele Azevedo grabará a su legión de hombrecillos, que ha puesto a descansar en los escalones de alguna plaza sorprendiendo al paseante que se detiene y quizás medite lo que el calentamiento global o el estrés serán capaces de hacer con cualquiera de nosotros a poco que nos descuidemos, o sea, fundirnos vivos. En la misma posición, sin variar su postura, las minúsculas figuras cederán ante el peso del calor doblándose, perdiendo vigor, afinándose, hasta desaparecer dejando un cerco líquido como único testigo de su paso por la tierra.

                         Las obras en hielo cuando se muestran en nuestro ecuador poseen el don añadido de lo perecedero, por ello no agreden, ni disparan en nosotros mecanismos de acción. Nos invitan a sentirnos bien, a reflexionar buscando metáforas que sirvan de respuesta a nuestra ensoñación. Las formas cantan y esa canción se ve, se oye con los ojos y a medida que sus formas se desvanecen su melodía va calando en el aire.

                           
  



Visión de los Hombrecillos helados de Nele Azevedo


                           Cuando al deambular alguien se tropieza con una obra interesante de Arte Efímero su rostro se descoloca, quedando con la expresión de un arquero persa y varias preguntas le asaltan: ¿Qué es? ¿Para qué sirve? ¿Para qué este esfuerzo que en nada quedará en nada? A lo que puede responderse: Es lo que es, no hay más. Una manualidad que muta en arte cuando su autor posee ese don que ni se hereda ni se transmite ni puede comprarse. Que o se posee o no.


                       ¿Para que sirve una carroza de hielo? Quizá solo para hacerte ralentizar el paso y para que una vez cruzado ese primer instante de asombro por encontrar algo insólito donde no esperabas, te abandones a su contemplación dejándola a continuación a merced de su destino, que dada su quebradiza estructura puede que no resista más allá de tu próxima esquina.


  
¿Para qué sirve una carroza de hielo?


                       El creador plástico necesita un lugar donde exponer su obra al público para darla a conocer y al no existir cauces apropiados, mientras lo encuentra se ve obligado a exponerla en los pocos espacios públicos que están a su alcance. Así vemos en ocasiones propuestas deslumbrantes que se te ofrecen desde el rincón de una calle haciéndote pensar lo que podría conseguir ese artista de contar con el apoyo adecuado. En su búsqueda invertirá la gran energía de sus mejores años y aún así no es seguro que lo logre. Y más difícil mientras más arriesgada sea su propuesta.


                         Según escribió Salvador Dalí, cuando Federico García Lorca visitó en Barcelona la Sagrada Familia de Gaudí, al cruzar hacia el interior por el portal del Nacimiento miró hacia arriba y viendo la majestuosa nevada en piedra que resbala desde lo alto por la fachada, sus flores, sus estrellas, el poeta casi sufrió un vahído. Al explicarle lo que había sentido, le dijo a Dalí: - He escuchado un griterío, un jaleo de gritos sonoros que se oían cada vez más estridentes a medida que la fachada se levantaba hacia el cielo, hasta mezclarse con las trompetas de los ángeles en una zambra gloriosa, que no hubiera podido soportarla por más tiempo. 


Fachada del nacimiento. Flores, ángeles músicos y arriba, carámbanos


                       Ese precio de el que ve, que escucha, que tiene la sensibilidad suficiente para apreciar lo especial, se paga en muchos campos. Fijémonos en el caso de Antonio Gaudí. De no haberse cruzado en su camino Eusebio Güell con su fortuna y su prestigio, no está claro que hubiera podido despegar su talento para las grandes obras, ya que ningún estamento de peso confió jamás en él para encargos remunerados, mientras sí se acordaron de otros compañeros suyos, portadores de una arquitectura simplemente correcta pero mucho más lineales, sin sorpresas, y sobre todo mejor contactados con el poder.


                   Claro que el mismo Gaudí declaró en una ocasión, tras malograrse el proyecto de una obra suya en Reus porque la encontraron demasiado atrevida: -Y eso que no enseño todo lo que se me ocurre, porque si lo hiciera seguro que dirían que estoy loco.


Arco de hielo de Andy Goldsworthy


                         Pero son legión los que creemos que aunque Gaudí no hubiera conseguido levantar nada más que kioscos para la venta de golosinas, hoy esos chiringuitos de quita y pon se estudiarían en las Escuelas de Arquitectura de todo el mundo. Serían Arte Efímero, pero como pasa en la actualidad con todo lo que logró construir, al verlos aunque fuera en imagen se agitaría la vida de quienes los contemplaran. Como nos sucede hoy al descubrir la estrella de Goldsworthy o uno de los humildes hombrecillos helados de Nele Azevedo.


Ana Mª Ferrin                           
                        

2 comentarios:

  1. DESCONOCIA ESTAS OBRAS ¡QUE MARAVILLA! Suresnes

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    1. Cada vez que abrimos la puerta de algo nuevo descubrimos infinidad de mundos que desconocíamos y eso es bueno. Nos asegura diversión de por vida.

      Gracias por la visita y un saludo.

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