Foto cabecera

IMGP4946 Músicos y bailarina del Institut del Teatre de Barcelona, actuando en un bus de la ciudad durante unas jornadas musicales. (A.Mª.F.)





SUBIRACHS Y EL ORO EN LAS PUERTAS DE LOS EVANGELIOS.




                    Como fósiles gigantes encontrados en una cueva del mar Muerto, surgen ante el visitante las puertas centrales de La Pasión colocadas el año 2000 conteniendo los Evangelios de San Juan y San Mateo. Semejan dos pergaminos milenarios desenrollados contra el muro, exponiendo sus textos de signos irregulares a los que el tiempo hubiera hundido a su capricho unas frases, mientras otras emergían desde el fondo destacando su importancia.


Las puertas de Los Evangelios. A la izquierda, el de San Mateo, a
la derecha el de San Juan. Delante, el Cristo de La Flagelación 

       
       VERTICALIDAD Y DESPARPAJO

Publicado en Gaudí y Más. 9 de Febrero de 2012


                     Desde el principio Josep Mª Subirachs tuvo claro que las puertas centrales serían un homenaje a la palabra escrita, buscando realizar una obra minimalista que no restara protagonismo a las figuras del pórtico ni al Cristo de La Flagelación, ya instalado trece años atrás ante el parteluz destinado a separar los dos portales.

                   Lo que quizás no imaginaba, era que estas puertas acabarían enriqueciéndose como lo hicieron, sobre la marcha e incorporando una explosión de hallazgos al tiempo que crecían, provocando la ilusión de que palabras y objetos salían disparados desde las profundidades del soporte. Todos los perfiles van tallados de manera diferente, a veces con nombres grabados en la porción de una letra cualquiera, otras insertando efectos de lo más dispar y siempre reclamando la atención del observador desde el fondo mismo de la materia.

                   Los elementos personales escondidos por los recovecos de las letras sobrepasan en mucho a los versículos del Nuevo Testamento. Entre frases conocidas y rotundas, emergen nombres crípticos que descolocan a los entendidos, así RAT o MILL, (los nombres de dos nietos del colaborador de Subirachs, Ramón Millet), del mismo modo que al imprimir Zeus no trataban de invocar al dios griego, se rendía homenaje al negocio familiar del mismo Millet por medio del sello del establecimiento.



   






Joan Guasch en tres fases de la transformación.
Dorado de letras. 2002 (J.G.)


                Fueron 9.890 las letras talladas una a una por Ramón Millet. Las huellas dejadas por todos los rincones de la puerta no son sólo digitales, también hay otras, tridimensionales, que formaron parte de la anatomía del colaborador. Las dos piezas de su prótesis dental quedaron incorporadas al texto formando las letras “C” y “D” en uno de los batientes del que ha sido el trabajo más importante de su vida.

                  Del diseño considerado monótono a priori por bastantes voces que más tarde transformaron su opinión inicial, surgieron estas dos puertas, a la vez austeras y majestuosas, de generosa inventiva icono-tipográfica gracias a la complicidad conseguida entre el escultor y su colaborador Millet. Una vez fundidas, la complicada tarea de Josep Mª Subirachs para dotarlas de vida modificando la textura de cada carácter una y otra vez torturando el metal, fue una larga tarea de semanas sin darse por satisfecho hasta conseguir el acabado orgánico que llevaba en la mente. Todo ello fruto de sus esfuerzos posteriores al trabajo del fundidor, ya que buena parte del misterio que hoy nos sugieren las puertas no existía en el boceto original.      




            
Dos supervisiones de Subirachs. 2002 (J.G.)
   
                   La antepenúltima intervención se realizó un par de años más tarde de su colocación, según idea del propio escultor que echaba a faltar en el conjunto una sacudida en el espectador, el punto de choque visual que atrapara desde lejos su mirada arrastrándola hacia las puertas. Cuando por fin la musa abrió el cofre, Subirachs vio claro el camino a seguir. La idea iba a plasmarla a plena satisfacción del artista, el ingeniero químico Joan Guasch amigo y colaborador de Joan Barbará, el grabador que ya había trabajado con el mismo Subirachs y también con Miró, Dalí y Tapies.

                        El encargo recibido por Guasch consistía en potenciar en las puertas, con un acabado en oro, la identificación de una serie de palabras y frases escogidas por el artista. Más un párrafo de los versículos señalado especialmente por Guasch y aprobado por Subirachs, que reproducía el comentario de Pilatos tras declarar Jesús durante el juicio que había venido al mundo para traer la verdad. La respuesta interrogante de Poncio Pilatos, había sido: ¿Y qué es la verdad?




Dos visitas de Ramón Millet a Guasch. En la inferior les acompaña
 Felipe López Martín, a la derecha. 2002 (J.G.)

                       Siete pasos fueron precisos para dorar las letras, de una en una, a través del procedimiento Selective Plating: Desoxidar por separado la pátina de óxido de bronce que cubría la superficie de cada letra. Pulir la superficie. Desengrasarla. Decaparla. Niquelarla. Dorarla. Finalizando con la aplicación de una protección de poliuretano. Con la colaboración del también ingeniero químico Felipe López Martín, fueron precisos alrededor de 20 días para completar el proceso de transformación de aquellas palabras, pocas en número, que el artista sabía suficientes para proporcionar a las puertas el definitivo toque espectacular que buscaba.

                     Pasados los días se descubrió que la pátina de ciertas palabras accesibles a los visitantes, había sido raspada para llevarse la capa de oro que las cubría y Joan Guasch procedió a su penúltima operación en la Sagrada Familia. Desarrollando y aplicando un sistema de protección por medio de una determinada técnica a prueba de agresiones, de nuevo pudo verse en las puertas el dorado original destacando los detalles, pero ahora sin temor a que desapareciera.


A la izquierda, la frase escogida por Guasch: I QUÉ ES LA VERITAT?
El ingeniero ante la puerta con una parte del trabajo terminada. 2002 (J.G.)

Joan Guasch con su cliente el escultor Lorenzo Quinn, ante una
de sus obras. A la derecha la Restauradora de Arte, Ana Martínez. (J.G.) 

                      Aún le encargarían al ingeniero una última actuación en todos los portales de la fachada. Sucedió que la parte posterior de los batientes, tratados con una oxidación de hierro para darles el tono envejecido que deseaba la dirección, a medida que pasaba el tiempo iba cubriéndose de un polvo férrico que manchaba la ropa de los visitantes. Joan Guasch solucionó el problema aplicando a las hojas un tratamiento de fosfatación que frenó la oxidación sin que las cuatro puertas de La Pasión perdieran su atractivo color rojizo.  

                          Pasando bajo el dintel del tiempo, Ramón Millet ha compartido con Subirachs muchas horas de vida, tallando durante cinco años, cada una diferente a la anterior, las 9.890 letras que componen los cuatro batientes de los Evangelios. Un día, y otro, y otro, los dos hombres nacidos bajo el signo de Piscis y ambos de fuerte carácter, se complementaron manejando toneladas de yeso y barro, materia y técnica provenientes de antiguo que hasta hoy no han sufrido cambios. Modelando Subirachs en barro las figuras que más tarde Millet pasaría al yeso, cuajaron un entendimiento que les permitió sobrellevar a lo largo de tantos años los problemas de un trabajo pleno de dificultades.


En una esquina de las puertas centrales de La Pasión, los nombres del
colaborador de Subirachs, Ramón Millet, y del fundidor, Vilá. 2003 (A.Mª.F.)

                       Llegado el día de su instalación en los portales, pudo verse que los nombres de su colaborador Ramón Millet y del fundidor Vilá figuraban al pie de una de las puertas junto al nombre del escultor, constando la fecha, 1997-2000. En opinión de Ramón Millet: _Fue un acto de generosidad por parte de Subirachs el ponernos juntos a los tres: él mismo, Vilá y yo, en caracteres del mismo tamaño. (*)




Ana Mª Ferrin


(*) El proceso de las puertas en la fachada de La Pasión, puede leerse en el libro de Ana Mª Ferrin: El Tacto y la Caricia. Subirachs. En la siguiente dirección, sinopsis y primer capítulo:

amf2010blog.blogspot.com/2011/05/el-tacto-y-la-caricia-subirachs-nuevo.html

4 comentarios:

  1. Hola Ana, aunque soy neófita en arquitectura, siempre estoy abierta a aprender y este blog es un descubrimiento que me hará disfrutar de ello, sobre todo porque lo poco que conozco de Gaudí, me encanta, es único y sorprendente.
    Por eso le agradezco todo el trabajo que nos deja aquí como un regalo.
    Mis felicitaciones.

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  2. Maru, cuando un artista termina a su obra y la expone al público ya no le pertenecerá nunca más a él sólo. A partir de ese momento será también de todo aquel que al contemplarla se emocione con ella, sea o no un experto, porque la sensibilidad va por libre y no la otorga ningún título. Así que cuando vea la obra de Gaudí siéntala también como suya y disfrútela. Para eso él trabajó y luchó, para lograr transmitir su mundo interior encontrando al destinatario que supiera apreciarlo. Seguro que como creadora que es, usted sabe bien de lo que hablo. Mil gracias por visitar el blog. Hasta pronto.

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  3. He llegado aquí por que buscaba un poco de información sobre el Poncio Pilato de la escultura de la Sagrada Familia y todo el asunto de la verdad, y creo que he llegado al sitio adecuado. Te felicito Ana por toda tu inverstigación sobre Gaudí y Subirachs.

    Y luego mirando aquí y allá, como químico me ha parecido también muy interesante, la precisión para explicar los procesos que se utilizaron para el tratamiento de las letras de la puerta principal.

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    1. Mira Vigo, me satisface que te haya interesado el proceso seguido por el ingeniero químico Joan Guasch para el dorado que aparece en algunas frases de las puertas centrales. Guasch es uno de esos profesionales de los que raramente consta el nombre en las crónicas, aunque sus intervenciones siempre colaboran a que la visión de una pieza nos atrape, como a ti, o como me sucedió a mí decidiéndome a entrevistarlo. Así descubrí que es un referente en ese tipo de toques diferenciales a obras de arte.

      Por el contrario, en otros tratamientos como el que se aplicó a la figura de la Resurrección de la misma fachada, el efecto es tan negativo que no me extenderé. Sólo diré que ojalá hubiera puesto Guasch sus manos en ella porque tal como resultó esa intervención, de quien no está clara la responsabilidad última, nuestra mirada resbala por la figura sin identificar que es lo que está viendo o aún peor, pasa a través de la imagen como si fuera transparente por lo incolora e insípida que aparece. Los avatares sufridos por esta pieza serían un magnífico guión.

      No me extraña que te intereses por la figura de Pilato, el tipo tiene un montón de lecturas. Gracias por tu visita.

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