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detalleChillout Momento Chill Out. (La ventana de Mari Carmen)





DESPERTAR A LA VIDA




       RELATO

Original de
Ana Mª Ferrin.

R.P.I. (*)



                               Viernes, cinco de la mañana.

  Por las calles de Palencia que confluyen en el Paseo del Salón camino del río, se ve a los estudiantes acercándose a los autocares con sus padres, todos soñolientos con ese andar cansino de la madrugada mal dormida por los nervios...





CON EL BESO ENTREGA EL OSO DE PELUCHE...


Publicado en Gaudí y Más. 15 de mayo de 2016 (*)


                          Los adultos han aparcado los recuerdos en la duermevela, entremezclando experiencias de su juventud poco aprovechada por la necesidad. No fueron los suyos tan buenos años como se cuenta, había trabajo, pero los horizontes no eran apetitosos.
  
   Unos últimos jirones de niebla se disipan aclarando los rostros que llegan al punto de encuentro, haciéndolos familiares. En diez cursos de mutuo conocimiento los padres han ido transformando sus fisonomías y los años colocando a cada uno en su lugar. Pequeños tomos de historia que hoy muestran en su lomo la cubierta trabajada o merecida.

  La juventud se agrupa en torno a los carismáticos que aporta cada generación. En esta etapa de la vida nueva, la sociedad prescinde del marketing para potenciar sus líderes, sólo los dones concedidos a cada uno por su hada madrina brillan para hacerlos destacar.

  El observador atento se fija en la disparidad de los cónyuges. Hombres atractivos emparejados a ese tipo de mujer que la vida con su rodillo de tristezas ha ido agrisando hasta evaporar su antigua chispa. Esposas deslumbrantes que repiquetean sus tacones, colgadas de hombres caseros que resaltan al contraluz de las farolas su curva de la felicidad. Son las cinco de la mañana aunque el histórico reloj del ayuntamiento se empeñe en señalar las doce. 


  Por todos los ángulos se ven besos y abrazos. Lagrimillas y nervios. Expectación en los jóvenes. Cierto recelo en sus mayores. 

  Un padre se despide del hijo que rebuja sus manos jóvenes entre las suyas. Sin palabras, los dos muy cerca, sus ojos en comunicación directa unidos por un hilo invisible. Transmitiendo un morse eterno de consignas y promesas, tatuando el pasaporte de valores que el chaval llevará consigo de por vida.
    


   ¿Qué mirará por el generoso escote de una camiseta rosa el señor Torres? La jovencita, ignorante de la atención que despierta en el padre de su compañera, levanta los brazos y se despereza acentuando en el hombre el aspecto saltón de sus ojos.

   Mientras, la pareja cansina, machacona, que reconviene al hijo por lo que pudiera hacer lejos de su control, mejor haría en fijarse en la última mirada que éste les dirige al subir la tienda y el saco al maletero, volviendo el rostro hacia ellos en un postrer saludo. Libro abierto, sinceridad aún sin malear, con sus ojos castaños les está diciendo: -Adiós, padres, por fin os dejo. Par de plomos, ¡qué descanso!

  Coge la bolsa, con ella agarra fuerte su vida y se dispone a vivir quince días lo más locos que pueda, sin bridas. En su mente se alternan los consejos recibidos, con el silencio de sus propias respuestas:  

-No bebas, (-Como pueda, la que pìlle no se me enfría hasta la vuelta) 
-No fumes-, (-Un cartón).
-Cuidado con la mujeres malas-, (-Esas, esas son las que buscaré).
-Cuida tu aseo, cámbiate-, (-Volveré con lo puesto y oliendo a tigre)


  Los tutores tranquilizan a los mayores, les convencen de que sus tesoros están en buenas manos. Trabajo que sólo se consigue con vocación, se necesita mucho temple para poner firmes a noventa potros ansiosos de dar su primer salto y al tiempo conseguir que no salven obstáculos demasiado altos. Todo ello sin que se den excesiva cuenta, omnipresentes a la vez que discretos.


Puente de Hierro. Palencia (**)

   ¡Eh! ¡Eh!
                      ¡¡Esperarnos!!

  Tres siluetas se hacen oír a lo lejos agitando los brazos. El trío llega a la carrera, el padre arrastrando una bolsa con ruedas y mostrando en alto algo que poco a poco identifica su voz ahogada. Venían a pie, cuando el hijo se dio cuenta de que había olvidado en casa la documentación y a medio camino tuvieron que regresar a recogerla.

   Todo en orden. 

  Últimos abrazos y los rezagados acaban de subir. Últimas manos enviando besos. En nada, ya están sentados y con los cinturones abrochados. Se oye un suave deslizar de puertas y los coches empiezan lentos su andadura con la preciosa carga, los cristales poblados de palmas rosadas que se agitan.



  Con los ojos brillantes, una mujer joven sujetando un perro lanudo queda sola, la espalda y su cabeza rizada apoyadas contra el pilar de piedra que alumbra el Puente de Hierro. Es evidente que el jovencete que acaba de darle un beso rápido ha hecho esta mañana algo más que decirle adiós a la madre, en el mismo lote ha abandonado la infancia. Con la caricia le ha entregado el oso de peluche, las películas de aventuras, el "Mamá te quiero mucho", las canciones y los cuentos contados antes de dormir regalando sueños felices. Dos peldaños para subir al autocar, tan solo dos peldaños, para pasar al otro lado del espejo de Alicia por rutas de Europa camino de la experiencia. Será tan solo una sensación, pero hoy, el roce de ese rostro al besarla ya no pertenece a su niño, su tierna aspereza le descubre que a partir de ahora tendrá que compartirlo con otros seres, ya no será ella la más bella del mundo. El espejo con su magia le dirá al chico que hay otras más encantadoras.


  Ya clarea cuando los corrillos familiares se disuelven para desandar el camino hacia sus hogares, asegurando alegrarse porque van a quedarse unos días libres. Algunas parejas bromean fingiendo alivio. Otras comentan las ocurrencias de última hora. Hay quienes culpan al río Carrión de la humedad de sus ojos. 

 Pero todos saben que los puntos brillantes de sus pestañas no son precisamente rocío. 

   Son dieciséis años de sueños rodando hacia la frontera.


Ana Mª Ferrin

 (*) Del libro Crónicas del Arco Iris. Ana Mª Ferrin. 1995. Huerga y Fierro

 (**)  Imagen de Luis González Lucero

26 comentarios:

  1. Todavía queda muy lejos el día de la verdadera independencia. Pero es este un momento importante en que los padres -y sobre todo las madres- se dan cuenta de que no fue en el parto sino ahora cuando se comienza a romper el cordón umbilical, porque en esas despedidas todos comprenden que la infancia ya solo es cosa del recuerdo.
    Un saludo, Ana María.

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    1. El tipo de relación con la madre –o el padre- diría que no es sólo cuestión de distancia o independencia. Hay algo espiritual e indefinible que puede unirlos, o no, haciendo que aún después del fallecimiento de sus mayores esos hijos sigan sintiéndolos muy cerca.
      Saludos.

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  2. Que bien has descrito ese mundo en el que vamos soltando las amarras familiares para volar por cuenta propia. Y lo has hecho con todo lujo de detalles...
    Me he podido ver reflejada en alguno de tus personajes y también he reconocido a otros de manera muy particular.
    Has ido llevando al lector de una manera sutil hacia ese grupo allí reunido pudiendo vivir en primera persona todas las emociones juntas.
    ¡Enhorabuena!
    Ah, y además centras tu relato en una ciudad muy querida para mi aportando una fotografía del puente de hierro, y eso me ha conmovido enormemente.
    Te envío un fuerte abrazo a ti y a tu querido palentino.

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    1. En ocasiones una escena cotidiana se nos queda grabada. Y como lo emocional es universal, esos mismos gestos pueden repetirse en cualquier lugar y sentirnos nosotros los protagonistas. Si ha sido así en tu caso, me doy por satisfecha. Un besazo.

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  3. Cuesta dejarlos ir pero,ellos desean esa libertad sentirse por unos días alejados de ataduras y consejos. Son épocas de la vida que siempre se recuerdan ¡¡¡ alegre juventud quien la pillara!!!.
    Un saludo Ana.
    Puri

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    1. Qué mala eres, Dulcinea. Quien pudiera volver a esa alegre juventud irreflexiva y sin responsabilidades.

      He oído contar que es algo estupendo... Besitos.

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  4. Mi mamá dice que los hijos son prestados...Son para quererlos y ayudarlos, pero en el momento en que deban partir, dejarles, para que también tengamos oportunidades...como ellos la tuvieron y tienen...

    Besos

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    1. Tu madre tiene mucha razón, la paternidad como inversión no resistiría el más leve análisis de plusvalía. Por eso sólo se entiende tanto esfuerzo y sacrificio a través del cariño.
      Porque quererlos, mira que se les llega a querer …

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  5. Que bonito! Muchas gracias
    Àfrica.

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    1. Ahora tú también estás en el club y no necesitas que nadie te lo cuente. En un plísplás te has enterado tú sola, guapísima.

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  6. Qué afán el nuestro por retener el tiempo, cuando su belleza está precisamente en su transcurrir, en no quedarse anclado. Los niños se hacen mayores, pero seguirán dando alegrías. Aunque es más difícil de aceptar cuando la distancia se los lleva.

    Feliz tarde

    Bisous

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    1. En cuanto a la distancia soy seguidora de aquel gran filósofo chino, Bruce Lee. La mente en blanco y el "be water, my friend". Vamos, relativizar lo que no puedes cambiar, querida Dame.

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  7. Ana Mª,

    Eu estava aguardando publicação de alguma crônica sua, por pura curiosidade. Agora tive a oportunidade de ver você como cronistas.

    Sua crônica é muito boa (estou aqui falando na forma, no estilo etc). O assunto é sempre atual, tanto para quem tem filhos, na idade que começam a alçar os seus voos, deixando para trás os pais com os seus cuidados, suas preocupações e ansiedades. A mãe fica presa à janela vendo o filho partir presa a um sentimento de traição, que nem sempre confessa. O pai, mais discreto, finge ser tudo normal, e diz para si mesmo: “terá que fazer-se homem”.

    Parabéns, pela bela crônica.
    Abraços.

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    1. Más que de género creo que es cuestión de carácter. A muchos hombres no les da vergüenza emocionarse y si el cuerpo les pide soltar una lágrima, lo hacen. Como hay mujeres a las que nunca verás llorar en público y no porque se repriman, sino porque su naturaleza les hace interiorizar la pena.
      Hagas lo que hagas ante la marcha de los hijos, la procesión siempre va por dentro (Seguro que entiende el significado)

      Saludos y gracias.

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  8. Siempre se ha dicho que los hijos no aprenden, imitan.
    Mientras estaban pegados a nosotros, algo han tenido que "mamar" pero tenemos que comprender que, cada uno de ellos, tiene que aprender de su propias experiencias, se hacen mayores y, por mucho que nos cueste, debemos dejarlos volar.
    Tengo que reconocer que soy una mujer afortunada con mis cinco retoños, siguen mimándome como lo hacían antaño.
    Un precioso relato, tan real, como la vida misma.
    Felicitaciones.
    Cariños en el corazón.
    kasioles

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    1. Querida amiga, cinco ya es un número importante. Cada hijo es único y su hambre de libertad, diferente.
      Tú puedes decirle a los cinco: “A las diez en casa” y cuatro te responderán “Vale, hasta luego”, pero el quinto puede empezar la lucha “¿A las diez? ¿Por qué no a las 11?” Y ya tenemos el desencuentro.

      Pero tú has sabido hacerlo bien y te felicito. Un beso.

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  9. Son otros tiempos y es verdad lo que relatas, que en otra época no escaseaba el trabajo, pero eran muchas las limitaciones.

    Estos niños hoy ; dentro de bien poco ya se echaran a volar y lo malo de todo este tira y afloja es que como están las cosas después de campear a su aire, vuelven al nido pero solo para dar más tareas a estos sufridos abuelos que hoy son el soporte de tantas familias.

    Lo que siempre se ha dicho juventud divino tesoro, no nos queda otra que irnos adaptando a los tiempos esto en cuanto a los padres y a los hijos, que no sean tan abusadores que a veces se pasan, yo tengo dos enanas que me dicen "mamá que pesada eres que no pasa nada que ya sabemos cuidarnos...).No nos queda otra que negociar con ellos si quieren algo que a cambio sepan cumplir con lo que se les pide.Por el relato deduzco que son unos adolescentes una edad de muchas contradicciones e inseguridades por eso todo lo ven guay, que les dure, que la vida en si es bastante complicada.

    Te felicito por lo bien que conoces esos perfiles.

    Un fuerte abrazo.

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    1. Hola Bertha. No te preocupes, porque aunque parezca que oyen llover, los hijos por lo general toman buena nota de lo que les dices. Seguro que tus “dos enanas” te quieren muchísimo y están atentas, pero antes muertas que decirte que tienes razón. Hasta ahí podíamos llegar…
      Un día te sorprenderán contándote que hicieron tal cosa que tú les aconsejaste en cierta ocasión y te quedarás pasmada al comprobar que resultaba que sí, que te escuchaban.
      Un abrazo desde el mar.

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  10. Pues a mí, aparte del fondo, de esa especie de iniciación, me ha gustado la forma. Cosas normales contadas de manera muy especial.
    Un abrazo, Ana María.

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    1. Hola DLT.
      Pasar la ficción a normalidad es trabajoso. La épica es mucho más agradecida.

      Saludos desde la Rambla.

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  11. ¡Qué maravilla de blog, Ana María!
    Profundo, certero, uniformador de emociones comunes a todos, recopilador de sensaciones de millones de padres y abuelos. Además, Gaudí con tus homenajes, podrá reposar en la eternidad reconocido por las consecuencias de su obra.Te mando un fuerte abrazo desde el fin del mundo.

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    1. De fin del mundo, nada. Es desde el principio de uno nuevo que escribes, con esa vitalidad envidiable.
      Gracias por la visita y la empatía.

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  12. Lovely photos.
    And I really love the header.

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    1. La foto de cabecera es increíble. Pertenece al cartel anunciador del Show Dance 2016, Campeonato de Danza de Danza Moderna, Hip Hop y Fusión que empezó en Madrid el 6 de mayo.

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  13. Se van, Ana María, pero al cabo del tiempo si las madres y padres tienen suerte (como la mía) vuelven con la familia crecida.Entonces querremos a las nueras o yernos y a los nietos con nueva intensidad y también nuevas ilusiones.

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    1. Si, Esteban, la vida sigue y así debe ser.
      Son instantes que los chicos olvidarán y sólo volverán a su recuerdo cuando sean ellos los que despidan a sus hijos.

      Saludos desde el Mediterráneo.

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