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ÁNGEL PAVLOVSKY CONTRA EL TEDIO DEL ESPECTADOR



Ángel Pavlovsky, el popular artista del Paral·lel barcelonés, rememora en una entrevista concedida a este periódico sus orígenes de hijo de proletarios en Buenos Aires. Pavlovsky declara también que sobre el escenario mantiene constantemente una despiadada lucha contra el tedio. Desde hace 14 meses se siente un hombre sentimentalmente afortunado.



Pavlovsky durante la entrevista de A. Mª Ferrin. 1986 (St. Andreu Express)
                                                 


        ÁNGEL PAVLOVSKY CONTRA EL TEDIO DEL ESPECTADOR



Publicado en SANT ANDREU EXPRESS. Octubre de 1986


El artista del Paral·lel confiesa a SANT ANDREU EXPRESS que sus gastos superan a sus ganancias


(Desde el escenario, dirigiéndose al público)

-¡Hola! Por fin vinieron ¿Les contaron que aquí pasan cosas? Pasan… Pasan…

Pasar, pasa de todo. Hallazgos escénicos, logros de “tempo” rítmico, sorpresas tejidas de mimo y circo, excitación colectiva, también sobes colectivos. No te gustará y podrás comentar como un vecino mío de butaca: “Este tío lo que es, es un jeta con ideas”. O se producirá el hechizo que te pondrá cara de arrobo al igual que transfiguran la suya, filas y filas de espectadores en este martes de precio especial. La comunión de cariño entre su público y Gregorio Ángel Povolotzky se palpa. La admiración por la elegancia de maneras de “La Pavlovsky” es evidente.

- ¿Qué no ha de suceder nunca en un espectáculo de Pavlovsky?

- El tedio. Si empiezo a notar aburrimiento, malo. Hay que levantar el clima, trabajar procurando atraer al público a mi terreno.

Doce años atrás, en 1974, llegaban los hermanos Alicia y Ángel Pavlovsky a Barcelona, tras la aventura de intentar aquí una nueva vía. Ángel ya había pisado el Teatro Victoria en 1969 con la compañía de Ethel Rojo, aunque no pasó nada, y la ciudad lo había impactado lo bastante como para ensayar un segundo asalto desde las tablas del “Barcelona de Noche”, buscando la consagración. Atrás quedaban diez años como mimo y bailarín, extra de ópera, un programa nocturno en la televisión argentina, “Café concierto del búho”, cuando se arrancó aquí con un espectáculo hablado. Gustó tanto que una crítica muy comentada en la época acabada en frase rotunda: “Pavlovsky es otra cosa”, quedó como el “leit motiv” diferenciador del artista cantado por él en cada actuación.

 (A mi lado, una pareja comenta: “Es cultísimo”)

- ¿Qué estudios realizaste?

- Lo que me atraía era Bellas Artes. Pero esa era la carrera más cara allá en Buenos Aires. Empecé Medicina, que dejé en primero, y Arquitectura, que también abandoné. Yo soy hijo de proletarios, mi padre era cobrador de la luz en mi pueblo, Rivera. Es curioso, pero todos los judíos de pueblo eran ricos menos mis padres. Sí, mi familia es judía pero me educaron en la tolerancia y yo tuve oportunidad de elegir una religión propia porque nunca me obligaron a una ortodoxia. Hoy soy un creyente respetuoso hacia todo, pero no religioso, aunque de las enseñanzas familiares siempre queda un algo.

- Tú eras un chico de buenísimas notas ¿Fuiste un niño feliz?

- Hoy pienso que no estaba aquello tan mal, que mis padres no lo hacían tan mal, que yo no era tan mal hijo como pensaba entonces, pero yo era un niño muy sensible que leía muchísimo, buscando evadirme en un mundo de imaginación. Me hubiera ido con el circo que acampaba en un terreno junto a casa, si mis padres no me lo hubieran sacado de la cabeza.

- ¿Por eso cruzas la sala funambuleando por el respaldo de las butacas?

Pavlovsky asiente pensativo y se aparta de la frente el mechón bien cortado de su pelo oscuro. Tomo una de sus manos y me sorprende su rotundidad. “Tengo manos de campesino”, comenta. Desde el patio de butacas se apreciaban finas y distinguidas y eso me habla de un buen dominio del cuerpo, de una sólida preparación como actor que no se improvisa. Ojos castaños, óvalo aristocrático, labios muy dibujados que él sabe explotar en escena con mohines de carmín. Por su rostro van pasando estados de ánimo durante la entrevista, desde el cansancio –hoy se acostó a las seis y a las nueve ya estaba en pie-, hasta una expresión de arlequín burlón a la que sólo falta un gorro de tres puntas cascabeleras.












En diversos números de sus espectáculos, Pavlovsky en rojo

- ¿Supersticioso?

- No, para nada. No me importa ser trece en la cama.

- ¿Eres ahorrador?

- ¡Qué dices! En cuanto tengo un par de días me gasto lo que he ganado con la familia, los amigos y con la gente que me quiere. Administrativamente soy un desastre; mis gastos siempre superan mis ganancias.

-¿Qué ha sucedido más, dejarte a ti o que tú hayas dejado a alguien? ¿Has sido hombre de muchos amores?

- Ni una cosa ni otra. Yo he sido hombre de grandes pasiones, pero durante mucho tiempo busqué el amor sin encontrarlo, sin tener ni siquiera alguien que pudiera dejarme, lo que aún es más duro.
- Hasta hace unos meses en que cambió tu vida…

- Sí, exactamente catorce meses hace que por fin, sentimentalmente, soy un hombre afortunado.









Pavlovsky,  "Orgullosamente humilde" y siempre "Ángel"

Nos acompaña el ayudante de dirección, contable y actor –en la función “el hijo rosa”-, Carlos Duer, y a él me dirijo para que nos defina al compañero. "Ángel es perfeccionista hasta la crueldad, se exige el máximo y a toda la compañía nos maltrata para obligarnos a dar también el máximo. Como ser humano es súper sensible, tierno y bondadoso, pero en el trabajo ya te lo dije, puede ser terrible"
.
- Pavlovsky, por último. “Este es mi lugar” es el título de la obra que presentas. ¿Cuál es el lugar de Pavlovsky?

-Barcelona, Cataluña. Yo elegí este lugar para vivir y aquí me siento muy a gusto.

               El residir tantos años en Barcelona y su amistad con gente de la talla de un Josep Mª Flotats o un Lluís Llach le han hecho cómplice de su amor por Cataluña. No ha de extrañar por ello que en un momento dado se lance a cantar una lírica –purista – académica traducción propia al catalán, del tema “Bésame mucho”, cuya letra me viene a la memoria mientras abandonamos el Hotel Granvía de Barcelona donde se ha desarrollado la entrevista: “Petoneja’m una altra vegada, com si fos ara encara l’última nit……”. (*)


Ana Mª Ferrin

(*) "Bésame otra vez, como si fuera esta noche la última vez..."

4 comentarios:

  1. quiero saber de carlos duer por favor alguna imagen

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    1. Siento no poder ayudarle.
      Para este tema le aconsejo que se dirija al mismo Ángel Pavlovsky. Seguro que él le atenderá

      Saludos.

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  2. Me gustaría saber cómo está su hermana Alicia!!
    Un abrazo para Ángel!!
    Francisco Marqués

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    1. Hola, Francisco, siento responderle lo mismo que al comunicante anterior. Como consta al principio, la entrevista la hice en 1986.

      Un saludo desde Barcelona.

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