Foto cabecera

AMFST.Q.S.SIOULE Días de cátaros, Gaudí y Ana Mª Ferrin en Francia. (JMSimagen)





JONÁS HANWAY BAJO EL PARAGUAS





                                 Salgo a la terraza a tiempo de ver como vuelven las lluvias en España cuando ya la primavera debía estar bronceando los escotes barceloneses.

   Niños que disfrutan metiendo sus pies en los charcos mientras sus madres intentan resguardarlos con el paraguas. Hombres cubriéndose del agua perfectamente gracias a sus grandes paraguas. ¿Hombres? ¿He escrito hombres y paraguas en la misma frase? 

   Se impone retroceder en el tiempo unos 300 años para comprender el atrevimiento...





Rodeando su efigie de burgués respetable, no
tardaron en aparecer imágenes ridiculizándolo. 

                                                    En estos tres siglos, ya sea por medio de graffitis, estatuas o figuritas de porcelana, la población inglesa no ha dejado de recordar  en la historia del paraguas, un episodio cotidiano que pronto se expandió hacia las colonias y, por extensión, a todo el globo terráqueo, donde lo que había sido desde el siglo XI a.C. un objeto aristocrático de culto y respeto, pasó a integrarse en la vida del londinense común. Como prueba del aprecio que sus conciudadanos acabaron teniendo por el honorable Jonás Hanway (*), su cuerpo fue inhumado en la iglesia de St. Mary's, en Hanwell, Middlesex.  



 REVOLUCIONARIO DE LA VIDA URBANA 


Publicado en Gaudí y Más. 27 de abril de 2019

                                          Cuando en 1785 falleció el comerciante en lanas y viajero, filántropo y escritor inglés, Jonás Hanway, los paraguas ya podían encontrarse en cualquier hogar de las islas británicas por humilde que fuera. Y no sólo como un elemento al servicio de las damas. Por esa fecha el popular protector contra la lluvia ya formaba parte de la indumentaria de todo caballero que apreciara su imagen.

   Pero, ¿cómo se le ocurrió al señor Hanway la excentricidad de utilizar en días de lluvia lo que era privativo de las damas para protegerse del sol? Quizá, de no haber sido un caballero tan convencido de la bonanza de ser librepensador y de seguir sus propios razonamientos, no se hubiera atrevido a pasear bajo la lluvia bajo un paraguas, algo que por entonces sólo hacían los bárbaros de Asia. Y algunas mujeres adelantadas... ¡de Francia! Porque allí, el emprendedor Jean Marius ya había puesto en marcha el paraguas, copia de la conocida sombrilla china, sólo que realizado con telas impermeables y dándole una ligera forma cóncava para mejor protección.     
    
    Las burlas acompañaron al señor Hanway desde el primer día en que llegado de un largo viaje por la India, salió a la calle portando aquella especie de palio portátil. De ser un personaje respetado por su agudeza en los negocios y su generosidad, pasó a convertirse en el pimpampum de niños y ociosos por lo que se consideró como un símbolo de debilidad masculina. 

   Y a recibir pedradas y ver cómo la gente se reía sin disimulo a su paso a la vez que escuchaba todo tipo de insultos, en los que destacaban los cocheros de alquiler que en una primera etapa de sus plantes le declararon la guerra, primero a él y más tarde a todo ser masculino que en lugar de alquilar un carruaje, se atrevía a cuestionar los derechos de los cocheros y carreteros a ganarse la vida.  


   Pero Jonás, impertérrito, había implantado la libertad de moverse a pie sin temor a las inclemencias del clima de su país, por lo que en lugar de desplazarse en coche hasta la próxima calle o de quedarse en su casa sin salir en días de lluvia, que era lo habitual entre la gente acomodada, revolucionó y democratizó la movilidad de los peatones con aquella recreación de los quitasoles o quitalluvias que desde la antigüedad ya eran habituales entre habitantes de otros lejanos lugares.


    Por ejemplo, en China.






                                     


                                  Así, desde que tuve conocimiento de su biografía no he dejado de sorprenderme con este espíritu liberal al que se dedicaron agravios y calumnias, por el simple hecho de querer vivir sin depender de la climatología ni dar importancia a los comentarios maliciosos de algún libelo que llegó a llamarle peatón irreverente y femenino. Ya que según aseguraban, un hombre era más hombre cuando aguantaba los aguaceros a pelo, en vez de protegerse. Y eso que a veces las burlas eran sangrantes, como la siguiente alegoría despreciativa que lo mostraba junto a otro hombre débil unidos los dos por sus paraguas. 


                        
              
                                                        
                                                Algo que no le hizo ceder. Con su ejemplo modificó los usos sociales y el modo de trasladarse por las calles. Hoy Londres no sería la misma sin el distrito de La City con sus trajeados caballeros, modernos Lancelots armados de finos paraguas. Sin su ingenio, ni Monet, Degás, ni tantos otros, nos habrían trasladado sus estampas parisinas salvando los cabellos y botines de las bellas. 



Pague por pasar. Louis-Leopold Boilly, 1812.



Los Paraguas. Renoir. 1883.

El mayordomo cantante. 1992. Jack Vettriano. 

Paraguas blancos. Claude Thébergue


                                         Ni tampoco sabríamos de un excelente autor plástico para quien el paraguas se ha convertido en motivo de inspiración. Por medio de nuestra compañera de bitácora Carmen Cascón (**) descubrimos al artista Antonio Varas de la Rosa, al que nacido en Madrid y ejerciendo de profesor en la universitaria ciudad de Salamanca, se ha definido como el pintor de la lluvia y los paraguas. El observador atento captará que sus obras disfrutan de un limpio clasicismo de pinceladas claras y rápidas, donde el impresionismo suele fundirse con un surrealismo profundamente poético, siempre figurativo y evocador. Juzguen ustedes.

Calle Toro, Salamanca


Lluvia de Paraguas

Esperando al café
Antonio Varas de la Rosa, junto a su obra, Bajo el cielo de París


Ana Mª Ferrin


(*) Ver biografía y el curioso texto que figura en el Memorial de Jonas Hanwell

17 comentarios:

  1. No lo uso y no es por creerme más "machote" que el resto, es que termino por mojarme igual y ademas los pierdo.
    Suelo apañarme con un buen chubasquero y algo en la cabeza.
    Muy bueno el pintor.
    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno de verdad. Visto con la perspectiva del tiempo, cuántos prejuicios tontos para cosas que hoy nos hacen sonreír han ido desapareciendo.

      Eliminar
  2. Buen hilo conductor que nos habla de una costumbre practicada a lo largo de los tiempos. Lo malo de los paraguas es que su función seguía siendo imprescindible dentro de muchos hogares por causa de las goteras, una plaga hasta que se descubrieron los materiales impermeabilizadores.
    Saludos y buena jornada de reflexión, si es que hay algo que reflexionar que no quedó claro.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No conocía lo que cuentas, pero está bien pensada esa otra función del paraguas.
      Espero que reflexionaras en la mejor dirección. De no ser así, ¿qué son cuatro años? Saludos.

      Eliminar
  3. Aunque no lo uso mucho, Ana María, porque me resulta incómodo, no había pensado que antes del invento de Mr. Hanway el mundo carecía de paraguas.
    Aparte de la interesantísima reseña, he asimilado una expresión que me hace gracia: Pimpanpum.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí es simpática, proviene del antiguo juego que había en las ferias, el pimpampum, con un panel con muñecos vestidos de distintos personajes a los se derribaba lanzándoles una pelota.
      Pero en cuanto a expresión, no lo es tanto. En el lenguaje popular, ser "el pimpampum" se refiere al inocente que recibe los golpes o las calumnias sin poderse defender. Un saludo y buena Fiesta del Trabajo del 1 de mayo.

      Eliminar
  4. Me fastidia llevar paraguas pero lo hago pues no me agrada mojarme, en algunas ocasiones hasta lo he perdido. Es muy curiosa esa mentalidad de hace 300 años que se burlban de los hombres con paraguas algo que hoy vemos muy natural.Que un objeto tan sencillo y práctico haya sido motivo de inspiración de tantos pintores ya es todo un éxito.Besicos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo sólo he nombrado a Varas, pero conozco otros cuantos que también los han utilizado de musos.
      Charo, quién no ha perdido un paraguas en su vida...

      Eliminar
  5. La audacia de uno causa algunas veces la risa de otros.
    Yo soy antiparaguas, lo cojo en casos de urgencia.
    Muy buena selección de imágenes.
    Un feliz domingo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Las mujeres somos más prácticas en este tema y procuramos no mojarnos. Pero hay que tener en cuenta que no es lo mismo un hombre empapado, que sólo con pasarse la mano por el pelo ya está presentable, que una mujer chorreando con los cabellos pegados a la cara, y la ropa al cuerpo. Feliz semana.

      Eliminar
  6. Siempre tiene que haber rompedores de las reglas sociales quienes, haciendo caso omiso de las burlas y veras de sus congéneres, se atrevan a cambiar los usos y costumbres. Para el señor Hanway lo importante era no mojarse y quizás él era el que se reía de tanto caballero empapado como una sopa después de un buen aguacero.
    Me alegro de haberte descubierto a un nuevo artista.
    Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No me extrañaría lo que dices, el carácter es lo que cuenta. Hay un tipo de personaje que parece un poco pasmado y poca cosa físicamente y después te enteras de que es un oficial de tropas de choque en Afganistán, que ha dado la vuelta al mundo en solitario en un velerillo y que ha subido varios ochomiles sin oxígeno, como uno que conocí.
      Otro para ti.

      Eliminar
  7. A veces pienso que lo cotidiano, como el paraguas lo tenemos de siempre. No imaginaba el mundo sin paraguas, pero existió.

    Prefiero el chubasquero...pero ya sabes como va todo esto...

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Un peine, una almohada, unas gafas.
      Como bien dices, hay utensilios modestos que nos facilitan la vida pero que nunca se nos ocurre pensar que alguien, un día, tuvo la idea de crearlo.
      Saludos

      Eliminar
  8. Recuerdo haber estado en Sevilla cuando aún no estaba terminada la gran seta de la plaza de la Encarnación, y me preguntaba qué sería aquello. Pero me ha gustado más la presente entrada, un interesante artículo sobre este pionero Jonás Hanway, del que no había oído hablar.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  9. Creo que es un gran invento.
    Y es muy curioso ver cómo todo va cambiando con el tiempo.
    Muy interesante.
    Un beso.
    Feliz mes de Mayo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En este caso diría que el inventor lo hizo muy bien, casi no se nota el paso del tiempo...

      Eliminar