Foto cabecera

01_HP_UNI158415_Bluewash_WEB Recibiendo al futuro. (UNICEF)





LOS CUENTOS DE JUAN TOCINO EN TÁMARA DE CAMPOS


                    

                     Válgame San Hipólito, ¡Cómo tengo el pescuezo!
                   
                     O dicho en fabla de hoy, ¡Cómo tengo las cervicales!
                
                    Antes de nada permítanme vuesas mercedes que me presente. Me llaman Juan Tocino, nacido en Támara de Campos, Palencia. Soy el mozo que aguanta el púlpito con su cabeza, el que antes trabajó en la venta del Rebollar, el hijo de Tocino el Viejo, aquel cantero que tanto picó para San Miguel como para San Martín de Frómista…

   
Iglesia de San Hipólito el Real en Támara de Campos, Palencia. El púlpito gótico-mudéjar
reposa sobre la nuca de un personaje al que popularmente se conoce por Juan Tocino (A.Mª.F.)

REFLEXIONES DE UN PORTOR

Publicado en Gaudí y Más. 7 de Diciembre de 2011
Publicado en Gaudí y Más. 9 de agosto de 2019
                      
          
                              Ahora ya sé lo que dirán. Que a mi padre todos lo conocían porque era un hombre duro para el trabajo y ponía su marca en más piedras que nadie. Pero yo... qué quieren que les diga, trabajar siempre he trabajado, pero no tan brutal como mi padre, hombre. A mí me viene más el mester de cómico y juglaría.

Vista completa del púlpito con la figura de Juan Tocino sujetando la base. 
                                       
                                        Como siempre fuimos detrás de mi padre rodando por conventos y capillas, los frailes y curas me enseñaron las letras y me di a las rimas. Además, siempre fui un doncel que gustaba de echar cantigas a la Virgen de Rombrada o a San Hipólito, tanto como echarles flores a las mozas de Campos. Sepan vuesas mercedes que a pesar de haberme pasado más de 500 años escondiendo la cara en esta posición y ya nadie se acuerde, mis facciones son de querubín. Soy pajuelo con los ojos  celestes y mis labios son finos y agraciados. Un poco cejijunto sí soy, pero bien plantado.

  Por los años en que nuestra reina Isabel y su señor esposo Don Fernando echaron a los infieles para África y completaron la unión de España. Por la época en que Cristóbal Colón conseguía para nuestra corona un nuevo mundo. Por esos tiempos, vivía yo tan regalado yendo y viniendo a los tajos de las grandes obras llevándoles víveres a los maestros canteros, con mi rocín y un  pollino, desde la venta hasta donde me enviara el amo.

    Pues sucedió, que llegado un buen día arribé a mi villa de Támara de Campos con las alforjas llenas de condumio para maese Candalio, y cuando estaba en la faena de desembuchar, me llamó el maestro: - Juanillo -me dijo-, ven para acá un momento. Mira, agáchate debajo del púlpito y sujétalo un momento con el testuz que vamos a collarlo a la columna. Y yo: -Mire vuesa merced, que eso debe pesar cien arrobas.

  Pero maese, con los ojos como brasas, me gritó: -¡Maldígame Belcebú! Por mil diablos, ¿Es que voy a tener que repetirlo? ¡Que te agaches! Y si te duele aprovecha para rezarle tres credos a San Hipólito y ofrecerle tu penar.

Juan Tocino visto de lado con su jubón verde y sus
botas negras. 2008 (A.Mª.F.)
Visión del rostro de Juan Tocino que pocos conocen. 2008 (A.Mª.F.)

                                              No me pregunten más, pero lo cierto fue que el tiempo se paró y aún a día de hoy no he comprendido lo que me pasó ni que conjuro de Merlín me alcanzó, para verme así. Porque allí empezó mi desdicha. Por prudente, por no porfiar. Como el que no quiere la cosa me han corrido seis siglos con mis botas negras, mi jubón verde y mis calzones. En verano, en invierno, aunque caigan chupiteles del techo. Las manos en las rodillas y la espalda baldada.

    Al principio pasaban los días y raro era que no se acercase alguna moza y me acariciase la cabeza, yo ponía cara de pena y algún beso que otro me cayó. Luego llegó un momento en que ya no pude levantar la frente, aún que maese tuvo a bien darme un bonete de bramante trenzado para que sostuviera mejor el púlpito, pero se me fue clavando en el cráneo y ya ni me lo siento. 

Llamada "La Moza de Campos", San Hipólito el Real en Támara, Palencia (*)

Puerta principal de San Hipólito en sombras.
Al fondo tras una reja, la puerta inconcebible
   

Tras un incendio que destruyó la bella puerta original, los habitantes de Támara se vieron 
agredidos por este "martirio" de San Hipólito (AMF)

                                          
                                             Y no es que me queje de mi suerte, que ya me parece oír a los de Támara ir diciendo por ahí:

    -"Este es un quejica, menudo chisgarabís está hecho". Que los de aquí son como mi padre, que un día pasó a verme y cuando me oyó decirle: "Padre, mire como me han puesto", se volvió y me endiñó un sopapo, diciéndome:" Como te oiga un lloriqueo más te vas a enterar, que eres un flojo y un gatomuso, cuatrojijas. Ves a lo varón, que los hombres cabales no se quejan de su suerte".


    Así, que como verán vuecencias, aquí estoy, fincado en tierra por los siglos. Porque la última vez que alcé la frente fue sin proponerlo, se me levantó sola al ver las dos hojas de la puerta nueva con el martirio de San Hipólito. Si, esa puerta, obra del inmortal artista Evaristo Belloti, porque aunque a día de hoy no exista una imagen de esa pieza digna de figurar en el museo londinense de Madame Tussauds en el catálogo de obras de su página, es de su autoría. Y digo inmortal haciéndome eco de los habitantes de la villa, porque alguien que fue capaz de hacer algo así vivirá eternamente en el magín de los tamarienses, que seguirán acordándose de él por los siglos de los siglos, impidiendo que su nombre sea olvidado. Suerte que los de Támara son bien listos y casi han conseguido hacerla invisible, arreglándose para que la dichosa puerta sólo sea contemplada por los pocos que saben de su existencia.
         
    Pues aquella horrible noche que trajeron la puerta y la dejaron apoyada en la columna que tengo enfrente, del susto los ojos se me salieron de las cuencas y eso que entonces aún podía girar la cara y mirar por el rabillo. Estiré tanto el pescuezo que estuve a punto de arrancar el púlpito de sus clavos. Lo que pasé yo aquella noche con el engendro frente a mí sin poder moverme fue un martirio que ríete de los leones, mira que llevo siglos viendo cosas y enterándome de cosas, pues nunca vi algo semejante a la nueva puerta de San Hipólito, un doble martirio. No me extraña que un grupo de paisanos se juramentara un día para hacerla desaparecer.

                       Pero esa es otra historia que pronto, continuará...


22 comentarios:

  1. ¡Muy bueno Ana María! Me he reído un poco con el pobre Juan Tocino y te lo agradezco porque reírse hoy no es cosa fácil, estamos siempre rodeados nada más que de malas noticias. Si Juan Tocino, tenía el pobre la espalda baldada y desfigurada, creo, nosotros tenemos el rostro terso y sin arrugas pero de no reír.
    ¡¡Preciosa la historia!!
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ahí has estado bien. Ya me dirás quien se rie hoy escuchando las noticias de la radio, leyendo la prensa o viendo la TV. Aún estamos bien...

      Eliminar
  2. Me has hecho recordar la serie de los pilares de la tierra, me he imaginado a Juan tocino en sus trabajos.
    Un feliz fin de semana.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tengo la sensación de que a Juan Tocino lo veríamos bailando o cantando, lo de trabajar la piedra lo veo más difícil. Ya has visto lo que dice de su padre picapedrero: "No tan brutal, hombre!!

      Eliminar
  3. Buenísimo tu relato, si hasta me ha dado pena el pobre Juan Tocino tantos siglos soportando el peso del púlpito sobre su cabeza... deberían dejarlo descansar una temporada:-))Besicos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ahora lo tendría un poco mal. Ya sabes cómo es la espalda cuando pasas tiempo sin moverte...

      Eliminar
  4. Pobre hombre. No hay derecho. Sobre todo cuando al púlpito se sube el cura. Demasiado peso. Que se queje al sindicato.
    Un saludo, Ana María.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Como eres, Cayetano, no dejas pasar una. En Gerona hay un nombre: "republicans menjacapellans". No sé si has conocido alguno.

      Eliminar
  5. Hola Ana:
    Tocino como atlas...Sosteniendo el mundo...en este caso el púlpito...

    Un relato que me ha hecho reír... y a mi hija

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ahora lo han restaurado. Ya que está inmóvil, siquiera que se vea elegante. Muy galán, como diría él.
      Celebro que te haya gustado. Y a tu hija. Saludos.

      Eliminar
  6. Pensar, Ana María, que uno se queja a veces porque debe trasladar algún bidón de 5 litros de agua, de una habitación a otra. Nunca más lo haré.

    ResponderEliminar
  7. Soy Esteban Lob, Ana María. No sé por qué publiqué sin quererlo como UNKNOWN. Mientras lo trato de solucionar, aclaro que el anterior comentario no pretendió ser anónimo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Anónimo o como Esteban Lob, siempre es un placer leer tus comentarios a mis letrillas. Afectuosos saludos y cuidado con la espalda.

      Eliminar
  8. Coitado do Juan Tocino, querida amiga Ana, levando tanto peso sobre os ombros por tanto tempo. Se o púlpito já é bastante pesado, imagine-se com a soma do peso dos que ali estiveram para fazer suas pregações.
    Mais um de seus belos trabalhos, com imagens e textos que prendem nossa atenção. Gostei muito.
    Uma boa semana, Ana. Beijo. Pedro

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Deseemos que los predicadores sean esbeltos.
      Pero en estos tiempos en que a todos nos sobra algún kilo, me temo lo peor. Saludos y buena también para usted.

      Eliminar
  9. Genial relato y no menos simpar Juan Tocino, un Atlas que, en vez de sostener el mundo, sostiene un púlpito con su cabeza. Cual Maestro Mateo en el Pórtico de la Gloria, a este "croques" no le permiten mirar ni siquiera hacia delante, siempre humillado, siempre con la vista puesta en el suelo, penando por sus pecados y sosteniendo los de los demás sin descanso. Quizá represente al maestro de la maravilla, quizá.
    Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Más bien al hijo del Maestro de la Maravilla.
      Ya sabes que según cuenta Juan Tocino, su padre era un fenómeno de la talla. Y él, humildemente, confiesa que lo suyo más bien era la jarana. Estos hijos...

      Eliminar
  10. Estupendo relato.
    Ya tiene mérito Juan Tocino!!!!. Menudo peso ...
    Gracias siempre.
    Un beso.

    ResponderEliminar
  11. Quizá sea un reflejo.
    Pero es verlo y te dan ganas de acariciarte la nuca. Petonets.

    ResponderEliminar
  12. El púlpito es precioso. Y el pobre de Juan Tocino aguantando ahí con sopapo incuido, y más cuando se suba el cura. Como para quejarmos cuando traemos algo de peso.
    Un abrazo.


    ResponderEliminar
  13. Vista esta biografía está claro que hoy todos somos unos flojos, gatomusos y cuatrojijas, como le decía su padre al protagonista.
    Otro para ti.

    ResponderEliminar
  14. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar