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Compagnia-Mvula-Sungani-ph.-Antonio-Agostini Compañía de Danza Mvula-Sungani. Roma. (Antonio Agostini)





DROGAS


   Cuando ponía punto final al artículo mensual, en este caso jocosamente político y gastronómico, ese mismo punto me estallaba de vergüenza en la cara al saltar la noticia de que en Madrid, la Coordinadora de Barrios ha paralizado el Parlamento poniéndole ante los ojos un informe detallando los lugares estables de venta de drogas en esa ciudad.


Publicado en Sant Andreu Express. Abril de 1987


             Mi propia vergüenza me ha hecho romper el anterior artículo para preguntarme si no somos todos responsables de esa tragedia que desangra a tantísimas familias, vecinos nuestros, chavales que no es que hayamos leído o nos hayan contado sobre ellos, es que ya son gentes a los que conocemos y en muchos casos, a los que queremos.

              Como quiero al amigo comunista de tantos años que después de haber pasado la vida luchando por un futuro mejor para nuestros hijos, se encuentra con que el suyo propio se le desintegra delante sin poder hacer nada más que sentir una impotencia que no conoció ni en los años de clandestinidad. Como sé de la vecina que se ha fregado a rodilla todas las escaleras de Barcelona para  que sus hijos aprendieran lo que ella no aprendió, y hoy pasea unos ojos ya sin lágrimas quedándose otra vez sin comer, para que al chico no se le escape ese día la vida por la falta de papelina. Mientras, espera años de turno a que haya una plaza subvencionada para poder desengancharlo, porque para ese tema tan poco fotogénico hay poco presupuesto.

               Claro que a cambio podemos leer cada día los millones que van a costar las Olimpiadas, las cifras que se barajan en próximas campañas electorales, o que este primer año en la Comunidad Europea sólo costará la miseria de unos 500.000 millones de déficit.

                En el centro de Madrid se han puesto a contar las jeringuillas que en un solo día habían aparecido: 7.400. Si se hiciera en St. Andreu y Nou Barris la misma operación, la cifra podría dejarnos sin aliento, pues es sabido que en otros ámbitos no seremos los primeros, pero en éste, si no encabezamos la lista de Barcelona, poco nos faltará. ¿Cuántos pubs, cines, pisos, bares, parques, tiendas, kioskos, plazas, discotecas, etc., sabemos o sospechamos que son puntos de venta en las calles que vivimos? Y, si lo sabemos ¿Por qué no organizarnos, enumerarlos y hacerlos llegar a quien corresponda?

                 Nuestro periódico, en su número de Junio, ya hizo un primer intento de denuncia que costó no pocos quebraderos de cabeza, pero desengañémonos, ésta no es tarea de héroes, sino de coordinación que provoque una concienciación ciudadana. Y que nadie piense que esto es puro tremendismo y que no va con él, porque por su misma dinámica, cada adicto necesita hacer crecer la espiral para mantenerse, y en una de esas vueltas puede atrapar a alguien nuestro.

                     En las pasadas manifestaciones estudiantiles, todos los observadores coincidían en que los plantes de las nuevas generaciones, más que unas reivindicaciones concretas, lo que buscaban era participar y ganar sus propias batallas. Pues ahí tienen una durísima, desenmascarar a los camellos y lograr una recuperación de los enfermos, porque como sigamos así, la ácida frase “Con la sangre de todas las jeringuillas de los terrenos de la Renfe, se podrían grabar cada mañana otras cuatro barras en nuestro escudo”, va camino de hacerse realidad.

Ana Mª Ferrin

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