Foto cabecera

Sant Quentin S-S - copia "SAN QUINTIN sur Sioule" Auvernia, Francia. Lugar de los antepasados de Antonio Gaudí.



¡ATENCIÓN AL POETA DE LA CÁMARA!





                                       Ante la mirada del observador no se escuchará el paso de una imagen a otra, ni el enfoque, ni el click sonajero del objetivo fijando distancias.

   Tampoco sabremos con exactitud el nombre del fotógrafo que se convirtió en gárgola, ya que diversos testimonios coinciden en datarlo con dos filiaciones distintas.

   ¿Se tratará de Albino Rodríguez Alonso? ¿O será José Sanabria, el fotógrafo que en lugar de un pajarito, envía un chorrillo de agua mientras nos enfoca desde lo alto de la catedral de Palencia?

   Un día se sabrá la verdad y por fin podremos referirnos a él como al Santo Patrón de los Fotógrafos. Aquellos seres pioneros de siglos pasados, aficionados o profesionales, rareza armada con un artefacto de fuelle que siempre recordaremos vestidos con el largo guardapolvo que protegía su traje de la desidia. 

   Tipos amantes del arte, de lo bello, que se encaramaban a lo alto de los monumentos allí donde nadie se aventuraba, para dejar en nuestros archivos el testimonio de su mirada. En prevención de que si un día, el destino reservara una tragedia a los portentos de nuestro Patrimonio, hurgando en sus cubetas y carpetas encontraríamos la manera de volverlos a la vida, como tantas veces sucedió.

   Vocacionales que hoy seguimos encontrando pegados a las piedras y paisajes cuando peregrinamos por los ventanales de blogs ajenos. Y que siendo cierto que algunos -según se asegura- a veces cobran por ello, más lo es que a gusto pagarían por seguir disfrutando de su pasión.

   Larga vida, larga vista, a los poetas de la cámara.


El fotógrafo que acompañaba al arquitecto Jerónimo Arroyo fotografiando sus obras y restauraciones.
¿Sería Albino Rodríguez Alonso? ¿O quizá José Sanabria?(XatakaFoto)





EL NOTARIO DEL PAISAJE

EL SALTO DE "EL REY MARTÍN"




RELATO

R.P.I.


                              Ana se levantó del escritorio, salió al balcón esquinado de la Vía Layetana acodándose en la baranda de forja y recorrió con la vista la calle, en sus dos sentidos. Abajo del todo, a la izquierda, alcanzó a ver las luces del barrio de la Ribera desembocando en el mar. Podía adivinar encaladas y enlosadas de rojo las diminutas terrazas por las que había correteado cuando pequeña, saltando a horcajadas de una a otra.

   Las mismas terrazas por las que un día de su niñez en la década de 1950, desapareció un cerdo de 300 kilos engordado por la señora Lina Sánchez, nacida en Ibdes, Zaragoza. Una vecina cuyo descanso era la pelea y con suficientes arrestos para atreverse a organizar por libre una matanza a la brava, invitando a los demás ocupantes del edificio.

    Al cerdo -Rey Martín lo llamaban-, como nadie le había explicado en qué consistía la ley de la gravedad, cuando vio al equipo matarife armado de cuchillos mirándole con el brillo hambriento de la posguerra, al bendito cerdo, el impulso de sus cuatro patas con el acompañamiento del terror bastó para elevar sus lorzas por encima del metro y medio del muro medianero y enviarlo al otro lado, botando hasta el terrado contiguo. Y de allí al otro terrado y al otro y al otro, hasta que, ¡Hale-hop!... Se esfumó sin dejar rastro.

     El misterio del "Rey Martín" fue un caso policial no resuelto. O sí, quien sabe. En aquellos años las fuerzas del orden estaban tan necesitadas de proteínas como cualquier otro habitante del barrio barcelonés de la Ribera. A saber que pasó en realidad con el hermoso animal (*).
                            
El antiguo barrio de La Ribera. Imagen tomada desde Santa Mª del Mar. En primer término, la plaza (**).


BIENVENIDA A LOS HUMANOS

ANDERS ZORN O LA INDOLENCIA EN EL ARTE. UNA LECTURA


   
                                                Recuerdo exactamente cuando vi por primera vez la obra y los rostros de los que se anunciaban como el grupo de pintores naturalistas-impresionistas, llamados los de Skagen. El pequeño pueblo danés siguiendo la senda de los que se reunieron en la Provenza, albergó en la década de 1880-1890 a una colonia de artistas nórdicos que fueron y vinieron por Europa y de los que varios de ellos acabaron siendo firmas muy valoradas. 

  Mi encuentro fue durante un viaje por Alemania, Austria y Suiza entre otros países de esa zona, por cuyas ciudades fui visitando un buen número de galerías y museos. En una de esas exposiciones me topé con la que describo al principio del párrafo, en especial con la producción del pintor sueco Anders Zorn, que se encontraba entre ellos a pesar de no haber estado en Skagen. Lo habían incluido por haber compartido en París la camaradería y muestra de sus obras junto a sus colegas, de estilos y conceptos muy similares y con los que conservó una buena amistad.  

  Fue una sorpresa leer en aquella presentación, que Joaquín Sorolla había sido un referente para estos artistas de paisajes tan alejados de los españoles. Si era cierto que los espacios nórdicos no podían comparar su colorido con los de nuestro prolífico autor, aquel colectivo logró encontrar en los suyos su propia identidad en ese plano lechoso con horizontes envueltos a la vez en un mismo humo, grisceleste e infinito, donde se unían la playa, el mar, el cielo. En esa paleta de matices tenues coincidieron con el maestro valenciano a través de la claridad. Una vía original y luminosa.

  Quietud que se traspasaba a la indolencia en los muchos cuerpos retratados por Zorn, en especial sus famosos desnudos, que llamaron mi atención. Primorosos pero ausentes, casi siempre en una desgana inmóvil. Modelos que raramente actuaban ni dejaban entrever sus pensamientos. 

   Esa peculiaridad suya me atrajo para más adelante indagar en una constante con la que no me había encontrado hasta entonces. La apatía. El ensimismamiento. Cierta abulia. Tipos que están presentes, pero que tras permanecer largo tiempo estáticos se diría que dejaban ahí sus figuras, ausentándose en espíritu.  

  O simplemente porque el pintor, aficionado al nuevo arte de la fotografía, colocaba a sus modelos en la misma posición ideada por los fotógrafos de caballete para tomar una instantánea, ordenándoles:

                                        - ¡Así, no te muevas!  

   En el cuadro de Peder Kroyer, ¡Hip, Hip, Hurra!, sucede al revés. Todos sus amigos están brindando en Skagen como tantas veces hicieron juntos en París, excepto Anders Zorn. Pero su presencia se intuye en el hueco que aparece entre las figuras de negro de Martha Moller Johansen y su marido el pintor Viggo Johansen (*). 



¡Hip, Hip, Hurra!, Óleo de Peder S. Krøyer. 1888

 Anders Zor. Utmeland, Mora, Suecia, (1860-1920)


En este Retrato de Clarence Baker el motivo de su abstracción se explica si nos fijamos en el detalle que sostiene
su mano, mostrado en la imagen superior.

En las dos imágenes, el far niente. 



LA APATÍA COMO ESTILO

EL BLANCO EN EL RETRATO




                Según el hinduismo el mundo nació puro, de un mar de leche.

   De ahí que limpio, inocente, sin mancha, esterilizado, albo, inmaculado, nacarado, níveo, etc, etc, encabecen un larguísimo listado de sinónimos para referirnos al color blanco. Y si deseamos buscar su simbolismo en el retrato, no será menor la paleta de que dispondremos. 

  Atrapando la luz, Rubens nos dejó clara su intención al dejar desnudo el blanco cuerpo de Eurídice, la ninfa de los valles de Tracia que enamoró a Orfeo, hijo de Apolo. Tras hacerla su esposa, varias desdichadas circunstancias la arrojaron al inframundo y otras varias llevaron a Orfeo a lograr rescatarla de allí. Pero la condición de los dioses para permitirles esa resurrección pasaba porque el esposo caminara delante de ella llevándola de la mano sin nunca mirarla. Hasta que, salida de los infiernos al exterior, la luz del sol hubiera bañado completamente todo su cuerpo.  

  Una vez los dos bajo los rayos matutinos, loco de alegría por haber recuperado a su amada, Orfeo se volvió hacia Eurídice para abrazarla sin darse cuenta de que uno de los pies de la ninfa aún no había salido de las tinieblas a la luz. Ante sus ojos, volatilizándose, Eurídice desapareció. Dejando para la posteridad uno de los más bellos pasajes de la mitología griega, que Ovidio recogió en sus Metamorfosis.   


Huyendo de Hades y Perséfone, con el Can Cerbero a sus pies reposando las tres cabezas.
 Orfeo y la lira. Eurídice con el pie en la oscuridad. Rubens, 1638.

Marlene Dumas. La imagen como una carga.

ANCLADAS, MIL PINCELADAS DE NIEVE

EL CASTILLO


¡Oh!
Cuando yo era joven y sencillo
y gozaba de la piedad de sus recursos,
el tiempo me retenía cándido.

Aunque yo cantaba encadenado
como el mar...
                                                                                                  
                                                                                                                                    DYLAN THOMAS

RELATO

Original de
Ana Mª Ferrin

R.P.I.



                                    -¡BIEN!, bien, ya está aquí. Tete, corre, ponte las botas, ya está aquí la mamá.

   -¡Viva! ¡Iremos a coger musgo y corcho. Y rocas, y romero, y...!

  Al oír las voces excitadas de mis hijos, caigo en la cuenta de que había olvidado mi promesa hecha antes de salir de Alcoceber para Alcalá de Xibert. Mis propias palabras regresan a mí:

  -Hacer vuestras literas, lavar los platos de la comida, recoger las hojas de la parcela y terminar los deberes del fin de semana. Si lo hacéis todo, cuando vuelva subiremos al bosque del castillo a buscar todo lo que necesitamos para montar el belén.

   Me queda una débil esperanza de escaquearme mientras saco del coche las bolsas de la compra. A lo mejor tengo suerte y no han hecho lo que les dije. Así podré tumbarme un rato en la hamaca mientras me tomo un café y leo el periódico. Estoy muerta, no puedo más...


Castillo de Alcalá de Xivert. (*)


LOS TRES QUEDAMOS EN SILENCIO.....

JOSEP Mª SUBIRACHS, ESCULTOR DE LA SAGRADA FAMILIA: EL PRIMER TREN


                         En 1936, un año después de fallecer Rudyard Kipling autor de Kim de la India, salía a la luz el libro póstumo del escritor inglés, Algo de mí mismo, desvelando una infancia gravemente infeliz por culpa del maltrato escolar que padeció hasta los dieciséis años y esa obra dejó perplejo a su círculo familiar y social. Nadie tenía conocimiento de tal experiencia ni de que lo hubiera marcado al extremo de no permitir su publicación hasta después de su muerte. Había vivido casi setenta años desde que pasó la amarga experiencia, recibió toda clase de honores incluido el Premio Nobel de Literatura y aún conservaba fresco en su mente el impacto de una niñez que le llevó a escribir en la primera página de aquellas memorias: -Dadme los primeros años de la vida de un niño y tendréis el resto.

Josep Mª Subirchas a los 6 años. (*)

Josep Mª Subirachs en su Primera Comunión. Tenía 9 años. (*)

  
 VULNERABILIDAD E INDEFENSIÓN

EDWARD HOPPER, UNA MIRADA Y MIL HISTORIAS



                            
                                  Esa biblia del estilo que es la revista ¡Hola! nos informaba hace tiempo del porqué del nombre de los zapatos T-bar.

   -Su nombre es fiel a su forma: la unión de dos tiras, una al tobillo y otra vertical sobre el empeine, dibujando una 'T'. La clave: su comodidad al ir sujetos al tobillo. Estamos ante una pieza cuya historia se remonta a los años 20 cuando el vestidor de la mujer empezó a contener pinceladas de feminidad. Desde entonces, a pesar de sus idas y venidas, se ha convertido en un imprescindible de los guardarropas de estética retro.

   Y bueno, un par de zapatos de esas características fue lo primero que llamó mi atención al visionar el cuadro de Edward Hopper, Cine en Nueva York. 1939.


Cine en Nueva York. de Edward Hopper


HOPPER, LA VIDA A DESTELLOS

SABER INTERESAR, ESE DON DIVINO


                                     Recuerdo una clase de Bachillerato en un centro de La Salle al que me invitaron hace unos años para participar en una charla-coloquio con los alumnos. Se trataba de hablarles sobre la vida y obra del arquitecto Antonio Gaudí y contestar a sus preguntas. Pero al verme sola en el aula con los chicos y observar sus expresiones se me ocurrió abandonar la mesa donde me habían situado, coger la silla y llevarla frente a ellos, cara a cara. Por algo ya había lidiado con tres elementos de esas edades y conocía sus mecanismos. 

  Dejé a un lado el orden previsto y empecé a preguntarles directamente, salteando las filas. Si me baso en cómo fueron aumentando a lo largo de la mañana las preguntas y el relato de sus propias experiencias, diría que algo sí logré interesarles por el arte público de la ciudad, edificios y monumentos. Diría. De lo que no tengo duda es de lo mucho que aquel día aprendí de ellos.

  Por ejemplo, descubrir a través de qué vericuetos actuales desconocidos por mí, bastantes de aquellos adolescentes habían llegado a interesarse por el Arte, la Historia y la Literatura.



La Creación de Adán, de Miguel Ángel Buonarrotti, 1511. Arriba, Homer Simpson como modelo.
   


ANDURRIALES ALTERNATIVOS DEL SABER

OSCAR NIEMEYER



                                      El escultor José Mª Subirachs autor de las figuras y puertas de La Pasión de la Sagrada Familia de Barcelona, llegó a las Artes Plásticas debido a la escasez de medios familiares que no le permitieron dedicarse  a  su vocación primera, la Arquitectura (*).
      
   Esa circunstancia no le impidió el interesarse toda su vida por los diversos hallazgos de la arquitectura y el arte en general, siendo un seguidor de las nuevas corrientes que iban surgiendo a través de los más de veinte años en que lo traté, siendo un apartado sobre el que le gustaba conversar. 

   Así supe que la obra civil de Gaudí no le seducía como hábitat: -Una cosa son las imágenes de sus edificios como objetos originales bien estructurados y llenos de imaginación, de hallazgos, pero yo nunca habría podido vivir en un mamotreto como La Pedrera, ni en un lugar con ventanucos como Bellesguard, lleno de escaleras estrechísimas y empinadas, ni en esa penumbra abigarrada y enrejada del Palau Guell -comentó en varias ocasiones-.  Mi ideal de vivienda son los espacios amplios y lineales estilo Bauhaus.

   A pesar de no haber podido cristalizar su vocación levantando edificios o precisamente por ello, cuando yo lo visitaba en la  Sagrada Familia solía referirse a las novedades constructivas de Barcelona y otros lugares, mostrándome fotos y libros explicando lo que él habría hecho de ser el autor y añadiendo ligeros bocetos si la ocasión lo permitía. Así fue como un día me sorprendió con las imágenes de una iglesia cuya originalidad le había impactado, por relacionar sus formas con las columnas inclinadas de la fachada de La Pasión, el espacio donde él intervenía con sus esculturas. Se trataba de la Catedral de Brasilia, que yo desconocía. 

   La obra del arquitecto Oscar Niemeyer acababa de conseguir en 1988 el primer Premio Pritzker otorgado a un arquitecto de Sudamérica, que hoy, junto a Paulo Mendes da Rocha, también brasileño y autor de la capilla de San Pedro en el estado de Sao Paulo, siguen siendo los únicos galardonados de esa parte del continente americano con el conocido como el Nobel de Arquitectura. 



Catedral de la Virgen Nuestra Señora de la Concepción Aparecida, Patrona de Brasil
Vitrales de Marianne Peretti
Ascetismo en el altar y los retablos del interior

Tres imágenes de la catedral de Brasilia y el retrato de Oscar Niemeyer (1907-2012)

ARQUITECTURA...
LO IMPORTANTE ES LA VIDA, LOS AMIGOS... 

UN RECORRIDO POR LA CIRCUNCISIÓN DE JESUS EN EL ARTE




                       ... Cuando se hubieron cumplido los ocho días para circuncidar al Niño, le dieron por nombre Jesús, impuesto por el ángel antes de ser concebido en el seno de María (1). Y José marchó con sigilo a Jerusalén y trajo de allí un hombre sabio, misericordioso y temeroso del Señor, que se llamaba Joel y conocía a fondo las leyes divinas. Y llegó a la gruta, donde encontró al niño. Y al aplicarle el cuchillo no resultó ningún corte en el cuerpo de aquél. Ante este prodigio quedó estupefacto y exclamó: …¡He aquí que la sangre de este niño ha corrido sin incisión alguna!. (2) Y ofrecieron por Él en sacrificio, dos tórtolas y dos pichones (3)

                         ... Tras la circuncisión de Jesús, la matrona de María guardó el prepucio en una jarra de alabastro llena de (aceite de) nardos, que se usaban como conservante, entregándosela a su hijo que era perfumista para que la guardase, encareciéndole que no la vendiera aunque le ofreciesen 300 denarios …. (4)


Uno de los personajes del cuadro mira al pintor, otro permanece ausente, mientras el resto
 está en lo que debe. Aquí, Friedrich Herlin (c. 1425/30 - 1500) cuenta el episodio con un estilismo
propio del Renacimiento más refinado.



¿QUE FUE DEL SANTO PREPUCIO?