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Compagnia-Mvula-Sungani-ph.-Antonio-Agostini Compañía de Danza Mvula-Sungani. Roma. (Antonio Agostini)





TERENCI MOIX, UN ESCRITOR QUE SUEÑA EN CINEMASCOPE



 El jurado del Premio Planeta recibió para su lectura una novela en la que se hablaba de la reina Cleopatra y todos levantaron una ceja. Vieron en la firma el seudónimo de «Isabel Congoja» y las personalidades que componían dicho jurado no tuvieron por menos que sonreír. Todos imaginaron que el autor era este iconoclasta ecléctico y cachondo mental que conoce las antiguas civilizaciones como pocos literatos, pero no desdeña una tertulia sobre la tonadilla o el Renacimiento, la ópera o la lucha libre, discutiendo con igual desparpajo de jardinería, teatro, cine o pintura.


Terenci Moix en la entrevista con Ana Mª Ferrin


CONFIESA QUE NO VOLVERÁ A TENER UNA RELACIÓN SENTIMENTAL

Publicado en Sant Andreu Expréss. Mayo 1988


                       Terenci Moix siempre saca nuevas sorpresas de su cofre. De momento desvela a éste periódico que su nacimiento tuvo lugar con un pie en Alejandría y otro en Barcelona y que éste último por poco lo planta en una butaca del cine Hora, donde su madre contenía los primeros avisos del parto con tal de acabar de ver «Luz de Gas». «También mi señora madre podía haber elegido otro título, caramba».

                    - Tantas horas desde niño con la merienda en los cines de tu barrio, te habrán proporcionado muchas experiencias.

               -  No sólo con la merienda, al cine íbamos con el agua, el colacao, los cacahuetes, los altramuces... Era algo muy familiar. ¿Molestarme? Sí que me han metido mano, y tanto, eso les ha pasado a todos y a mí también. Recuerdo una vez en el cine Diana y otra en el cine Cervantes viendo «AIDA», ésta ya de jovencito, con trece o catorce años.
    
                   -  ¿Eres tan risueño como apareces en todas tus colaboraciones?

                     - Mujer, yo tengo mis angustias, mis caídas en la melancolía, pero soy bastante alegre. Si voy a cenar con unos amigos y no puedo dejar de pensar en que tendré que romper doscientas cincuenta páginas de una novela y empezar de cero - cosa que me ha pasado con ésta última-, sería de pésimo gusto darles el coñazo. Detesto a esos intelectuales que se pasan todo el día contando sus problemas, porque con todos los que yo pueda tener, hay miles de personas que pueden tenerlos más graves que los míos. Además ya estuve tres años seguidos dando el coñazo, cuando se acabó una relación que me dejó hecho polvo.

                     - ¿En qué momento afectivo te encuentras?

                   - Ahora muy bien, porque no volveré a tener una relación sentimental aunque me maten, vamos. Pero les he sacado el jugo a las penas, me han servido para escribir dos novelas, que no está mal.


     


Imágenes de Terenci Moix al principi de su carrera

                - Casi al final de «No digas que fue un sueño», uno de los personajes «buscaba en la soledad del suplicio un recuerdo a donde agarrarse». Has pasado una época muy dura y has sobrevivido muy bien. ¿A qué te agarraste?

                   -   A mí mismo. Por más que busques ayuda externa, al final la solución sólo está en ti, porque todas las cosas que yo pensaba que me daban soporte, al final resultaron muy provisionales. Ese pudiera ser el significado de mi última novela «El sueño de Alejandría»: que la solución sólo se encuentra dentro de uno mismo.

                   -  Esa reiteración en la palabra «sueño» ¿por qué?. ¿Sueñas mucho?

                  - ¡Huy, sí!. Yo me quedo adormilado esperándote aquí dos minutos y ya estoy roque soñando en Cinemascope y Technicolor. La palabra «sueño» ya que lo dices, es curioso, porque no sé como ha salido. La novela anterior, «No digas que fue un sueño», en principio tenía que llamarse «La serpiente del Nilo». Pero llegó Antonio Gala y me dijo «no, hombre, el título que le queda mejor es este verso de Kavafis». Y esta segunda podía haberse llamado alguna otra cosa de Alejandría, «Mi tía de Alejandría» por ejemplo, pero se quedó así. Yo tengo un sueño que se repite mucho, salgo a un escenario y no recuerdo el papel, debe ser algún resto de la época en que pensaba convertirme en actor.

                      Dedicatorias llenas de cariño flotan por la sala. Puño y letra de Montserrat Caballé, Antonio Gala, Núria Espert, forman la decoración, junto a revistas de jardinería. Paredes abrigadas con cuadros, libros y vídeos, sobre todo vídeos, en cinco idiomas por lo menos, que son en los que puede amar y expresarse Terenci Moix. La soleada estancia se encuentra encarada hacia una terraza agraciada por cuidadas plantas en la que, sin embargo, un bonsai tiene los días contados. Su vivienda no se aleja mucho del casco antiguo donde nació, entre las calles del Tigre y La Paloma, en una familia de clase media que incluso los años del hambre no estropearon su imagen de niño regordete, al que no faltaban la leche ni los yoghurts con el negocio de pinturas del padre y la lechería de las tías (*).


Con su hermana Ana Mª  durante la donación  de libros para la Biblioteca
de Alejandría en  1973 (Colita)

En otro viaje a Egipto, Templo de Medinet Habu. 1989 (Mikel González)

Junto a Carlos Martorell, Terenci caracterizado de egipcio

En  otra de las divertidas imágenes con que ha
quedado en nuestro recuerdo.
EGIPTO

                      Terenci Moix habla para este periódico del interés que le despierta, aún hoy después de veintitantos años, lo que pueda escribirse de él. De que es capaz de vestirse y bajar a la calle a toda prisa si, como le ha sucedido esta mañana, le avisan de que ha salido una entrevista suya en un periódico.

                   - Tu fascinación por Egipto, ¿cómo se inició? ¿Tuvo algo que ver «Sinuhé el egipcio»?

                   -  Hombre, sí, de toda la vida esa ha sido mi novela preferida. Nada más llegar a Egipto fui a ver la ciudad de Akenatón.   Pero, además, allí se produjo algo muy especial la primera vez que fui. Llevaba mi Egipto particular en la cabeza y tuve la suerte de llegar en tiempo de guerra y no había ni un turista, estaba absolutamente solo y allí encontré una parte de mí mismo. La pereza de sus habitantes me decepciona, pero sigue siendo un país fascinante.

                      - ¿Qué existe hoy en día que te recuerde aquella época?

                     - Nada, prácticamente. Sólo en algún lugar del Alto Egipto se conserva algún baile, algún rasgo étnico en los coptos, los cristianos egipcios, pero en los moros, para nada. Claro, piensa que ese país es musulmán desde el año 600 d.C., y aún antes habían pasado por allí los griegos y los romanos. Pero tampoco es imprescindible. A mí, de los viajes me gusta más que la realidad actual lo que Laurence Durrel llama «el espíritu del lugar». Me basta saber que allí ocurrió tal cosa, para sentir las vibraciones.


Una muy buena novela de Terenci





La trilogía de sus memorias, muy interesantes

                     - La publicidad que tú haces de ese país hace pensar si habrán tenido contigo alguna distinción.

                     - Nunca en Egipto me han pagado ni un café con leche. Los veintitrés viajes que he hecho me los he pagado de mi bolsillo o de los diarios que me han contratado.


IMPUESTOS

                    - Ya que hablas de dinero, estás ganando una fortuna y no tienes hijos para dejársela, quizás te has planteado alguna vez este tema.

                    - Lo que me dejen los impuestos me lo pienso llevar a la tumba, como los egipcios. No, en serio, a veces pienso que me gustaría tener un chaval corriendo por aquí, no mío, porque a mi edad, cuando él tuviese quince años yo ya sería un yayo, pero adoptar un chaval de unos seis años sería una cosa maja. ¿A qué no sabías que soy padrino del hijo de Rosa Mª Sardà y de las hijas de Angels Moll?

                    - En otro de tus libros, «Tres viajes románticos», citas un viaje por Méjico que había aparecido años atrás en el «Correo Catalán». Allí expresas tu visión social y tu indignación por aquella miseria.

                    - Biológicamente sigo siendo un hombre de izquierdas y lo único que tengo muy claro es a quien no votaré nunca. Pero hoy la política no me interesa, ha pasado de ser una lucha, a ser una merienda de negros con pactos que ni entiendo ni quiero entender. Yo soy escritor y lo mío es escribir.


Pocas imágenes de Terenci más descriptivas que ésta

Su marcha tuvo gran repercusión. Era muy querido

                   - Pero estamos en época de elecciones y parece obligado preguntarte si vas a votar, y por quien.

                  - Antes había votado por los socialistas pero esta vez, en principio, no pienso votar, porque ninguno de los partidos me ha solucionado mis problemas como ciudadano. Yo no voy a votar a una gente que permiten que me acuchillen por la calle y que me está ahogando a impuestos. Y que conste que yo estaría conforme en pagar impuestos si tuviéramos las ventajas que tiene Suecia. Pero en un país en el que vivir cuesta carísimo, si tengo una enfermedad y no pago me muero, donde ya me han atracado dos veces, donde no tengo seguridad de volver a mi piso y que no esté vacío... No, vamos, que yo no he nacido para que me tome el pelo ningún gobernante. Vivo aquí, mi sitio está aquí, me aguanto y pago. Pero encima darles mi respaldo, eso no.

                    Los artículos publicados desde 1965, año de sus inicios con un trabajo sobre cine en «Film Ideal», son incontables. Los libros de varios géneros, numerosos. Recordamos «El día que murió Marylin» u «Onades sobre una roca deserta» (Olas sobre una roca desierta), entre los más destacados. Cinco galardones en literatura catalana, repetidamente Premio de la Crítica, y cerrando los honores el codiciado Premio Planeta (quince millones de pesetas) con «No digas que fue un sueño».

                  Terenci Moix ha demostrado con éste último trabajo su gran momento de madurez, en este caso logrando la difícil simbiosis entre los géneros histórico y novelístico. El lector se adentrará con interés en esta obra en la que a medida que avance la narración irá descubriendo guiños. Tronchantes como la relación nominal de la subasta, maliciosos como la referencia a una conocida oriental muy dada a desmayos en medio de clímax amorosos. Y si es históricamente curioso, podrá confirmar hechos y personajes en cualquier enciclopedia, lo que puede alargarle la lectura mucho más allá de sus cuatrocientas sesenta y seis páginas.

                  Pero por encima de matices, es una buena novela que no se le caerá de la mano al lector, que adivinará cuántas noches de vino y rosas y amaneceres de soledad son necesarios a un autor para lograr resolver situaciones procaces con ternura, jugando a reconocer los protagonistas. Varios títulos mejor dados al olvido y una época desorientada, han dado como fruto una novela que está destinada a ocupar un lugar al lado de los Mika Waltari o Robert Graves, si el lector prefiere esta línea.

                  Lejos queda la premiada «No digas que fue un sueño», novela salida de una crisis y en parte fallida a pesar de su éxito de ventas, porque el notable esfuerzo de documentación que se adivina y la correcta construcción, no bastaron para tatuarle ese soplo de inspiración indispensable que diferencia al artesano del artista, y que sí hallamos en títulos anteriores. Muy al contrario, en la obra que nos ocupa el arco iris de los sentidos logra estallar bajo la tempestad, al tiempo que un rayo de ingenio rasga sus páginas de parte a parte.

                      Según sus palabras, -Todo en literatura es provisional. Pero con esta novela, 1988 puede significar el punto de partida para la nueva andadura que todos esperamos de Terenci Moix.


Ana Mª Ferrin        

(*) Durante la entrevista se produjo una conversación paralela donde Terenci desmenuzó partes de la niñez que pensaba publicar en sus memorias, pero aunque tenía pensado editarlas desde hacía tiempo aún no habían salido a la luz, según dijo, porque si los quieres, hasta que no mueren tus padres no puedes publicar tu vida auténtica. Ignoro cuando sucedió eso, pero pocos años después salió EL CINE DE LOS SÁBADOS, primer tomo de su autobiografía EL PESO DE LA PAJA, una trilogía que resultó espléndida.                                                    

2 comentarios:

  1. Vengo de 2016.
    Buena entrevista. Con preguntas interesantes y, en algún caso, poco convencionales.
    De Terenci Moix llegué a leer tres obras: No digas que fue un sueño, El sueño de Alejandría y Garras de astracán, con la que me reí mucho.
    Te faltó decirnos cuántos "Ducados" se fumó durante la entrevista.
    Un saludo.

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    1. Te sigo desde el futuro.
      De lo que he leído de él, no olvido la relación de nombres femeninos en una subasta de esclavas, creo que era, pero sí recuerdo que me entró un golpe de risa a carcajadas que en mi caso es muy raro.
      Han pasado casi 30 años pero seguro que conté los Ducados.
      Y eran muchos.

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