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Compagnia-Mvula-Sungani-ph.-Antonio-Agostini Compañía de Danza Mvula-Sungani. Roma. (Antonio Agostini)





UNA VOZ, UNA CANCIÓN


                           
                            Acabo de oír en el coche una canción que hacía años no escuchaba y he llorado como una niña. Como la adolescente que era el día que la descubrí con mi madre y mi hermana en la enorme televisión del Bar Lucas de la calle Ancha, hoy Ample, de Barcelona. 

  En blanco y negro televisaban aquel día una especie de maratón de antiguos documentales, con varios capítulos del noticiario NO-DO y de unas cuantas Imágenes, Revista de Actualidad (*)con espectáculos internacionales de music-hall y cantantes famosos.




   



BAJO EL CIELO DE PARÍS, EN BARCELONA

Publicado en Gaudí y Más. 11 de Octubre en Barcelona


                        Desde una estimulante Josephine Baker, negritud punteada de reflejos plateados en sus largos muslos, brillantes por los plátanos de un cinturón fluorescente, pasamos a contemplar el cha-cha-chá, ¡Ay, que me vuelvo loca!, de una preciosa Abbe Lane a la que su melena flotante acompañaba el balanceo de unas caderas rítmicas que mostraba al auditorio con gran elegancia, moviéndose al son de la batuta de su marido Xavier Cugat y una orquesta de cincuenta profesores. 

  Cada vocalista superaba a la anterior, y en ese contexto casi se sale de la pantalla cayéndonos encima, la voluptuosa rubia platino más espectacular del momento, Jayne Mansfield, vocecita de niña y medidas que sobrepasaban en mucho los míticos 90-60-90.

   Acabada la actuación de la vedette, de repente el escenario realizó un fundido a negro. El único foco clavó su haz en las tablas iluminando un círculo que fue moviéndose lentamente hacia el centro, hasta que de la nada apareció ella, Edith Piaffrágil e inmóvil como un gorrión bajo la luz de la luna.

Josephine Baker

Abbe Lane

Jayne Mansfield
                          
                                 En la filmación faltaban pocos meses para que Edith Piaf muriese, con unos increíbles 47 años a los que cualquiera hubiera echado 30 más por el demoledor deterioro de su aspecto último, que me resisto a mostrar. Vestía un humilde traje negro escurriéndose sobre su cuerpo sin cuerpo, con un escote cuadrado donde una medallita de Santa Teresita de Lisieux lucía como único adorno. Un metro y cuarenta y siete centímetros de altura, cabello oscuro corto y escaso con ligeros rizos y caracoles en la frente, los ojos redondos muy maquillados en sus profundas cuencas y el desvalimiento iluminado de quien está a punto de presenciar una aparición mariana.

  Las manos siguieron unidas bastantes segundos ante su cintura sin que pasara nada, entre el rendido silencio del público, lo que me dio tiempo a seguir analizando su figura bajando hasta las chancletas planas que calzaba. Juro que ni antes ni después he visto un par de piernas más flacas, tanto, que durante un primer plano completo pude observar que las medias le colgaban arrugadas formando arandelas de seda. Lo que puede llegar a descubrir una niña curiosa e impactada si es observadora, no tiene límite.

   Una docena de músicos rompieron el silencio de mis pensamientos arrancando desde el foso los primeros compases de L'Hymne a l’Amour. A la música se unieron las nueve voces a capella de Les Compagnons de la Chanson, dando paso a la voz para mí desconocida de la cantante. Su dicción arrastrada y clara empezó a desnudarse despojándose de todo lo accesorio. Cerré los ojos unos instantes hipnotizada por lo que se me revelaba. Al abrirlos comprobé que la superviviente de la noche emergía con tal brío, que con sólo un par de estrofas había espabilado al pequeño bar con su parroquia medio portuaria, medio familiar, por ser lugar fronterizo con el Barrio Chino


... El cielo azul podría hundirse sobre nosotros,   
y la tierra derrumbarse.
¡Qué me importa si tú me amas!
¡Me da igual el mundo entero!

... Mientras el amor inunde mis mañanas,
mientras mi cuerpo se estremezca 
bajo tus manos...



                                         Eran tiempos lisérgicos de los que yo sólo supe por la prensa. Pero sí conocía los dibujos habituales que saludaban desde las revistas juveniles y portadas de discos. Como el Submarino Amarillo de los Beatles, al que solían representar con trazos retorcidos, enroscados como vástagos fosforitos verde y naranja disparados en espiral desde imaginarias matas de judías.

  Con tales datos oníricos mezclados en mi cabeza, así iba transformándose Edith Piaf a mis ojos a medida que cantaba. Recuperaba ella la juventud, la vida, a través de un tsunami de sentimientos sonoros. Aquel ser consumido por todos los dolores de cuerpo y alma, recuperaba a la pizpireta morena deseada por Marlon Brando, Yves Montand, Marlene Dietrich, Charles Aznavour, Geoges Moustaki, Eddie Constantine, John Garfield, incluyendo al amor de su vida, el campeón de boxeo Marcel Cerdán. Precisamente dedicada al accidente que costó la vida a Cerdán iba dedicado L'Himne 

   Empecé a ver crecer su cabello hasta lucir la gran melena rizada en plenitud de antiguas fotos, presumiendo de piernas espectaculares con una minifalda a lo Mary Quant mostrando sus pantorrillas de bailarina desde lo alto de unos coquetos botines. Las imágenes de su vida empezaron a girar desenfrenadas hacia atrás en mi mente, más y más jóvenes, hasta llegar a su niñez.   

   Pero lo más importante para la adolescente que yo era, estudiante de francés sin haber salido de mi familia más que para cruzar la esquina, era aquel chorro de voz ondulante brotando de un cuerpo tan menudo y castigado. Fue mágico verla en televisión. No se trataba sólo de su increíble potencia, allí había un poderío que procedía directamente de las entrañas, del sentimiento de conocer un amor de los que te pueden volver del revés, como aseguraban Flaubert y Dumas. Las historias de Jane Eyre estaban bien, pero lo que me transmitía Piaf se adentraba mucho más en lo que yo esperaba de la vida, jugaba en otra división. 

Piaf con su último marido al que llevaba 20 años, Theo Sharapo, tan enamorado de ella que tras su muerte se suicidó.

Entre dos de sus amantes, Aznavour, a la derecha, y Eddy Constantine.

Con Marcel Cerdán, que como ella, tenía raíces magrebíes. Su muerte en accidente aéreo la
sumergió en un submundo de excesos salvajes del que nunca logró salir por completo.


En la base de la Torre Eiffel, con la alegría desbordante de sus primeros tiempos.
Un bello plano de la cantante




Interpretando una canción y con Yves Montand. Buenos tiempos 


De niña, cantando con su acordeón para unos parroquianos en un bar de Pigalle


Con su padre a los 14 años, cuando cantaban y hacían acrobacias en la calle.
Tres años más tarde se convertía en madre de un niño que murió de meningitis.


La menuda bailarina y cantante callejera, 


Con unos cuatro años, Edith ya fascinaba con su voz.

                             Recuerdo haberme bebido la letra de L'Hymne, inmóvil en la silla del bar frente al televisor, como si me encontrara en una fragua grabándome a fuego la divisa taurina del Más y Más, dándome cuenta al acabar de que había estado llorando a mares, con la cara y el cuello mojados. Mientras, la grande seguía jurando a la Estrella de los Vientos que por su amante descolgaría la Luna, que bajaría hasta el Cielo a rescatar a su amor y subiría al Infierno renegando de su Patria y de los suyos. Que más que contigo, estaría entigo (**), Si me lo pidieras tú... 




                        Aquel día recibí un tatuaje de por vida que nunca iba a borrarse. Tomé la canción y agarré el sentido, guardándolo todo en el bote de  besos que según mi madre, venía con nosotros cuando nacíamos. Como ella aseguraba, allí se guardaban el número determinado de esas caricias que se nos asignan al nacer. Ni uno más, ni uno menos, por lo que deberemos hacer buen uso de ellos y no malgastarlos con quienes no nos merezcan. 

   En eso pensaba hoy en el coche, escuchando cantar a Edith Piaf con la misma intensidad de quien no espera un mañana, sintiendo cómo caía por mi rostro el mismo torrente vivido aquella noche en el Bar del amigo Lucas. 

   Recordando el bote de besos con aquel consejo de mi madre. Que, más o menos, lo he seguido, mamá. 


Ana Mª Ferrin

(*) El NO-DO (Noticiarios y Documentales) era un noticiario que se proyectaba en los cines junto a las películas. Fue obligatorio entre 1942 y 1973, y siguió proyectándose de manera opcional hasta 1981. 
      
    En cuanto a Imágenes, Revista de Actualidad, era un documental con reportajes y noticias culturales, cine y espectáculos, que se añadía al No-Do de forma esporádica.     

(**) Vocablo acuñado por Mucha de la Torre en su blog Recomenzar


28 comentarios:

  1. Difícil quedarse indiferente ante esta mujer de estilo personalísimo y connotaciones bohemias.
    Un saludo, Ana.

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    1. Puedo asegurarte que en esa ocasión no hubo nadie indiferente a su talento, y eso que éramos un grupo de lo más heterogéneo.
      Otro para ti.

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  2. Has hech un escrito tan formidable que lo he vivido y hasta he escuchado a esta maravillosa cantante Edit Piaf, una pena que muriese tan joven.Besicos

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    1. Qué maravilla poder transmitir tanto sentimiento, Charo. Es un don divino. Un beso

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  3. Una belleza de escrito y un precioso homenaje .
    Sus canciones quedarán por siempre con esa voz linda e irrepetible .
    Una vida difícil y triste.
    El himno al amor es una maravilla.
    Un beso,

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    1. Que alguien, con sólo cantar una canción logre arrancarte lágrimas y hacerte sentir algo tan profundo, me parece milagroso.
      Besos para ti, Amalia.

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  4. A mi a mi esposa nos gusta mucho. La vie en rose, sonó en nuestra boda, con esa inconfundible voz.

    Besos

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    1. Esa canción es ideal para acunarse, para reconocerse como feliz y afortunado por querer y ser querido. Claro que quien nunca lo haya vivido dirá que es cursi.
      Peor para él, Manuel.

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  5. La verdad es que no era una mujer espectacular, pero no dudo de que, su gran corazón, se reflejaba en una voz maravillosa que despertaba sentimientos, emociones y admiración.¡ Lástima que tuviese tan corta vida!
    Para mí ha sido un placer volver a tu espacio y leerte.
    Una vez que he regresado, seguiremos en contacto.
    Aprovecho para agradecer tus letras, saber que estás a mi lado y con cariños y un fuerte abrazo ya acabo por hoy la visita.
    ¡Que tengas una feliz semana!
    Kasioles

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    1. Me alegra mucho cuando veo que coges la tecla y las cazuelas.
      En cuanto a Piaf, no era una mujer espectacular pero tenía un gran atractivo con los hombres, era menudita y coquetona, divertida y buena gente. Fue a partir de la muerte de Cerdán que se hundió y nunca consiguió dejar del todo las adicciones duras.
      Pero a pesar del deterioro, su voz siguió fantástica hasta el final, oculta en algún lugar de su alma. Descanse en paz.

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  6. Não conheço a artista.
    Mas gosto de passar a conhecer assim.

    abraço
    Lola

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    1. Lola, si escuchas la canción del enlace, el “Himne a l’Amour”, verás que habla de un tema que tú entenderás muy bien, porque un amigo de Edith Piaf se la compuso después de que muriera el amor de la cantante. Es conmovedora y deseo que te guste. Un beso.

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  7. !Artista única e inimitable, Edith Piaf¡
    Al recordar el noticiario NO-DO, que también lo daban acá en Chile me has devuelto a mi lejana infancia, Ana María, en que mi padre me llevaba a un cine rotativo de Santiago, llamado Principal, en que daban durante 6o minutos, informativos, documentales y creaciones de Disney. Por entonces la TV era todavía lejana e inimaginable.

    Un beso.

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    1. Hace años que no veo en televisión ningún programa con actuaciones antiguas de Music-Hall y lo siento, porque todo lo que sea Cabaret y Burlesque me encanta. Creo que si volvieran los cines de reestreno con varias películas y actuaciones en vivo, tendrían mucho público.
      Saludos, Esteban

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  8. ¡Qué genial, impresionante y pormenorizado relato, querida amiga Anamaría! ¡Cómo escribes! Me has elevado cuando te he releído por tercera vez consecutiva, sin dilación, absorbiéndote y recibiendo esa descripción tan meticulosa como emotiva. ¡Esto es un recuerdo…! Esto es un relato de los sentimientos a flor de piel de una chica que se manifiesta con una sensibilidad que escapa de su piel como efluvios que marcan sentimientos tan personales como de plena felicidad. Mi más sincera enhorabuena y miles de gracias por enseñarnos, por manifestar y escribir con la precisión y estilo que manifiestan la pulcritud y la admiración sentida. Un abrazo.

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    1. Cuando nos sentimos identificados al leer un recuerdo quiere decir que algo así también lo hemos vivido.
      Antonio, quien no ha descubierto los sentimientos, el erotismo, la maldad, la amistad, viendo una película o escuchando la letra de una canción...

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  9. ¡Genial, Ana! Los que no hemos vivido esa época dorada de la canción francesa hemos disfrutado, sin embargo, de ella a través de tu descripción. La voz rota de Edit Piaf vuela a través del tiempo, mítica y heroica a pesar del deterioro de la artista.
    Un beso

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    1. Querida Carmen, hay poemas que nunca envejecen, se van acomodando a las épocas.
      Una canción al padre, al hijo, a ese amor que nunca se olvida, te identificará con cada uno de los tuyos, pase el tiempo que pase.

      Besos para vosotros.

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  10. La Vie en rose, de Édith Piaf diria que é a música 'chef'!Mas outras muito lindas. Um talento de gigante essa pequenina mulher! Que voz, que interpretação!! Magnífica...para sempre!
    Beijo, amiga! Delícia de postagem.

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    1. Hay canciones que las oyes y piensas del cantante o el compositor, que aunque sólo hubieran creado esa pieza en su vida ya estaba justificada su carrera. Como ésta de Piaf o Mediterráneo de Serrat, Volare de Modugno, Everybody loves de Dean Martin, Desafinado de Jobin, Hungry Heart de Springsteen... Petonets, Tais.

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  11. Me cuelo un poco de rondón y con todo respeto en este Blog que he podido conocer a través de un amigo en común.
    Poco a poco iré leyendo las entradas anteriores que prometen ser interesantes y enriquecedoras. Hoy quiero compartir con Ana Mº la emoción que transmite al oír las canciones del "pequeño ruiseñor". Su voz era maravillosa y yo creo que tenía en su voz todo el sentimiento de la vida tan difícil que había llevado.
    Recuerdo el bonito homenaje que le hace Spielberg introduciendo una de sus canciones en una impresionante escena de la película Salvar al soldado Ryan.
    Gracias, Ana Mº por haberme abocado a hermosos recuerdos.

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    1. Hola, Conchi.
      Bienvenida y un saludo al amigo común.
      Celebro que te haya interesado la entrada. Piaf es sin duda la voz ideal para despertar y acompañar variados recuerdos por la multitud de vivencias que guardan sus letras. Espero que no sea la única vez que intercambiemos impresiones, porque al final todos guardamos sentimientos similares.

      Gracias por la visita. Buen Fin de Semana.

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  12. Me gusta lo que cuentas hoy es precioso te deseo un feliz finde
    abrazo

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    1. Querida MuCha, qué no logrará sugerirnos la voz de la experiencia. La de esta mujer que supo serpentear por la montaña rusa a todo gas, sin rendirse, en busca de la felicidad. Un fuerte abrazo

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  13. Me he quedado prendida a tus letras. Esa concanetación de recuerdos de personajes de un tiempo donde hasta Mary Quant sale a relucir. Gente interesante, pero la vida de Edith Piaf, en esta entrada, se lleva la palma. Divino gorrión de París.
    Un abrazo

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    1. Desde que era un bebé, su vida transitó por todas las bajezas, por todos los abusos de quienes deberían haberla protegido.
      Me alegro de ver tu comentario, Pilar.

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  14. Que bonito lo has contado, Ana. Me fascinan tus letras querida amiga. Además, me ha sorprendido lo del bote de los besos, porque precisamente en mi blog escribo sobre la misma idea sin saber nada de tu relato.
    Magnífico.
    Besos

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    1. Lo del bote de besos es increíble.
      Nunca le había oído a nadie esa ocurrencia aparte de a mi madre.
      Un beso muy grande y felicidades por haber realizado tu proyecto.
      Siempre adelante, MariPaz y no olvides que la que resiste, gana.

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