Foto cabecera

PastorOvejas Atardecer en Tierra de Campos, Palencia, España. (A.Mª.F.)





LA PEDRERA, SU BUHARDILLA Y BARBA CORSINI (1ª PARTE)


                       
                         Subí el pasado día 26 de marzo a la azotea de La Pedrera con idea de tomar unos detalles que me faltaban para un trabajo sobre el arquitecto Francisco Juan Barba Corsini. No había vuelto a visitarla desde hacía diez años y al visionar las imágenes de mi cámara, me topé con una de las parejas en las que debía pensar el arquitecto cuando empezó a proyectar los trece apartamentos en que transformó el desván de la casa, en 1955.









El apartamento Nº 2. Tal y como lo encontró Barba Corsini.
Como lo proyectó. Como resultó. Y en la actualidad. Fotos
de FJBC., Catalá Roca, y la última de AMªF. en 2012



Un proyecto destinado a ser hábitat de jóvenes parejas
como éstos visitantes japoneses de La Pedrera (A.Mª.F.)




UNA HISTORIA EN CUATRO FASES


Publicado en Gaudí y Más. 12 DE Abril de 2012

                       
                  -Durante un año estuve yendo todas las mañanas a las buhardillas a pelearme con las ratas. -me contaba Barba Corsini en 1998-. En serio. Fue un placer trabajar así, imaginando que por allí irían a vivir parejas jóvenes y dándome el tiempo que requería algo tan especial, las mediciones y cálculos para que cada espacio tuviera su aporte de luz. Y algo que me divirtió mucho, crear todo el mobiliario incluidas las lámparas y muchos accesorios. ¿Si me enriquecí? Por Dios, económicamente fue ruinoso, menos mal que mi estudio ya estaba en marcha y yo también iba por las tardes, nunca pienso en aquello como un negocio. Sí le digo que fue un disfrute y también hizo que se me conociera a otro nivel. 

                            Cuando se hizo cargo del proyecto no era un recién llegado al oficio, desde un año antes de obtener el título en 1943 ya venía participando en el Servicio de Construcciones que puso en marcha tras la Guerra Civil todo un compendio de intervenciones. Abierto su estudio en 1945 y con una buena experiencia práctica, aprendió a copiar hasta hacer las cosas bien hechas, a obedecer, a construir austeramente. Pero él necesitaba más, su concepción de la arquitectura no acababa simplemente viviendo de ella a base de curar y reconstruir, dejando la profesión colgada de una percha cuando salía del estudio, quería vivir una motivación que lo emocionara cada día, sorprenderse, eso que atisbaba ojeando las revistas de arquitectura venidas de un más allá al que no sólo cerraban fronteras. Intuía, sabía, que mi profesión podía ser apasionante.



El arquitecto por los años de La Pedrera

Maqueta con la estructura del desván de La Pedrera. 2012  (A.Mª.F.) 


Planta con la distribución de los 13 apartamentos

                           
                 Allí estaba él alrededor de la cuarentena debatiéndose en qué hacer con su vida, cuando en plena calle el azar hizo que se encontrara a un amigo director de la productora Warner Bros, que tras un rato de conversación, le dijo: –Dentro de unos días estrenaremos aquí una película de King Vidor, "El Manantial". Ven a verla en el pase privado, seguro que te gustará.  

                      Tal y como relató el episodio al entrevistarlo para un reportaje sobre Josep Mª Jujol, de quien Barba Corsini había sido discípulo, como Oriol Bohigas y Jose Aº Coderch, así lo publiqué en mayo de 2002 en la revista HISTORIA 16. El guión de aquella película estaba basado en la biografía de F. Lloyd Wright, un arquitecto de vida arrebatada y creador comprometido hasta el límite con su profesión, le valió a Barba Corsini para decidirse a desaprender y encontrar tiempo para hacer real la arquitectura que ya lo era en su mente.














Dos soluciones con sus correspondientes proyectos


                  - Sé que es difícil explicar lo que sentí al ver aquella película y aún más que se entienda en toda su dimensión lo que significó para mí, porque me dio el empuje que yo necesitaba para cambiar la forma de vivir mi profesión. 

                     Le pregunté si creía que La Casa de la Cascada de Wright le había servido de inspiración para proyectar el chalet que construyó para el doctor Pérez del Pulgar en Cadaqués, porque a pesar de sus curvas el concepto de integración en el paisaje era el mismo. Me respondió que aunque de manera inconsciente estaba seguro de que sí, por lo mucho que lo admiraba.


Josep Mª Jujol, profesor de F.C. Barba Corsini

Barba Corsini en su antigua aula. 2002 (A.Mª.F)


En su despacho en 2002. (A.Mª F.)


                   Nombrarle a Jujol en 1998 abrió las compuertas de sus recuerdos:                           
                   
               - Podía haber aprovechado más aquellas clases con Jujol –recordaba-. Aún me parece verlo vestido de oscuro con el chaleco amarillo y su débil voz, aunque no era un hombre muy mayor. Era a finales de los años treinta y debía andar por los sesenta años pero creo que ya se encontraba mal. En la clase de Copia de Detalles hicimos muchas copias que después de la guerra sirvieron para reconstruir los destrozos del Patrimonio. Venía uno por uno a ver nuestros dibujos, los iba cogiendo y los enriquecía con toques que nos dejaban maravillados de lo bien que lo habíamos hecho, sin pensar que el resultado final se lo debíamos a él.

                    Una ocasión nostálgica lo devolvió a sus años de estudiante el día 14 de mayo de 2002, cuando fuimos juntos a visitar el aula de la Universidad Central donde Jujol impartía sus clases. A esa sala la llamaban La Siberia por lo gélido de sus inviernos y hasta los ateridos estudiantes -recordaba el arquitecto- llegaba ensayando sus escalas la voz alada de la soprano Victoria de los Ángeles, hija de un bedel de la Universidad que habitaba allí con su familia.






 Arriba, exterior e interior actual del rosetón de la iglesia del Pi,
 Barcelona. Debajo, exposición de la Escuela de Arquitectura en
  1943 con el rosetón del Pí y detalles dibujados por los alumnos
de Jujol que sirvieron para su reconstrucción tras la guerra.
      
                     Habían pasado muchas reformas por los espacios universitarios pero la esencia del lugar permanecía y los recuerdos del antiguo asistente a las clases se ramificaban. El primero, hacia el bedel Mariano, una institución para todos los estudiantes de la época. Otro, para el profesor de física que en un arrebato docente llegó a comerse una mosca para convencerlos del gran papel de los microbios en el organismo humano. Y un tercero para el profesor que no nombraremos, un hombre todo ternura, historiador bondadoso, un alma de Dios. Pero que salivaba de tal manera que era temible para los situados en la 1ª fila, por lo que la frase: ¿Llevas el paraguas? se convirtió en el código de pertenencia a su clase.








Dos nuevos apartamentos con sus respectivos proyectos


                      A Barba Corsini le ofrecieron en 1955 transformar las buhardillas de la conocida obra de Antonio Gaudí, La Pedrera, unas antiguas dependencias destinadas al servicio de la finca con lavaderos y trasteros, que en esos años habían perdido su utilidad y eran una ruina ocupada a partes iguales por trastos, moho y mugre. Más un ejército de ratas de las que el arquitecto tuvo que protegerse los primeros tiempos que pasó en aquel espacio, planteando bocetos con los distintos desarrollos que se le iban ocurriendo.

                  ¿Le gustaba Gaudí? La realidad era que hasta entonces ni lo había tenido en cuenta, influenciado por una generación de arquitectos que con pocas excepciones lo consideraban un autor finiquitado, cuyas formas y conceptos había que ignorar. Pero algo con lo que sus profesores no contaron era que el joven técnico veía lo que veía. Y no estaba dispuesto a cerrar los ojos ante lo que descubrió en La Pedrera; una maestría en las soluciones que tenía mucho de genial y la poesía de unas formas que no se parecían a nada.

                                   Continúa...

Ana Mª Ferrin

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